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3 de julio de 2014

La cima


Vistas desde La Mussara (Tarragona), 2014


Hace algunos meses empecé a explorar el proceso de Ascenso - entendido como el tránsito opuesto al Descenso al Inframundo-. Al no tratarse de una elección consciente, me costaba imaginar a dónde conduciría este camino; como cada inicio estaba lleno de incógnitas y de expectativas que, paso a paso, se van viendo expuestas y superadas por la realidad. De hecho, es precisamente este punto el que a menudo me permite validar la experiencia como algo más allá de un paseo por mi propia fantasía.
Cuando aprendemos a enlazar nuestros recorridos psíquicos con los físicos solemos encontrarnos con esclarecimientos súbitos, con momentos en los que las cosas por fin parecen encajar. Algo parecido me ocurrió una noche de finales de este junio, cuando sin esperarlo me encontré contemplando tierra y cielo desde el asombroso mirador de la Mussara, un enclave cuyo auténtico misterio me temo que no se encuentra en las historias que se cuentan al respecto.

Del mismo modo que hay muchos aprendizajes en el camino del Descenso, debe haber muchas enseñanzas en el Ascenso. En muchas culturas el ascenso es una vía iniciática que transcurre por medio de los logros, ya sean mundanos (materiales o sociales) o ascéticos, y que lleva a la unión o encuentro con el "Padre", y la identificación con este principio en el punto álgido del camino Sobre Tierra.
La literatura al respecto tiene sentido, y algo de eso  iré desgranando en mi vida y - de paso- en los siguientes posts, pero una cosa es cómo las historias, el relato heredado explícita o implícitamente toma forma en nuestro pensamiento, y otra la forma en que se manifiesta cuando pisamos sobre el terreno.

En algún momento de nuestra historia empezamos a percibir rasgos de humanidad en las divinidades, los dioses y diosas se convirtieron en maestros de las artes y conocimientos legados a la civilización. A cambio, encerramos nuestra percepción de lo divino en esa reducida esfera hasta el punto que si un dios convoca la lluvia es para castigar o premiar a los humanos, sus cosechas y su ganado; como si nada importara más en el universo, como tierras, océanos y criaturas que los pueblan no siguieran ahí, sosteniéndonos al fin y al cabo. Algo parecido sucede con ese antropoteísmo exacerbado que nos lleva a trasladar los rasgos de género que culturalmente asignamos a hombres y mujeres a las divinidades, tal cual, sin pensar en dar un paso más allá hacia la naturaleza íntegra de una divinidad. La montaña (altura) es la contraparte de la sima (profundidad), podemos sexualizar estos elementos pero a menudo es innecesario para trabajar con ellos, o incluso puede convertirse en una distracción.

Si tuviera que concentrar en una palabra lo que este tránsito me ha aportado, sería, sin lugar a dudas, "Perspectiva". Por supuesto, hablar de "perspectiva" desde la cima de una montaña suena a obviedad, pero el caso es que, en ocasiones, las cosas no son precisamente complicadas. Algo que se puede ver la noche del 23 de junio desde el barranco en el que termina lo que queda de la Mussara, son los fuegos artificiales de las celebraciones de San Juan en los pueblos y ciudades que se extienden a los pies de la sierra. Tan impresionantes como se ven cuando estamos a orillas de la playa, la altura de la cima recuerda calmadamente lo que en realidad son: fuegos artificiales, efímero entretenimiento humano que no puede competir y palidece ante la solemnidad rocosa de los montes, o el brillo inigualable de las estrellas. Los gigantes no tienen prisa, aún cuando se la erosión los vaya mermando y la misma oscuridad los devore al final; en comparación nuestras vidas aceleradas son a penas un suspiro, y incluso tal vez la humanidad misma lo sea.

Aunque no sería sensato cambiar la escala humana por la de los montes, las estrellas o los dioses en nuestra vida cotidiana, pero encontrarnos súbitamente expulsados de la burbuja en la que a menudo nos encontramos "demasiado atareados" como para dedicarnos a vivir, sí puede ayudar a repensar algunos aspectos de nuestras vidas y corregir las proporciones que con el tiempo y por inercia hemos ido descuidando. Reconocer qué es "naturaleza sustentadora" y qué "fuego artificial" en nuestro entorno, y en nosotros mismos. A veces simplemente rehuímos detenernos y contemplar, porque sabemos que la toma de conciencia nos empujará a hacer grandes cambios y no tenemos demasiado claro cómo afrontarlos. La naturaleza reencontrada nos impulsa a buscar nuestro ritmo interno, que a menudo retorcemos y forzamos por exigencias ajenas o autoimpuestas. Pero el ascenso supone también llegar a un punto desde el cuál orientarnos, la oportunidad de salir por un momento del bosque en el que estamos inmersos,  ver a dónde lleva el camino que seguimos (o los diferentes caminos a los que tenemos acceso) y hacer elecciones meditadas al respecto.

15 de mayo de 2014

Atenea, la lechuza y la serpiente.

Atenea brandiendo una serpiente de la égida contra un gigante,
Antiguo templo de Atenea en Acropolis, Acropolis Museum, Barbara McManus, 1980


Acabábamos de visitar la exposición "Mediterraneo, del mito a la razón" en Caixa Forum con PFI, y llevaba días pensando en lo infravalorada que está la cultura, especialmente la académica, en nuestros tiempos. En nuestra ruta, volví a pasar por delante de una estatua de Atenea que tenemos en Barcelona, cerca de Montjuïc. Me di cuenta de que para muchos esa imagen maltrecha, capaz sin embargo de inspirar algún respeto, podría representar el academicismo del viejo mundo y la cultura occidental.

La imagen que nos ha llegado de la Atenea se considera a menudo un arquetipo "incompleto", una casi estéril "hija del padre", cuya contraparte simbólicamente asumida es la monstruosa Medusa, a la que ella misma castigó. Aquí Atena es la razón "fría", calculadora, la razón "de estado"; que si bien desdeña la belicosidad y la violencia visceral de Ares, no tiene remilgos en otorgar  poder al más astuto, lo cual - comprobado está- no es precisamente sinónimo de hacer un mundo más justo o siquiera más habitable. Del otro lado observa Medusa, Górgona con cabellera de serpientes, la capacidad no expresada o el poder censurado, que sólo se desata con ferocidad destructora. 
Parece que la solución moderna al aparente conflicto entre ambos modelos ha sido optar por una exaltación del rol de Medusa (o de cualquier sombra) hiperemocional y fuera de control, cómo si este arquetipo no estuviera, a su vez, tan incompleto y cegado como el de la Atena hiperracional, como si la Górgona monstruosa no fuera, a su vez, hija de la misma herida original. Cuando hablamos de arquetipos, recordemos, podemos referirnos tanto a un individuo como a una cultura o sociedad.

Escribí hace poco acerca de la necesidad, para el buscador, de realizar ambos caminos; el que desciende hacia el Inframundo y el que asciende hacia las Alturas. No basta con descender a la búsqueda de nuestra sombra, hay que ser capaz de incorporar a nuestro mundo lo que hayamos aprendido en este viaje. Esto, a su vez, nos pondrá en camino de una nueva búsqueda sobre tierra y hacia las alturas, pues es dudoso que haya existido una cultura capaz de desdeñar a los cielos.
A menudo los animales asociados a los Dioses y Diosas constituyen una fuente icongráfica de información adicional sobre sus funciones. En el caso de Atenea encontramos dos animales clave, la lechuza y la serpiente; ambos símbolos femeninos y de sabiduría ambos; una del cielo, y la otra de la tierra. Y es este vínculo con la noche y la tierra, con lo oculto e íntimo, el que se ha perdido en la imagen blanca e irreal que creamos para representar la antigüedad clásica (irreal, porque, para empezar, las estatuas mismas estuvieron originalmente policromadas y no precisamente de forma discreta).

Como esas casas llenas de estantes con libros que nadie ha leído ni leerá jamás, la familiaridad con el academicismo es algo que parece mencionarse más a menudo con la finalidad de mejorar las apariencias, que disfrutarse como una auténtica vía de crecimiento personal...  Creo que hubo un tiempo en el que el academicismo representó la esperanza de encontrar soluciones a los problemas que aquejaban al mundo, una voluntad de superación, de crecimiento conjunto de la humanidad. Y aunque los errores cometidos en este camino son practicamente incontables, aún hay herramientas que deberían rescatarse como aportaciones al bien común, y que incluso podrían resultar útiles a la hora de traer nuestras potencialidades pendientes a la luz.

Por poner un ejemplo, durante los primeros años de la licenciatura en historia nos enseñaron los "trucos" del oficio, aquellas trampas - sesgos de información, omisiones, reinterpretaciones,...-, faltas a la verdad que algo más tarde veríamos cometer a más de un profesor en la misma facultad, y de formas aún más descaradas fuera de ella. En un mundo narrado por los medios de comunicación, encargados de ponernos en escena y dictar los papeles que cada uno de nosotros deberá ocupar en ella, esta situación se dispara. Vivimos en una sociedad hábilmente dirigida por expertos en manipulación emocional, y lo único que podemos hacer al respecto es mantenernos sereno, y tratar de acostumbrar la vista a los hilos con los que pretenden irnos conduciendo. En una situación como la descrita, la capacidades como la observación "objetiva", el análisis, la contrargumentación, etc. debería ayudarnos a conservar cosas tan importantes como nuestra libertad personal y favorecer una correcta gestión de nuestras emociones.

Será necesario recuperar, tal vez, la Atena que enseña las artes y los oficios, benefectora de la humanidad que - en algunas versiones- incluso da el fuego a los mortales. Los ojos de la lechuza son penetrantes, y dirigen su atención calma más allá de lo aparente, sin temor a adentrarse en el mundo de las sombras propias o ajenas. La serpiente, a su vez, además de conocer los reinos ocultos y sus tesoros, es símbolo de la conexión con la tierra, con los ciclos de la naturaleza (los procesos de crecimiento, pero también de caducidad, muerte, desprendimiento y renovación) a cuya influencia nosotros mismos estamos sometidos. La lechuza y la serpiente no nos hablan de la técnica o el razonamiento ciegos o estériles, sino de la sabiduría necesaria para completar el ciclo que unifica los tres mundos; los cielos, la tierra y el inframundo, o tres partes de nuestro ser que solemos trabajar por separado. De este modo el análisis, no sólo capaz de detectar las trampas sino también de desactivarlas, se convierte en discernimiento y la búsqueda de conocimiento deviene un acto desinteresado por el bien común, cuya culminación no es otrs que reintegrar los tesoros obtenidos en cada viaje en el mundo medio, y quedar vacíos para volver a empezar.

Los bienes culturales, tangibles o intangibles, incluyendo por supuesto aquellos que proceden del ámbito académico, forman parte de nuestra herencia, guardan la memoria tanto de nuestros contemporáneos como de aquellos que vivieron antes que nosotros, de sus propuestas para entender este mundo, de sus errores y sus aciertos. El modo en como recibimos y tratamos esta herencia es también la manera en la que dialogamos con nuestro pasado, pero también con el mundo que nos rodea. No podemos abordarlos dejando de lado por completo de lado nuestras emociones, pero tampoco podemos hacerlo dejando de lado nuestras capacidades intelectivas para gestionarlas.
Del mismo modo que sucede cuando nos reencontramos con la naturaleza (la propia, o la que nos rodea), no siempre es sencillo abrir los ojos a un mundo que, precisamente por estar a nuestro alcance, no ha obtenido toda la atención que merecía. Así como la naturaleza debe vivirse y comprenderse desde la experiencia, también la cultura (tanto en la vertiende de investigación, cómo en el arte) debe ser en algún momento rescatada del mundo de las apariencias para volverse a descubrir de primera mano y de forma vivencial, implicándonos con ella. Cuando lo hacemos, hallamos la combinación que abre la puerta a una nueva forma de vivir en este mundo y relacionarnos con sus habitantes presentes, pasados o incluso futuros.

5 de marzo de 2014

Lejos puede ser aquí mismo




Lejos puede ser aquí mismo, en el silencio. No en el silencio entendido como la ausencia completa de sonido, sino el silencio respetuoso de las palabras que enmudecen para mezclarse con el sonido del viento entre las hojas, para perderse en la textura rugosa del tronco y seguir los senderos ascendentes de las ramas, para sonreír en el verde de las yemas que asoman tempranas para saludar al sol de Primavera.
El silencio es, a veces, tiempo necesario para sumergirse de nuevo en el mundo y descubrirlo todo de nuevo, y recuperar el asombro y el agradecimiento. El silencio es, en ocasiones, una soledad compartida, un abrazo de punta a punta de la distancia, que nos une en lo más íntimo bajo un mismo cielo estrellado; porque en el fondo, en la raíz, somos lo mismo y nos buscamos al crecer siguiendo los caminos del viento.

Hace un puñado de meses empecé a acercarme a los árboles, algo que posiblemente no hacía con seriedad desde niña, cuando estas cosas resultaban mucho más sencillas. Creo que todo empezó a hacerse evidente con un joven almendro, en una esquina por lo demás anodina, del Distrito Federal. La vuelta al Mediterráneo no fue precisamente un acontecimiento alegre, y durante algún tiempo lo único que sabía hacer para acallar la desesperación era caminar y observar en silencio la naturaleza y sus colosales dimensiones envolviéndome como una mortaja, de la que meses después emergiría una nueva persona, aunque siguiera siendo "yo". 
Los veía y me veían, a su manera, los árboles. A fuerza de pasar repetidamente por algunos caminos, terminamos por saludarnos. No les he puesto nombres, pero cada uno de ellos es diferente a otro, cada uno tiene una voz única y silenciosa. Sólo con su presencia, algunos han logrado transformar mi visión sobre algunas cosas. El Granado que asoma en los límites de un campo cercano, que es como una anciana de dedos nudosos y cabellera enredada ofreciendo su fruto aunque nadie lo tome, más que los pájaros y los gusanos, y espera a reverdecer por más que  la impaciencia de los almendros y las mimosas haya ya florecido. Estos almendros y estas mimosas que insisten en sacar sus flores al sol, por más que haga a penas un puñado de días que una poda irreflexiva convirtiera sus ramas en recortados muñones, y a pesar de las heridas florecen, tercos, porque no se puede detener el impulso de su savia al despertar...

Entre todos,  uno me acogió con cierta condescendencia  bajo su majestuosa sombra. Al principio  nada fuera de lo común, a penas un breve saludo al pasar; pero con el paso de las semanas y meses, un día te das cuenta de que aquello es un amigo del que dolerá despedirse. Debo ya mucho al Roble de la encrucijada, entre otras cosas la evidencia de que el ritmo que traía conmigo no servía en aquella esfera y el ver elevarse como una ola sobre mí el miedo a perder los hilos de las mil cosas que intento manejar día con día; los proyectos, los compromisos, las expectativas, etc. Lógicamente a su entender en realidad esas cosas no importan demasiado. No me queda más remedio que admitir que tiene razón... Que a menudo las palabras, las mismas ideas, son como hojas que se secan, y que el viento pone a nuestros pies para nutrir las esperanzas y proyectos de un nuevo reverdecer.
Pero a veces necesito también abrazar, aunque sea con los ojos, las dimensiones gigantescas de una presencia que me recuerda las raíces y las ramas de mi propio ser, aquello de donde vengo, aquello hacia lo que crezco, en un impulso desde lo más profundo... Aquello que constituye la evolución de la semilla que yo misma soy. Y necesito acogerme en la protección de una paciencia infinita como la suya, y permanecer lejos, aunque esté aquí mismo, y reencontrar el sentido de las cosas. A veces necesito de esta soledad, que es en realidad la compañía de las cosas sutiles; el cultivo de una serie de delicados vínculos que me unen al mundo, de caminos que recorro en silencio, de historias que en ocasiones resultan difíciles de traducir.


21 de febrero de 2014

La otra mitad


Recuerdo hace ya muchos años, la letra manuscrita de alguien que me escribía en una carta "soy hijo de dos mundos enfrentados, ambos me dan algo y ambos se llevan algo de mí". Una y otra vez vuelvo a esa frase que muchas veces he sentido como propia, y que creo que es una constante en la vida de aquellos función consiste precisamente en mediar o establecer puentes entre mundos, muchas veces opuestos y de vez en cuando, incluso en guerra. Puede que sea el reflejo de una división propia, o tal vez que, en algun momento, asumimos en nosotros esos dos mundos externos con la esperanza de poder trabajar en su reconciliación.

Hace ya algunos años la necesidad me llevó a esquematizar el Trabajo con Cuaderno, elaborando algunos esquemas y explicaciones sencillas que pusieran en orden parte conocimiento acumulado en el camino recorrido, y me ayudaran a hacerlo más práctico. Hablamos de trabajo por objetivos y, más allá de éste, de trabajo con propósito. El año pasado me permitió poner parte de esto en circulación, por si acaso resultaba útil a otros,  a través de Ouróboros ABC y el Seminario Pagano. Así terminó otra etapa de mi propio aprendizaje, y de nuevo se hizo la Oscuridad, en la que entendí que durante todo este recorrido, la otra mitad del conocimento ha permanecido más escondida que olvidada.

Me refiero al conocimiento que no requiere de explicaciones. Sientes una necesidad, como una llamada, sales a la calle y respiras profundo para que el aire del momento pueda despertar la parte de tí que tiene que ponerse en acción, aparece entonces en la mente a través de sensaciones aquello que necesitas, y lo que hay que hacer. Aquí no caben las listas de correspondencias, ni los procedimientos, ni las herramientas... Y especialmente, en mi caso, no hay sitio para los nombres, y cada vez menos para la imaginería. Pero sales a fuera cómo si te hubieran dado unas ganas terribles de bailar (sí, es un eufemismo horrible), y pudieras bailar cómo si nadie te estuviera viendo, o te diera igual. El mundo es otro, otros los caminos que recorres, como si las realidades estuvieran simplemente superpuestas y pudieras ver más de lo que normalmente se ve, no necesariamente con los ojos. Y cuando todo ha pasado, vuelves a casa cansada, dejando atrás a veces hasta el recuerdo de lo ocurrido, pero con una satisfacción inconfundible...

En esto pensaba cuando leía el título de la página de Jean Luc Colnot, "Magick instinct". Como un instinto ni se aprende ni se enseña, se atiende o se reprime, aceptando las consecuencias. Tras el sueño de un largo invierno es momento de despertar, y cada vez resulta más difícil ignorar algo que se remueve por dentro cada vez que trato de hacer como que no existe. Pero despertar no es siempre fácil, ni mucho menos agradable, y esta parte de mí, a veces demasiado sincera, no es precisamente fácil de tratar.

28 de enero de 2014

Los cisnes de Sibelius


"A las once menos diez de esta mañana vi dieciséis cisnes, una de las más increíbles experiencias de mi vida. ¡Oh Dios, qué belleza!, volaron sobre mí dando vueltas por un largo tiempo y desaparecieron en la bruma solar como una cinta reluciente y plateada. (...)
Los cisnes están siempre en mis pensamientos y dan esplendor a mi vida. Es raro pensar que nada en el mundo, ni el arte, la literatura, o la música, me afecta como las grullas, los cisnes, y los gansos salvajes, sus cantos y su mismo ser. Este es el hilo que atraviesa mi vida.".
Jean Sibelius (diario), abril de 1915

A veces las respuestas llegan en momentos insospechados, y entonces no nos lleva más de un instante comprender que todo lo que estábamos sosteniendo en nuestras manos hasta hace a penas un segundo ha perdido su importancia, y queremos soltarlo e ir ligeros allí donde quiera que el viejo llamado nos lleve. Muchas veces esas experiencias nos acontecen después de un cierto periodo de agotamiento y desazón; sin esperarlo ya, algo enciende de nuevo nuestra alegría y el camino vuelve a tener un sentido y dirección claros para nosotros. Y con una nueva visión sobre el mundo del que formamos parte, decidimos cambiar de lugar algunas piezas sobre el tablero. Tiempo de cambios, que no llegan por azar.

En ocasiones la decepción y el hartazgo que puede provocar el trato con personas tóxicas puede llegar a desgastarnos hasta cubrir nuestra mirada con un sutil velo gris, como si no hubiera nada más allá de esos pequeños infiernos cotidianos encerrados sobre sí mismos, llenándose de neblumo. 
Pero un día, simplemente porque ya tocaba, sales del drama de turno y vuelves a tí por esos senderos del bosque que pocos conocen, o te encuentras con un grupo de gente que aún puede detenerse a contemplar la belleza del vuelo de las aves sobre el pantano en una tarde tranquila o disfrutar de una conversación, y te das cuenta de los motivos por los que estás allí y no en cualquier otro lugar, con otro tipo de personas, haciendo otras cosas.

Hace a penas un año que llegué a Barcelona, tras pasar casi cinco años al otro lado del Atlántico, tocaba entonces empezar de cero. En estos meses he llevado a cabo proyectos personales y grupales e incluso he colaborado en la creación de un programa de radio que a pesar de mi timidez, me encanta hacer. Pero lo cierto es que siempre necesitaré algo más para ser auténticamente feliz: La certeza de la libertad para tomar los caminos que tengan sentido para mí, y la capacidad de empezar prácticamente de cero una y mil veces, no sólo por necesidad, sino también (y sobretodo) por gusto.

Lo imprescindible es realmente poco. Y esa es la idea que tengo de pureza, de integridad, poder mantenerse en lo que realmente importa, y no dejarse confundir por ese humo tóxico que fácilmente hurta a las palabras su sentido, descarrila intenciones y hace que las acciones pierdan el alma que debería ennoblecerlas, convirtiéndolas en meros sucesos mecánicos.

El tema de los cisnes de la Quinta Sinfonía de Sibelius me parece una de las cosas más hermosas que he escuchado en la vida... Escuchándolo revivo la maravilla que se experimenta ante la Naturaleza salvaje cuando podemos contemplarla desde la más absoluta reverencia, recordándonos el poder de lo esencial e incluso despertándolo como un eco en nosotros. Otros muchos, con otros nombres, en otras épocas, en otros lugares, desde muy distintas tradiciones, han recorrido la misma senda que ahora recorremos nosotros. Un camino al que no se le hace ningún favor tratando de etiquetar... Ya nos reconocemos cuando nos miramos a los ojos, o en algún gesto sutil que, por supuesto, no requiere ser pactado de antemano.


22 de septiembre de 2013

Seminario Pagano Ouróboros




Aunque en la actualidad la oferta de talleres y cursos dedicados a técnicas de “crecimiento personal” es muy amplia, a menudo ese tipo de prácticas quedan como una experiencia aislada que carece de una continuidad que permita evaluar la efectividad de los conocimientos recibidos. A partir de esta observación, buscando una alternativa que pudiera funcionar con un grupo de personas procedentes de diversas tradiciones, se ideó el Seminario Pagano que dará inicio en Barcelona el próximo mes de octubre.

En el Seminario Pagano Ouróboros vamos a presentar modelos y técnicas para el desarrollo personal y la consecución de objetivos vinculados a la tradición pagana. Siempre han existido multitud de ramas dentro del paganismo, pero más allá de las particularidades de cada uno de estos senderos existe un fondo común: La relación con la Naturaleza como fuente de vida y conocimiento.  Por esto, el hilo conductor del taller será el viaje de la semilla desde las profundidades a la superficie y su regreso,  el ciclo que discurre Sobre/Bajo tierra. A lo largo de nuestro recorrido, sin embargo, procuraremos no perder de vista los vínculos que el paganismo moderno tiene con otras tradiciones y escuelas de conocimiento (tales como Hermetismo, las tradiciones orientales, la magia ceremonial o incluso la New Age).

Todo el saber acumulado procedente de estos intentos de comprender el universo y el papel que jugamos en él confluye en nuestro presente y resulta muy valioso a la hora de construir la vida que deseamos vivir. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría en otras épocas, en la nuestra recibimos mucha información, de hecho se nos “bombardea” con ella, y no siempre tenemos tiempo de filtrarla o digerirla. Cualquier aprendizaje teórico no es sino una preparación para la experiencia, que es el paso que se omite con mayor frecuencia provocando resultados escasos y confusión. En el Seminario queremos recuperar la experiencia (individual y grupal) como fuente de conocimiento, y fomentar la comunicación como una forma de relacionarnos de manera constructiva con nuestras comunidades dentro y fuera del paganismo.

Aunque existen sistemas de aprendizaje completos y  bien estructurados dentro de algunas tradiciones, en la mayoría de ocasiones el pagano inicia sus estudios y prácticas en solitario, tomando información de diversas fuentes y desarrollando aisladamente una práctica irregular. En el plano teórico, lo que vamos a ver en el Seminario son una serie de modelos generales en los que sea posible ordenar la información que ya tenemos -y la que esté por venir-, para que sea mejor aprovechada. Así mismo, fomentaremos el diálogo entre tradiciones, pero también la capacidad crítica que permita detectar y enfrentar adecuadamente abusos y fraudes.

En el plano práctico revisaremos un conjunto de ejercicios y técnicas (relajación, visualización, respiraciones, pathworking, trabajo con sigil, trabajo ritual…) y presentaremos algunos métodos tanto para enfocar nuestros esfuerzos a la consecución de objetivos, como para beneficiarnos con el aprendizaje derivado de nuestros propios deseos, objetivos, esfuerzos, procesos y resultados. 

Para más información visita nuestro site:
http://seminariopagano.paganfederation.org/


Organizado por:

OuroborosPFI España
  

27 de mayo de 2013

Amor y lucidez





Hace unos días en un blog en el que se habla acerca de alimentación surgió un debate acerca de si era seguro o no usar el microondas en la cocina. Una persona nos advirtió que era muy peligroso, y pasó un enlace sobre un experimento en el que se comparaba durante diez días una planta regada con agua que había pasado por el microondas, y otra que no.  Al final, la primera planta había muerto. Como la cosa sonaba alarmista, y no había referencias en el documento, una respuesta cordial era ofrecernos a hacerlo nosotros mismos y ver lo que sucedía. Entonces la persona que nos había escrito pidió que no lo hiciéramos, y que borráramos su comentario, porque siguiendo el principio de ahimsa (no-violencia) e invocando al amor, no quería ser la causa de ningún daño a la planta.
Creo sinceramente que el comentarista tenía la mejor de las intenciones, y los comentarios se ocultaron; pero quedó la curiosidad y en un par de búsquedas rápidas por la red pude comprobar que el mito del agua-de-microondas-asesina-de-plantas había sido desmontado por la vía empírica y explicado en Snopes.com hace un año. Ninguna planta fue dañada durante el experimento de comprobación, por cierto.

Obviamente no estoy escribiendo aquí para defender el uso de un electrodoméstico, sino porque la anécdota que acabo de explicar es una muestra de lo que sucede con relativa frecuencia con las buenas intenciones y los senderos espirituales o de desarrollo personal. El principio de la no-violencia parece tener como objetivo evitar el sufrimiento innecesario, pero a veces el árbol nos impide ver el bosque. Alguien que no quería dañar una sola planta, no tiene reparo alguno en difundir una información falsa que genera un efecto de alarma en aquellos que la leen y que contribuye a las sensaciones de  malestar, desconfianza e impotencia del colectivo.  ¿Qué efecto que puede tener en una persona comer algo que le han dicho que puede ser peligroso para su salud? ¿Cuál será el nivel de culpa que podemos infundir en una madre a la que no le queda más remedio que calentar la comida de sus hijos en el aparato que le hemos advertido que puede dañarlos?  Hacer esto de manera completamente inconsciente, sin haberse detenido siquiera a comprobar la información que estamos esparciendo, ¿no es acaso un acto de violencia innecesaria sobre nuestros congéneres?

Para poder seguir el principio de la no-violencia se necesita ser capaces de discernir. Resulta fácil elegir entre lo beneficioso y lo dañino; lo difícil es, entre dos males, escoger que cause menor perjuicio. Tomar acción, y asumir las consecuencias. Si un principio espiritual nos está inmovilizando o estancando en algún punto, hay una falta de comprensión. Por ignorancia, vertemos el daño sobre nosotros mismos, y perjudicamos a aquellos que están en relación con nosotros. La vida es un fluir constante y para estar bien fluimos con ella.
Existe un apego terrible que se disfraza de virtud cuando nos negamos a quedar en deuda con el resto de los seres vivos a los que estamos vinculados, significa que de algún modo tenemos miedo a aportar nuestra parte en el juego, a entregarnos a aquello que es mayor que nosotros. Querer ponerse a uno mismo por encima del resto de seres y "perdonarles la vida", no es sino un signo de ignorancia y soberbia. Ni siquiera es por este camino por el que se renuncia al mundo. Hay una gran diferencia entre evitar sufrimiento innecesario y adoptar esta actitud tan dañina, olvidando que nuestros cuerpos también serán cadáveres algún día.

Por esto siempre me han gustado las palabras de Khalil Gibran:
Ojalá pudieras vivir bastado con la fragrancia de la tierra, y como una planta sustentarte por la luz.

Pero ya que tienes que matar para comer, y robar a los jóvenes la leche de la madre para saciar tu sed, entonces haz de esto un acto de adoración, y que tu mesa sea un altar en el cual los puros y los inocentes del bosque y campo son sacrificados por aquello que es más puro y más inocente dentro de muchos.

Cuando matas a un animal, dile en tu corazón,

«El mismo poder que te mata, me matará a mí; y así mismo seré consumido.
Porque la ley que te entrega a mi mano, me entregará a mí en la mano de otro más poderoso.

Tu sangre y mi sangre no son sino la savia que alimenta el árbol del cielo».

Y cuando aplastates una manzana con los dientes, dile en tu corazón,

«Tus semillas vivirán en mi cuerpo,
Y los capullos de tu mañana florecerán en mi corazón,
Y tu fragrancia será mi aliento,
Y juntos nos regocijaremos por todas las estaciones».

Tomamos de la Tierra y el Cielo nuestro alimento, nuestra bebida y nuestro aliento. Es verdad que podemos restringir nuestro consumo, eliminar de nuestra ingesta todo cuanto no nos es estrictamente necesario para vivir y desarrollar nuestras funciones, pero esto por sí solo no nos liberará de la deuda principal. En vez de pensar en cómo evitar la acumulación de deuda, podríamos pensar en cómo agradecer todo aquello que nos ha sido entregado, qué es lo que nos toca hacer a nosotros a cambio. Si el mundo entero se entrega de esta manera dramática para que nuestra vida siga un día tras otro en las condiciones que conocemos, lo mínimo que podemos hacer es procurar que esa vida valga la pena, que haya en ella cierta entrega al universo que la sustenta.

Posiblemente el amor sea el único camino, pero el amor en el sentido trascendente del término. Avanzamos en él, hacia él y nos romperemos y volveremos a construir mil veces antes de comprender un ápice de lo que en realidad sucede. No es el amor que podemos sentir por una persona, o un camino, o una deidad concretos; ni tampoco es un amor al que la voluntad pueda poner condición alguna. Este amor ha habitado en la suavidad de un pétalo de flor de almendro; pero ha permanecido, inalterable, mientras la tierra se bañaba en sangre. No es que deba dirigir la vida de la humanidad, es que la humanidad no puede escapar de él.

En el mundo de los hombres, este gran amor es el misterio último que late en el centro silencioso de cada cosa manifiesta. Pero el reino de las formas, en el que habitamos, tiene sus propias características. Para movernos por él necesitamos, además de buenas intenciones y benevolencia, capacidad de comprensión, discernimiento y voluntad de entrega. Necesitamos poner en uso la herramienta del intelecto, comprender cómo funcionan las cosas para poder restablecer el orden cuando se haya alterado o arreglar aquello que se haya estropeado. En su dimensión humana, el amor requiere de lucidez para no equivocar las metas (nutrir, proteger, reparar), de lo contrario sólo conduce a la confusión y a la desgracia propias y ajenas.

6 de agosto de 2012

El Lince

ACAJÚ, Cachorro de lince ibérico, 2012

Los linces son un género de mamíferos carnívoros de los felinos, entre los que se distinguen cuatro especies, todas habitantes del hemisferio norte: Lince rojo (Lynx rufus), lince de canadá (Lynx canadensis), lince euroasiático (Lynx lynx) y el lince ibérico (Lynx pardinus). El llamado lince africano (Caracal caracal), que habita en África y gran parte de Asia Central y Occidental, es un felino que guarda algunas semejanzas externas fruto de la convergencia evolutiva, como son su cola corta, sus orejas terminadas en largos pelos negros y los mechones de las mejillas, pero que no está emparentado con el género Lynx.

El lince rojo (Lynx rufus)

Len Blumin, Bobcat, 2004
El lince rojo está ampliamente distribuido por Noerteamérica; desde el sur de Canadá hasta el sur de México, y desde la costa atlántica hasta la pacífica. Se encuentra en una gran variedad de hábitats, desde bosques boreales hasta zonas semidesérticas, y prefiere refugiarse en zonas de vegetación densa, grutas y otras zonas cubiertas.
Puede alcanzar los 60 cm de altura y llegar a pesar 18 kg. La coloración del pelaje va del gris al marrón, con orejas negras en cuyos extremos se observa el característico “pincel” negro de los linces, además el lince rojo tiene unas franjas negras distintivas en las patas delanteras, y la punta de la cola negra.
Al igual que otros linces, el lince rojo es principalmente solitario y territorial. Los individuos de diferente sexo solapan sus respectivas áreas y se toleran entre sí, cosa que no ocurre con los de su mismo género. La época de apareamiento es entre febrero y marzo y el periodo de gestación es de aproximadamente dos meses. Los cachorros acompañan a la madre aproximadamente hasta los nueve meses de edad, momento en que se dispersan en busca de su propio territorio.
A pesar de preferir alimentarse de conejos y liebres, el lince rojo caza desde pequeños roedores o aves, hasta ciervos, y ocasionalmente puede comportarse como carroñero.

El lince canadiense (Lynx canadensis)

Erwin and Peggy Bauer, Lynx stalking its prey, 2010
El lince canadiense, habita la taiga de Canadá y Alaska, aunque también se encuentra en algunas zonas boscosas del norte de EEUU.  Es una de las especies más grandes de lince. Se caracteriza por su pelaje pardo claro y largo, normalmente no presenta manchas o las tienen en muy poca cantidad, principalmente en las patas. Como otros linces suele alimentarse de pequeños mamíferos o aves, especialmente de liebres, y sólo ocasionalmente ciervos y caribúes.  Las hembras paren de 1 a 5 cachorros en primavera. A pesar de que la especie no se considera en peligro de extinción, el lince canadiense ha desaparecido de algunos territorios debido a la destrucción de su hábitat o de la caza por su piel.

El lince boreal o euroasiático (Lynx lynx)

Andreas Tille, Lynx in Numedal Zoo, 2003
El área de distribución original de esta especie abarca gran parte de Europa (donde se ha reducido considerablemente debido a la acción humana) y Asia.  Se trata de una especie predominantemente forestal, aunque también puede vivir en praderas y pastos de montaña e incluso en la tundra siberiana.
Es el lince de mayor tamaño. El pelaje varía entre pardo rojizo y amarillento, tornándose grisáceo y mucho más largo en invierno. El patrón de manchas varía de unas regiones a otras, incluso dentro de una misma subespecie. Por lo general, las poblaciones situadas más al norte y en hábitats más despejados presentan una menor concentración de manchas, que aumenta en los individuos que viven en bosques más densos, en el sur de su área de distribución. En la cara se observan manchas, marcas y líneas, también negras, como la punta de la cola.

Como sucede con el lince rojo, los territorios de individuos de diferente sexo se solapan. Dentro del territorio de cada macho suele existir el territorio - más pequeño- de una hembra, con la que se aparea con mayor frecuencia. Cuando la hembra tiene crías, el macho, no participa en su cuidado y suele evitar las áreas más frecuentadas por ésta y sus cachorros, no obstante, sigue defendiendo los límites de su territorio, por lo que durante esta época la hembra queda a salvo de disputas por el territorio o la comida, centrándose en sacar adelante a la camada.
La época de apareamiento tiene lugar entre enero y marzo. Durante dos días dentro de este periodo, macho y hembra se reúnen y viven, cazan, comen y duermen juntos. Lo habitual es que las hembras lo hagan una sola vez al año. Los machos, por el contrario, buscan otras hembras, apareándose varias veces durante la época de cría.

El periodo de gestación es de aproximadamente dos meses, la hembra da a luz normalmente de 1 a 5 crías diminutas, aunque pueden darse partos mucho más numerosos. Al cumplir un año los jóvenes linces inician su vida en solitario. Las hembras permanecen en áreas cercanas a las de la madre, mientras que los machos viajan largas distancias para encontrar su propio territorio.
Al contrario que otros linces, el euroasiático basa su dieta en la captura de ungulados, generalmente jóvenes, como ciervos, muflones, rebecos, cabras salvajes o renos. Los individuos jóvenes y los que habitan en zonas más escasas en ungulados consumen con mayor frecuencia pequeños mamíferos, aves e incluso otros carnívoros de menor tamaño.

El lince ibérico (Lynx pardinus)

ACAJÚ, Lince ibérico cazando, 2012
El lince ibérico es una especie de lince endémica de la Península Ibérica, y el felino más amenazado del mundo.  Es un lince de pequeño tamaño, que pesa aproximadamente la mitad que el lince boreal o euroasiático. Los machos adultos pesan un promedio de 12,8 kg y las hembras sobre 9,3 kg, llegando a pesar los machos hasta 20 kg.  La coloración del pelaje varía de pardo a grisáceo con los flancos moteados de negro, la cola también termina en negro. son características las orejas puntiagudas terminadas en pelos negros rígidos, y las patillas que cuelgan de sus mejillas.

El lince ibérico se encuentra en el bosque y matorral mediterráneo, en zonas muy restringidas de la península ibérica, que le proporcionan refugio y pastos abiertos para cazar. En España en muy pocas áreas, bien conservadas y aisladas de la actividad humana, mientras que en Portugal parece que se ha extinguido.  El tamaño del territorio ocupa unos 10 km². En zonas ricas en alimento, el territorio del lince será algo menor que en zonas pobres. El lince está generalmente ausente en las tierras de cultivo y en plantaciones de árboles exóticos (eucalipto y ciertos pinos), donde también escasean los conejos.

En la mayoría de los casos, el lince ibérico vive de manera solitaria y nómada, mostrándose más sociable en la época de celo. Es un ágil cazador que se aproxima sigilosamente a la presa y salta sobre ella con rapidez. Menos frecuentemente espera oculto a que pase cerca una pieza. Los linces jóvenes son básicamente crepusculares y diurnos, con un aumento de su actividad nocturna después de su primer año de vida. Durante el invierno, los linces pueden tener actividad durante las 24 horas del día, contrastando con sus hábitos casi estrictamente nocturnos en verano.
El lince ibérico es el único carnívoro considerado como especialista en conejos. Esta especie le aporta del 80 al 90% de su alimentación. También consume aves, especialmente patos, pequeños mamíferos y ungulados.

ACAJÚ, Pareja de linces ibéricos, 2012
La época del celo comienza entre enero y febrero. A pesar de ser un animal de hábitos solitarios, en esta época del año el lince ibérico suele permanecer con su pareja. La gestación dura de  aproximadamente dos meses o dos meses y medio. Las camadas suelen constar de una a cuatro crías, siendo lo más habitual dos cachorros. Los cachorros se independizan en un período de 7 a 12 meses (más o menos cuando la hembra entra de nuevo en celo) y permanecen en su territorio natal hasta los 20 meses. Suelen sobrevivir a la independencia entre uno y dos linces por hembra.
Las hembras pueden criar en su primer invierno, pero es posible que una hembra no se reproduzca hasta transcurridos cinco años de edad, y solamente cuando su madre muera y adquiera un territorio se reproducirá (lo que no favorece la repoblación del lince).

El lince ibérico fue declarado especie en peligro en 1986 por el centro de seguimiento de la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Este estatus se mantuvo en las revisiones periódicas de este organismo hasta 2002 en que se cambió a una categoría de mayor amenaza En Peligro Crítico.
ACAJÚ, Madre lince con su camada, sf.
Las principales amenazas sobre la especie son los atropellos con vehículos de motor, la caza furtiva, la instalación de cepos y lazos dirigidos a otras especies, el envenenamiento y la reducción de las poblaciones de conejo debidas a la sobreexplotación del estrato herbáceo que conlleva la ganadería intensiva, además de otros problemas comunes a muchas especies que provocan la pérdida de hábitat, como los incendios forestales, la urbanización del medio natural y las reforestaciones inadecuadas con especies de crecimiento rápido -pino y eucalipto- que son incompatibles con el desarrollo del matorral. Otro factor que dificulta la viabilidad de esta especie es la fragmentación de su área de distribución por construcción de infraestructuras, lo que provoca que las poblaciones se separen hasta llegar a estar totalmente incomunicadas, lo que impide el intercambio genético entre poblaciones.

Ante la situación crítica del lince ibérico, desde hace años se desarrolla un programa de cría en cautividad, cuya finalidad es proporcionar un número suficiente de individuos para salvaguardar la especie dela extinción y ayudar a restaurarla en la naturaleza. Los objetivos del programa son establecer una población de lince ibérico viable desde el punto de vista sanitario, genético y demográfico, y, por otro lado, preparar a los ejemplares de lince ibérico para su reintroducción en áreas de distribución histórica. La reintroducción del lince ibérico en el área de distribución histórica es imprescindible para garantizar la recuperación de la especie a medio-largo plazo. Con la conservación del lince ibérico se está contribuyendo a conservar uno el ecosistema del monte mediterráneo, que da cobijo a otras especies en peligro de extinción.
En la página Lynxexsitu se puede seguir en detalle el desarrollo de este programa, que además ofrece un sistema de voluntariado para biólogos, veterinarios, licenciados en ciencias ambientales y otras titulaciones relacionadas con la conservación de especies. Otro proyecto importante para la conservación del lince ibérico es el Life-lince, que también presenta informes sobre su desarrollo y admite voluntariado.


EL LINCE EN LA MITOLOGÍA

A pesar de la amplia distribución con la que cuenta, el papel del lince en la mitología parece ser discreto. En la mitología Nativa Americana el lince se asocia al coyote en términos de dualidad. Lince y Coyote se vinculan respectivamente a la niebla y al viento, elementos opuestos en el folklore nativo. Esta dualidad básica, con muchas variaciones, se encuentra en las culturas nativas de Norte América, con paralelismos en Sur América.  Una versión, que aparece por ejemplo entre los Nez Perce muestra a Lince y Coyote como seres opuestos, antítesis el uno del otro. Sin embargo, otra versión los muestra idénticos. Claude Lévi-Strauss arguyó que los gemelos que representan conceptos opuestos es inerente en las mitologías del Nuevo Mundo, pero la dualidad simétrica es propia de las culturas del Viejo Mundo. Adicionalmente, la versión que se encuentra entre los Nez Perce es mucho más compleja, mientras que la versión que muestra a lince y coyote como equivalentes parece haber perdido el sentido original de la historia.

Según la mitología griega, los linces descendían de Linco. La diosa Deméter, en agradecimiento por la información que sobre el paradero de su hija le había dado había aportado,  entregó a Triptólemo el grano del trigo y lo instruyó en su cultivo. A su vez, Triptólemo confirió a Linco, rey escita, el privilegio de ser el primer hombre en conocer los secretos de la agricultura. Sin embargo, Linco se negó a transmitir a los demás hombres el conocimiento que le había sido legado e incluso trató de matar a Triptólemo, por lo que fue convertido en una bestia por la diosa Démeter y condenado a vivir en los bosques.

En la mitología griega otros personajes llevan el lince en sus nombres, si bien no se menciona directamente una metamorfosis o un vínculo con este animal. Un ejemplo es el episodio de las Danaides. A causa de una disputa con su hermano Egipto, Dánao se exilió junto con sus hijas y llegó a convertirse en rey de Argos. Egipto envió a sus cincuenta hijos para que se casaran con sus cincuenta primas, sellando así la paz entre hermanos. Sin embargo, Dánao encargó a sus hijas la misión de llevar una daga la noche de bodas y asesinar a sus esposos. Sin embargo, la mayor de las danaides, Hipermnestra no llegó a ejecutar a su esposo, Linceo, como muestra de gratitud por haberla respetado durante toda la noche. Linceo se refugió en una colina  e  Hipermnestra le hizo saber que era seguro regresar agitando una antorcha. Por ello, Hipermnestra fue sometida a juicio y condenada a muerte, pero resultó finalmente liberada por Afrodita, quien había sido conmovida por los enamorados. Más tarde Linceo vengaría la muerte de sus hermanos matando a Dánao. Linceo e Hipermnestra fundaron una dinastía de reyes argivos, comenzando con Abas. En algunas versiones del mito, las danaides fueron condenadas en el inframundo a acarrear agua eternamente en un cántaro con agujeros, pero Hipermnestra accedió directamente al Eliseo.  

Lince viene de la raíz indoeuropea *leuk - 'luz, brillo", como animal que ve en la noche, conserva un simbolismo luminoso, tal como el lobo en los países septentrionales. Algunos autores han señalado una posible relación simbólica entre el lince y el dios céltico Lug - cuyos nombres son homónimos en irlandés antiguo-, paralela a la que existe entre el lobo y Apolo. Aunque en esta asociación se considera a Lug como dios solar, o considerando principalmente el aspecto solar de esta divinidad. Los mismos autores señalan que las cuerdas de arpa se fabricaban con tripas de lince, y que  el sonido de estos instrumentos se consideraba sagrados. 
Es necesario señalar al respecto que durante muchos años el nombre *Lugus se consideró derivado de la raíz proto-indoeuropea *leuk-, "luz", y por ello se consideró un dios solar. Sin embargo esta etimología fue descartada debido a que no se conoce ningún caso en que la *k proto-indoeuropea  derive en *g-  en proto-céltico, sino que permanece como *k. La derivación directa de la raíz proto-indoeuropea *leuk- (‘luz blanca’) es *leuk- como en el nombre del dios Leucetios.

Una creencia medieval atribuía a la mirada del lince el poder de horadar muros y murallas; en algunos grabados renacentistas en que se representan los cinco sentidos, el lince figura la vista. Se creía también que el lince era capaz de percibir sobre las imágenes el reflejo de aquello que le estaba oculto. 
En 1603, Federico Cesi funda la Accademia dei Lincei ("Academia de Linces"). Fue una de las sociedades científicas más antiguas, y  su emblema fue un lince peleando con Cerbero, el guardián del inframundo, invocando la reputación del lince de ver a través de los engaños y descubrir la verdad. Los fundadores de la academia se inspiraron en la obra Magia Naturalis de Giambattista della Porta, que tenía una ilustración del legendario felino en la cubierta con las palabras «...con ojos de lince, examinando aquellas cosas que se manifiestan por sí mismas, de manera que habiéndolas observado, pueda fervorosamente usarlas».  
Federico Cesi dijo"... la perspicacia del lince proviene de dos virtudes complementarias - agudeza de vision y profundidad de entendimiento, el exterior y el interior, el ojo y la mente", "así como el lince, con su visión superior, no sólo ve lo que yace afuera sino que también percibe lo que proviene del interior". Cesi y sus allegados estaban interesados en todas las ciencias naturales, en su seno se escribieron obras como Il Saggiatore de Galileo Galilei, o el Tesoro Messicano que describía la fauna y la flora del Nuevo Mundo.  


Fuentes consultadas:

http://en.wikipedia.org/wiki/Lleu_Llaw_Gyffes
Jean Chevalier, Alain Gheerbrant: Diccionario de símbolos, Barcelona, Herder, 2003, pp.648-649, 652-653.

Imágenes
Las imágenes de los linces, canadiense y europeo se pueden encontrar en Wikimedia Commons.
Las imágenes de linces ibéricos han sido publicadas por la productora ACAJÚ. La mayoría de estas imágenes son fotogramas de una serie de documentales en alta definición sobre el lince ibérico que están preparando y que forma parte del proyecto de conservación del Lince ibérico.


1 de julio de 2012

A favor de lo "pagano"


Jules Bastien-Lepage, At harvest time, 1880


Es evidente que las palabras cambian a medida que cambian las ideas de la comunidad que las emplea: ganan nuevos significados y se desprenden de los que han caído en desuso, adquieren  matices que subrayan lo nuevo, lo obsoleto o lo recuperado, y se las orienta para restringir definiciones o ampliar conceptos.  Hace algún tiempo empecé a leer críticas al uso de la palabra "pagano", por la que siento un especial aprecio. Sin pretender llevar la contraria a nadie, me apetecía explicar porqué a mí sí me gusta esta denominación - aunque tal vez después de la lectura, es posible que más de uno prefiera dejar de ser llamado así -. 

Como se habrá leído ya mucho la palabra pagano deriva del latín paganus (aldeano). Señala al respecto el historiador Peter Brown : 
A finales del siglo IV empezó a circular entre los cristianos el término paganus, “pagano”, para subrayar el carácter marginal del politeísmo. Originariamente la palabra paganus significaba “personaje de segunda clase”, designando por ejemplo al paisano frente al soldado regular, o al suboficial frente al oficial de alto rango. Un sacerdote hispano, Orosio, que escribió Historia contra los paganos por encargo de san Agustín en 416, añadiría un nuevo elemento a este sentido denigratorio y excluyente. Hacía saber a los politeístas cultos, a los notables de las ciudades e incluso a los miembros del Senado romano, que la religión que profesaban era propia de las gentes del campo, de los habitantes del pagus, de los paysans o paesanos, es decir, una religión propia únicamente de un obstinado grupo de campesinos que no se habían visto afectados por los tremendos cambios que habían puesto patas arriba las ciudades del Imperio romano. [1]
De modo que la palabra "pagano" era ya empleada para desacreditar a otros incluso antes de que el cristianismo la blandiera como un arma mediática, que más tarde serviría para definir a cualquier creyente no cristiano. El término pagano ha sido usado para referirse a religiones politeístas como el hinduismo, a creencias como el animismo, a los cultos afroamericanos, o al chamanismo. Sería difícil hallar entre estas tradiciones, unas estructuras de pensamiento y práctica básicos comunes tan frecuentes como los que encontramos entre aquellas tradiciones que, al menos a ojos externos, forman parte del paganismo occidental. 

El hecho de que la palabra "pagano" surgiera como un insulto no es más relevante que el resto de los significados y matices que la palabra ha adquirido con el paso de los siglos. Aún hoy, la mayoría de significados recogidos en el diccionario de la Real Academia Española para las palabra "brujo" y "bruja" son peyorativos y bastante inexactos si se consideran desde la realidad de las personas que en la actualidad se consideran a sí mismos brujos y brujas. Sin embargo, la mayoría de practicantes que se sienten cómodos con la palabra, han priorizado la asociación entre "pagano" y "campestre".

En este contexto, palabras pagano o paganismo tienen significados amplios e incluyentes, y requieren a menudo de añadidos para la creación de definiciones capaces de identificar en detalle sólo una entre la miríada de corrientes de pensamiento, tradiciones o prácticas que se pueden englobar bajo el término generalista.  Podríamos aventurar que precisamente paganismo es lo que hay detrás de estas diferencias, y es también el término que conserva la memoria de lo que fueron y el testigo de su supervivencia hasta la actualidad. La palabra pagano no ha dado un salto desde la Antigüedad tardía hasta el siglo XX, sino que ha serpenteado de línea en línea y de susurro en susurro a lo largo de generaciones que no conviene descuidar (al menos, desde la perspectiva historiográfica).

En un rango mucho más estrecho podríamos encontrar un paralelismo con la expresión musulmana "gentes del libro" empleada entre las principales religiones y cultos monoteístas para distinguirse como grupo - a pesar de sus diferencias internas - frente al politeísmo y la "idolatría". Subrayo lo de  "mucho más estrecho", porque entiendo que las palabras pagano y paganismo no deberían restringirse al ámbito religioso, y mucho menos al de las religiones establecidas.

Considero que la asociación entre "pagano" y "rural" no es precisamente trivial, sino que es lo que ha justificado el éxito de la palabra en el s.XX y -al menos- parte del XXI. Es "el campo" lo que encontramos al remontar hacia los orígenes de lo que posteriormente vamos a identificar como pagano.  Independientemente de la variedad de creencias y formas de culto, las prácticas paganas, que siguen los ciclos de los cultivos y del ganado, están estrechamente ligadas al terrible cambio de mentalidad que supuso la neolitización de los territorios en las que surgieron, incluyendo la resignificación de elementos precedentes, propios de sociedades pre-agrícolas.

En este aspecto, el paganismo moderno ha crecido y proliferado especialmente en núcleos urbanos, dando lugar a nuevas religiones; pero no sería justo ignorar el paganismo reticente que ha subsistido, unas veces escondido, y otras no, en el seno de las comunidades cristianas. Viejas creencias, estructuras y prácticas que pueden o no tener relación con los dioses, genios o espíritus rescatados y pulcramente diferenciados en las últimas décadas, pero que sin duda la tienen con las cosechas y el ganado, con  el paso de las estaciones y su efecto pocas veces controlable sobre el medio de subsistencia, el límite entre el territorio cultivado y lo salvaje, entre la extensión conocida, habitable, y lo desconocido que la circunda, donde el hombre queda a merced de fuerzas superiores que aún no ha sido capaz de dominar.

La cuestión es que, al hablar de paganismo, podemos remitirnos más que a una serie de religiones y cultos, a una serie de aprendizajes y técnicas (también de índole espiritual y mágica, pero no exclusivamente) derivados de la  experiencia y la observación de realidades concretas, de las que durante siglos ha dependido nuestra subsistencia y que han moldeado nuestras culturas. No se trata de un estancamiento en la añoranza estéril de otros tiempos -que, a decir verdad, no fueron mejores-, sino de la conciencia adquirida de que muchos de estos aprendizajes pretéritos, convenientemente revisados y aplicados, podrían constituir soluciones eficientes para gran cantidad de problemas que nos agobian en la actualidad. 

A pesar de los cambios que ha impuesto la industrialización en nuestro modelo de consumo, seguimos dependiendo de la tierra y sus frutos; aunque el argumento pueda parecer en exceso materialista, este vínculo está anclado en nuestro fondo y es sagrado porque en última instancia de él dependen nuestras vidas. Desde el momento en que no entendemos este vínculo como sagrado y le prestamos la debida atención, perdemos gran parte del conocimiento y comprensión que nos está reservado como humanos. A menudo también dañamos a otros y a nosotros mismos a causa de nuestra ignorancia al respecto, individual o colectiva. No vamos a ganar la conciencia de un día para el otro, simplemente apunto que hay suficiente trabajo por hacer como para no tomarse este asunto demasiado a la ligera.

Aunque respeto a sus seguidores, no deja de sorprenderme la insistencia de muchas religiones de competir entre ellas e instaurar órdenes y límites artificiales, muchas veces innecesarios, que terminan en la reafirmación de un ego grupal y dificultan el vínculo con la divinidad que sus practicantes pretenden desarrollar.  Una de las cosas que me gusta del término paganismo, así, en genérico, es que es un término del que difícilmente podría adueñarse una tradición en concreto, sino que su significado se construye a partir de realidades muy distintas entre sí, y deja espacio para todos. Sin embargo, esto no significa que todos los paganos deban "hermanarse", ni mucho menos tratar de eliminar las particularidades de cada tradición o grupo. Simplemente se trata del reconocimiento de un referente común y, lo que es más importante, vivo. 

Incluso si no existieran libros al alcance, podríamos acudir "al campo" y aprender por nuestra propia disposición lo mismo que otros han escrito - y aún lo que han tratado de escribir, porque es difícil de expresar en palabras-, y usar este conocimiento para explicarnos el mundo en el que vivimos, ayudarnos a otros y a nosotros mismos. De nuestra experiencia como criaturas agrícolas y ganaderas adquirimos las pautas que marcan nuestras festividades, supimos que existen buenas y malas cosechas, conocimos el valor del trabajo y también que, en ocasiones, el resultado final no depende por completo de nosotros. Del campo aprendimos el recorrido que va desde la semilla en lo profundo de la tierra hasta fruto, y su vuelta a la tierra a través de la descomposición;  la frontera con lo desconocido insondable, un nuevo paso entre los mundos. 

Uno de los peligros de la práctica espiritual, o incluso filosófica, es caer en la trampa de la abstracción excesiva, y terminar pensando o imaginando más que experimentando la vida. A pesar de que muchos vivimos alejados del entorno rural, el vínculo con la tierra permanece de tal modo que, cuando volvemos nuestra atención hacia estos principios, y en mayor medida cuanto más los convertimos en una experiencia consciente en nuestras vidas, recuperamos parte de la calma, la orientación y el conocimiento que nos permiten recuperar nuestro sendero entre el tumulto de mensajes publicitarios, modelos artificiales y soluciones engañosas con los que día a día se nos atormenta. 

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[1] Peter Brown, El primer milenio de la cristiandad occidental, Barcelona, ed. Crítica, 1997. Publicamos este fragmento y algunos otros que ayudan a hacernos una idea del contexto histórico referido en "El nacimiento del paganismo" Ouróboros.

17 de mayo de 2012

Raíces y semillas

Witold Pruszkowski, Spring, 1887

La raíz es lo primero que crece al germinar la semilla; se hunde rápidamente en la tierra en la que ha ido a caer y busca su alimento en ella, extrayendo los nutrientes necesarios para desarrollar brotes, tallos, flores, y frutos. El reino vegetal entrega generosamente al resto de la naturaleza estos frutos, que no son sino el ropaje carnoso del que la semilla debe despojarse para poder despertar.

La función de nuestras raíces no es mantenernos atados a un pedazo de territorio, porque las raíces son aquello que nos conecta con la tierra y nos empuja siempre a crecer buscando la luz. Las semillas contienen el espíritu del árbol que las originó, un espíritu que se aligera y desprende en incontables ocasiones, para viajar llevado por el viento, por el agua o por los animales que recorren la tierra y los cielos. 

La semilla que parte lleva en sí toda la información que precisa para completar su desarrollo, y no piensa con añoranza en lo que deja atrás, porque su memoria está en la tierra, y volverá al hundir en ella sus raíces, nuevas y viejas a un mismo tiempo.

***

Esto pensando en las múltiples maneras que hay de contar una historia: en las personas que usan aquello que tienen al alcance para construir puentes, y aquellas que tratan de derrumbarlos. 
Pienso en el miedo que se esparce en el aire, ese veneno lento que ingerimos al respirar, acaso más peligroso que la misma contaminación física, pero también en la fuerza que puede transmitirnos la sonrisa o la mirada cómplice de un extraño con el que nos cruzamos en la calle. 

Pienso en un gris que se derrama ahogando colores, y en el resurgimiento de éstos, a su debido tiempo, estallando alegres aquí y allá, cuando ya nadie los esperaba.

Con un poco de suerte, el paso de los años contribuye a erosionar lo categórico de nuestros juicios juveniles, esa terrible necesidad de etiquetarlo todo incluso en nosotros mismos, de buscarle un lugar  y tirarlo al fondo del sótano oscuro cuando no hay donde colocarlo. Nos ayuda también a comprender la naturaleza ilusoria de las fronteras que nos separan del resto de la humanidad y a plantearnos cuál es nuestra función en este escenario efímero que transitamos, al que llamamos "nuestra" vida.

A pesar de las capas de condicionamiento que se han ido depositando, una tras otra, sobre nuestras cabezas, el impulso de la semilla donde quiera que llega a caer es buscar en lo profundo, elevarse a la luz y entregar sus frutos al resto de la naturaleza.  

28 de febrero de 2012

La savia de los almendros





De camino al trabajo hay un joven almendro que desde hace unas semanas desafía al invierno mostrando sus hojas como escudos, sus yemas como lanzas y sus pétalos blancos como colmillos. Es posible incluso que esperara, gracias a una memoria atávica, la granizada que cayó el otro día e hizo que muchos vecinos se asomaran sorprendidos a ventanas y balcones. Es febrero y una parte de mí se complace de que las flores y el granizo sigan librando la antigua batalla.

Cuando éramos niños, en la escuela nos enseñaron que la primavera era la época más alegre del año, en la que las flores brotaban por doquier y los animales correteaban por el campo. Nos lo enseñaron así porque no recordaban lo que la primavera era. Pero al crecer supimos -al menos algunos-, que la primavera era sobrevivir al invierno, y que muchos no llegarían a conocer el verano. Que no era precisamente el tiempo del sol, sino un tiempo en el que se clamaba por su regreso bajo la amenaza de un cielo plomizo o el azote de un viento helado.

En consecuencia nos compadecíamos de la locura de los almendros, cuyas delicadas flores parecen abrirse antes de tiempo... Sin pensar que tal vez pudieran están ahí precisamente para enfrentar el invierno que debe  empezar a retirarse.

Los almendros son heraldos del regreso de Perséfone. La diosa asciende con el secreto de la semilla y la renovación desde las profundidades del Inframundo, y lo hace por el suave camino de los blancos pétalos que el granizo desbarató.  Los almendros no tienen miedo del frío, de la oscuridad o de la muerte, y a pesar de los fuertes vientos, la lluvia, el granizo o la nevada permanecen erguidos -sostenidos por unas raíces cada vez más profundas y alentados por ramas oscuras que se alargan buscando la luz-, y ofrecen sus flores con singular generosidad, sin preocuparles demasiado si habrán de convertirse en fruto o caer en tierra, porque florecen en abundancia.
 
Esto es así en todas las Primaveras: a pesar de la desigualdad de condiciones esas flores ligeras y blancas desafían la amenaza color de roca que se cierne sobre ellas. Lo hacen incluso sin saber que aún quedando deshechas por el suelo, son la prueba de que, tras un largo invierno, la savia de los almendros vuelve a circular.

18 de febrero de 2012

La Nutria



C.C.G. Edwards, The Fisherman - otter, sf.


LA NUTRIA MÍTICA

El naturalista y escritor Ernest Thompson Seton habló de: "... la alegre, vivaz y valiente nutria, suave y amorosa a su propia especie, y cariñosa con su vecino de la corriente; llena de juegos y alegría en su vida, llena de valor en su esfuerzo, ideal en su casa, firme en la muerte; la más noble pequeña alma que nunca caminó a cuatro patas por el bosque". En muchas tradiciones, la nutria es a menudo caracterizada como un ser amable y servicial, y recibe el nombre de "perro de agua”, en parte en alusión a estas cualidades.

El simbolismo de la nutria (irlandés doburchu, galés dyfrgi, bretón dourgy, literalmente “perro de agua”) complementa el del perro. Por ejemplo, el héroe Cúchulainn comienza la serie de sus hazañas matando a un perro y las termina, algunos instantes antes de morir, matando una nutria con una piedra de honda. En la antigua Persia, la nutria también fue conocida como "perro de agua", y fue estimada al punto que se imponía un severo castigo a quien osara matar a un ejemplar. La nutria gigante de la Amazonía también recibió el nombre de “perro de río” o “lobo de río” por parte de los primeros europeos que llegaron a la zona. 

En la historia irlandesa de El Viaje de Mael Dúin, las nutrias en la isla de Otter llevan salmón a los marineros para comer, y en El Viaje de Brandán se cuenta cómo una nutria recogía leña para un ermitaño. San Cuthbert es el santo patrón de las nutrias, y según la hagiografía, tras permanecer  sumergido hasta la cintura en el Mar del Norte durante su vigilias de oración, todas las noches dos nutrias acudían a secar los pies del santo con su piel y a calentarlos con su aliento. 

En la tradición escocesa encontramos la leyenda de los "reyes nutria", acompañados en ocasiones por una guardia de siete nutrias negras. Según la tradición cuando estas criaturas eran capturadas concedían cualquier deseo a cambio de su libertad. Sus pieles eran muy apreciadas también por su capacidad para volver invencible a un guerrero, y como protección contra el ahogamiento. Sin embargo los reyes nutria eran difíciles de matar, dado que su único punto vulnerable era una pequeña área situada bajo su barbilla. 

Algunas especies de nutria crean túneles para pasar de la tierra al agua y viceversa, sin ser vistas, y también son capaces de sumergirse para buscar alimento en el lecho de los ríos y lagos. La nutria vive entre el mundo terrestre y el acuático, y aparece y desaparece en la superficie de las aguas; estos hechos que ha propiciado que en diversas tradiciones se confiriera a este animal un simbolismo lunar y un remarcable valor iniciático. 

En América del norte, entre los ojibwa, el chamán conserva sus conchas mágicas en una bolsa de piel de nutria. Se dice que el mensajero del Gran Espíritu, al ver la miseria de la humanidad enferma y debilitada, rebeló los secretos más sublimes a la nutria y la hizo inmortal para que pudiera iniciar y al consagrar a los hombres. Todos los miembros de la sociedad mide tienen un saco de medicinas de piel de nutria. Estos sacos, apuntados como armas, dan muerte al aspirante en la ceremonia de iniciación; a continuación se ponen sobre su cuerpo, hasta que vuelve a la vida. Después una serie de cantos y  banquetes, el novel iniciado recibe su propio saco de nutria de manos de los sacerdotes. 
En el África negra, particularmente entre los bantú del Camerún del sur y del Gabón, las mujeres que participan en la danza de iniciación ozila,  llevan un cinturón de piel de nutria.  

En la mitología nórdica, Loki mató al Otr enano mientras éste se encontraba en forma de una nutria. Los enanos estaban furiosos, y exigieron como compensación que los dioses les dieran la piel de nutria llena de oro. También la diosa Cerridwen se transformó en nutria para seguir la persecución de Gwion cuando éste tomó la forma de salmón.  

La nutria es un espíritu iniciador que mata y resucita. En Europa el papel de psicopompo acordado a la nutria está atestiguado en un canto mortuorio rumano: 


La nutria conoce
El orden de los ríos 
Y el sentido de los vados 
Te hará pasar 
Sin que te ahogues 
Y te llevará
Hasta las frías fuentes 
Para refrescarte 
De los escalofríos de la muerte. 

La nutria es un animal valorado por su belleza y habilidades, que incluyen el uso de herramientas, son conocidas como criaturas juguetonas y afables. Nos recuerda la alegría y la capacidad de juego, incluso en los momentos más difíciles, porque más que destellos puntuales, éstos también son una manera de vivir. Aunque las nutrias son buenas cazadoras, lo cierto es que no pueden enfrentar a los predadores con agresividad o fuerza. Sin embargo,  tienen otras soluciones para este problemas, como moverse cómodamente en el agua - elemento en cambio permanente-, donde sus enemigos son más torpes, cambiar las guaridas de lugar, o excavar túneles subterráneos para pasar de la tierra al agua sin ser vistas.


LA NUTRIA EN LA NATURALEZA

Existen varias especies de nutrias con una distribución prácticamente mundial, pero por cuestiones de espacio sólo se hablará aquí de cinco, sencillamente para subrayar tanto las similitudes como las diferencias que existen entre ellas.

Franco Atirador, Nutria en invierno, sf


Nutria europea 
(Lutra lutra)

Se considera la especie más extendida, encontrándose en todo el continente Euroasiático y norte de África. El pelaje de la nutria europea es pardo con una mancha blanca en la garganta que diferencia a cada individuo. Este tipo de nutria habita ríos, arroyos y lagos, siempre que el agua esté limpia. Controla un territorio de hasta 40 kilómetros, si bien la mayoría se reduce a unos 16 kilómetros.
Las nutrias son cazadoras nocturnas y pueden pasar hasta 6 horas en busca de alimento. La presa más común de la nutria europea son los peces, si bien pueden alimentarse de crustáceos, ranas, aves e incluso pequeños castores. Las nutrias pueden hacer pequeños túneles subterráneos para pasar de la tierra al agua, y es habitual que cambien con frecuencia la ubicación de sus guaridas.
No hay una temporada de apareamiento definida para este tipo de nutria. Los machos alcanzan la madurez sexual a los 2 años de edad, mientras que las hembras lo hacen a los 4 años. El apareamiento se produce siempre en el agua. Las crías nacen alrededor de 60 días después. Las camadas de nutria europea suelen tener de una a cuatro crías, que se alimentan de leche materna durante el primer año de vida. Debido a que su pelo no se ha desarrollado adecuadamente para evitar que el agua penetre en su piel, las crías no nadan hasta los dos meses.
En la década de 1950 la nutria europea se encontraba en peligro de extinción. Gracias a los esfuerzos de conservación para detener la caza ilegal y la reducción del uso de pesticidas ha podido aumentar el número de individuos, aunque siguen amenazados, al ser víctimas de la caza furtiva debido a su piel.


Sage Ross, Nutria de río norteamericana, 2009
Nutria de río norteamericana 
(Lontra canadensis)

La nutria de río norteamericana se extiende por Canadá y los Estados Unidos. Es una especie con gran capacidad de adaptación que habita zonas de agua dulce, tanto frías como cálidas. La nutria de río norteamericana es un animal largo, de pelo denso color negro o pardo y, en ocasiones, incluso dorado. Este sólo se reúne con otras nutrias durante el periodo de apareamiento, o cuando la madre está cuidando a las crías. Sin embargo, las hembras juegan mucho con los jóvenes, a los que enseñan una variedad de habilidades que posteriormente les servirán para sobrevivir.
Esta especie de nutria se alimenta de peces, cangrejos, tortugas, pájaros, e incluso los huevos que se encuentran enterrados. En general, prefiere la noche para cazar, pero pueden hacerlo de día. El territorio de la nutria de río norteamericana es muy amplio, y cuenta con túneles bajo el agua para acceder a su guarida. A menudo se superponen los territorios de varias nutrias, pero los machos sólo se muestran agresivos con otros cuando buscan hembras para aparearse.
 La nutria de río alcanza la madurez sexual entre los 2 y 3 años. Durante el periodo de apareamiento, que puede ocurrir dos veces al año, en invierno y a principios de primavera, un macho puede aparearse hasta con una docena de hembras. En general, las crías nacerán aproximadamente a los dos meses. Esta especie de nutria no cuenta con demasiados depredadores naturales; coyotes, cocodrilos y gatos monteses. Sin embargo, la nutria es muy sensible a la contaminación de las aguas, por lo que se necesitan espacios limpios para reubicar a los individuos cuyas áreas han sido afectadas por la contaminación. Los esfuerzos para la conservación de la nutria de río norteamericana se han centrado en reintroducir la especia en su hábitat natural en Nuevo México. 


www.Araguaia.org, Nutria gigante "Anjo", 2010
Nutria gigante
(Pteronura brasiliensis) 

La nutria gigante habita en algunas zonas de América del Sur,  principalmente sobre el lecho del río Amazonas y en el Gran Pantanal. En las últimas décadas su rango de distribución se ha reducido considerablemente y su ubicación se ha tornado discontinua.
Se le denomina también lobo del río y perro de agua. Llega a medir unos 2 metros y pesar entre 35 y 40 kg.  Al contrario otras especies de nutria, la nutria gigante es muy sociable. Vive en grupos de hasta 20 miembros, organizados en una compleja jerarquía en la que las hembras con crías tienen prioridad sobre el resto. Tanto machos como hembras son muy protectores de su manada. La nutria gigante se encuentra más activa durante el día, retirándose a su guarida al ponerse el sol. Se alimenta principalmente de peces, que caza en grupo.
Se sabe poco acerca de la reproducción de este tipo de nutria, posiblemente el apareamiento puede tener lugar a lo largo de todo el año. Las crías nacen unos 70 días después de la concepción. Las investigaciones demuestran que el estrés puede hacer que las madres no generen suficiente cantidad de leche, o abandonen a sus cachorros. La Nutria gigante es una especie vulnerable, hay menos de 5.000 individuos estado salvaje y aproximadamente 60 en cautiverio. Se investiga la posibilidad de introducción a nuevos entornos como un medio para aumentar su número. Además de la reducción de su hábitat natural, la caza furtiva y las redes de pesca comercial son las principales causas de muerte de la nutria gigante. 


Ruby, Nutria sin garras africana, 2008
Nutria sin garras africana
(Aonyx capensis) 

La nutria sin garras es la segunda especie más grande de nutria. Sólo se encuentra en agua dulce. Cerca de las zonas forestales en áreas de África, tanto calurosas como frías, pero con preferencia en las zonas rodeadas de follaje.
 Esta especie tiene la piel gruesa y pelaje suave, de color castaño, con unas manchas blancas en la cara que se extienden hacia la garganta y el pecho. Las patas palmeadas parcialmente poseen cinco dedos, no tienen garras en las delanteras y solamente poseen uñas en tres dígitos de las patas traseras. También es característica su cabeza grande y redonda. Usan la cola para la impulsarse a través del agua y mantener el equilibrio al caminar o sentarse en posición erguida.
 La nutria africana pasa la mayor parte del tiempo en el agua, debido a que sus movimientos en tierra son más lentos y torpes, y se ve amenazada por depredadores como las grandes pitones y las águilas. Tiende a vivir sola o en grupos pequeños de aproximadamente 5 individuos, separados por sexos. Su manada tiene un territorio determinado, pero cada individuo tiene su propio espacio dentro de éste. Les encanta jugar y emplean troncos y otros objetos en su entorno para divertirse.
 Este tipo de nutria es más activa en la noche, cuando sale a cazar ranas, peces y cangrejos. Buscan incluso debajo de troncos y rocas para buscar a sus presas, y emplean sus bigotes, muy sensibles a las vibraciones de su alrededor. La nutria africana alcanza la madurez sexual entre los 2 y los 5 años.
Los machos y las hembras viven separados hasta el apareamiento, que se produce en la época de lluvias. El tiempo de gestación es de unos tres meses, naciendo una cría en cada ocasión. Los cachorros son amamantadas durante cuatro meses, en los que además se las enseña a nadar y pescar. Al año se consideran adultos, y los machos se separan de sus madres para entrar al grupo de machos. Esta especie de nutria se encuentra en peligro de extinción debido a la destrucción de su hábitat, a la caza furtiva y al uso de redes de pesca inadecuadas en las que quedan atrapadas. 


Mike Baird, Nutria con cachorro, 2007
Nutria Marina
(Enhydra lutris)

La nutria marina habita en el norte del Oceano Pacífico, desde el norte de Japón hasta Baja California, en México. Aunque posiblemente pudiera salir a tierra firme, es la única especie que permanece exclusivamente en el agua. Sin embargo, se mantiene cerca de la orilla con el fin de encontrar comida más fácilmente.
La nutria de mar tiene un rostro pequeño y redondo. Llega a pesar entre 14 y 45 kg. A diferencia de los otros mamíferos marinos, tiene como principal forma de aislamiento una capa de pelaje excepcionalmente gruesa. La nutria marina también juega, es muy activa durante el día, y duerme de noche. También puede dormir en las horas de mayor calor, para dedicarse a la caza en la tarde.
La dieta de la nutria marina se compone principalmente de moluscos y crustáceos, en ocasiones también de pequeños peces. Una de las características más conocidas de estas nutrias es su capacidad de utilizar rocas y pedazos de madera para abrir las conchas de los alimentos que quieren consumir.
 El periodo de apareamiento tiene lugar en la primavera. Los machos pueden llegar a ser muy agresivos y territoriales durante el mismo. Las hembras alimentan a los cachorros hasta los 8-12 meses de edad, este plazo dependerá de lo que tarden las crías en desarrollar la piel que les permitirá bucear con facilidad y conseguir alimento por sí mismos. Las hembras de nutria marina son muy maternales, dedican mucho tiempo a educar a los jóvenes e incluso pueden criar a cachorros que han quedado huérfanos.
 La nutria de mar se extinguió casi por completo en 1911, cuando quedaban menos de 2.000 individuos. Gracias a los esfuerzos exitosos de conservación, las cifras han ido aumentando, pero sigue siendo catalogada como una especie en peligro de extinción, principalmente amenazada por los malos usos de los pescadores. 


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FUENTES: 

Jean Chevalier, Alain Gheerbrant: Diccionario de símbolos, Barcelona, Herder, 2003, pp.764-765
Martin Banham, "A history of theatre in Africa", Performing Arts, Cambridge University Press, May 13, 2004, p.110