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15 de mayo de 2014

Atenea, la lechuza y la serpiente.

Atenea brandiendo una serpiente de la égida contra un gigante,
Antiguo templo de Atenea en Acropolis, Acropolis Museum, Barbara McManus, 1980


Acabábamos de visitar la exposición "Mediterraneo, del mito a la razón" en Caixa Forum con PFI, y llevaba días pensando en lo infravalorada que está la cultura, especialmente la académica, en nuestros tiempos. En nuestra ruta, volví a pasar por delante de una estatua de Atenea que tenemos en Barcelona, cerca de Montjuïc. Me di cuenta de que para muchos esa imagen maltrecha, capaz sin embargo de inspirar algún respeto, podría representar el academicismo del viejo mundo y la cultura occidental.

La imagen que nos ha llegado de la Atenea se considera a menudo un arquetipo "incompleto", una casi estéril "hija del padre", cuya contraparte simbólicamente asumida es la monstruosa Medusa, a la que ella misma castigó. Aquí Atena es la razón "fría", calculadora, la razón "de estado"; que si bien desdeña la belicosidad y la violencia visceral de Ares, no tiene remilgos en otorgar  poder al más astuto, lo cual - comprobado está- no es precisamente sinónimo de hacer un mundo más justo o siquiera más habitable. Del otro lado observa Medusa, Górgona con cabellera de serpientes, la capacidad no expresada o el poder censurado, que sólo se desata con ferocidad destructora. 
Parece que la solución moderna al aparente conflicto entre ambos modelos ha sido optar por una exaltación del rol de Medusa (o de cualquier sombra) hiperemocional y fuera de control, cómo si este arquetipo no estuviera, a su vez, tan incompleto y cegado como el de la Atena hiperracional, como si la Górgona monstruosa no fuera, a su vez, hija de la misma herida original. Cuando hablamos de arquetipos, recordemos, podemos referirnos tanto a un individuo como a una cultura o sociedad.

Escribí hace poco acerca de la necesidad, para el buscador, de realizar ambos caminos; el que desciende hacia el Inframundo y el que asciende hacia las Alturas. No basta con descender a la búsqueda de nuestra sombra, hay que ser capaz de incorporar a nuestro mundo lo que hayamos aprendido en este viaje. Esto, a su vez, nos pondrá en camino de una nueva búsqueda sobre tierra y hacia las alturas, pues es dudoso que haya existido una cultura capaz de desdeñar a los cielos.
A menudo los animales asociados a los Dioses y Diosas constituyen una fuente icongráfica de información adicional sobre sus funciones. En el caso de Atenea encontramos dos animales clave, la lechuza y la serpiente; ambos símbolos femeninos y de sabiduría ambos; una del cielo, y la otra de la tierra. Y es este vínculo con la noche y la tierra, con lo oculto e íntimo, el que se ha perdido en la imagen blanca e irreal que creamos para representar la antigüedad clásica (irreal, porque, para empezar, las estatuas mismas estuvieron originalmente policromadas y no precisamente de forma discreta).

Como esas casas llenas de estantes con libros que nadie ha leído ni leerá jamás, la familiaridad con el academicismo es algo que parece mencionarse más a menudo con la finalidad de mejorar las apariencias, que disfrutarse como una auténtica vía de crecimiento personal...  Creo que hubo un tiempo en el que el academicismo representó la esperanza de encontrar soluciones a los problemas que aquejaban al mundo, una voluntad de superación, de crecimiento conjunto de la humanidad. Y aunque los errores cometidos en este camino son practicamente incontables, aún hay herramientas que deberían rescatarse como aportaciones al bien común, y que incluso podrían resultar útiles a la hora de traer nuestras potencialidades pendientes a la luz.

Por poner un ejemplo, durante los primeros años de la licenciatura en historia nos enseñaron los "trucos" del oficio, aquellas trampas - sesgos de información, omisiones, reinterpretaciones,...-, faltas a la verdad que algo más tarde veríamos cometer a más de un profesor en la misma facultad, y de formas aún más descaradas fuera de ella. En un mundo narrado por los medios de comunicación, encargados de ponernos en escena y dictar los papeles que cada uno de nosotros deberá ocupar en ella, esta situación se dispara. Vivimos en una sociedad hábilmente dirigida por expertos en manipulación emocional, y lo único que podemos hacer al respecto es mantenernos sereno, y tratar de acostumbrar la vista a los hilos con los que pretenden irnos conduciendo. En una situación como la descrita, la capacidades como la observación "objetiva", el análisis, la contrargumentación, etc. debería ayudarnos a conservar cosas tan importantes como nuestra libertad personal y favorecer una correcta gestión de nuestras emociones.

Será necesario recuperar, tal vez, la Atena que enseña las artes y los oficios, benefectora de la humanidad que - en algunas versiones- incluso da el fuego a los mortales. Los ojos de la lechuza son penetrantes, y dirigen su atención calma más allá de lo aparente, sin temor a adentrarse en el mundo de las sombras propias o ajenas. La serpiente, a su vez, además de conocer los reinos ocultos y sus tesoros, es símbolo de la conexión con la tierra, con los ciclos de la naturaleza (los procesos de crecimiento, pero también de caducidad, muerte, desprendimiento y renovación) a cuya influencia nosotros mismos estamos sometidos. La lechuza y la serpiente no nos hablan de la técnica o el razonamiento ciegos o estériles, sino de la sabiduría necesaria para completar el ciclo que unifica los tres mundos; los cielos, la tierra y el inframundo, o tres partes de nuestro ser que solemos trabajar por separado. De este modo el análisis, no sólo capaz de detectar las trampas sino también de desactivarlas, se convierte en discernimiento y la búsqueda de conocimiento deviene un acto desinteresado por el bien común, cuya culminación no es otrs que reintegrar los tesoros obtenidos en cada viaje en el mundo medio, y quedar vacíos para volver a empezar.

Los bienes culturales, tangibles o intangibles, incluyendo por supuesto aquellos que proceden del ámbito académico, forman parte de nuestra herencia, guardan la memoria tanto de nuestros contemporáneos como de aquellos que vivieron antes que nosotros, de sus propuestas para entender este mundo, de sus errores y sus aciertos. El modo en como recibimos y tratamos esta herencia es también la manera en la que dialogamos con nuestro pasado, pero también con el mundo que nos rodea. No podemos abordarlos dejando de lado por completo de lado nuestras emociones, pero tampoco podemos hacerlo dejando de lado nuestras capacidades intelectivas para gestionarlas.
Del mismo modo que sucede cuando nos reencontramos con la naturaleza (la propia, o la que nos rodea), no siempre es sencillo abrir los ojos a un mundo que, precisamente por estar a nuestro alcance, no ha obtenido toda la atención que merecía. Así como la naturaleza debe vivirse y comprenderse desde la experiencia, también la cultura (tanto en la vertiende de investigación, cómo en el arte) debe ser en algún momento rescatada del mundo de las apariencias para volverse a descubrir de primera mano y de forma vivencial, implicándonos con ella. Cuando lo hacemos, hallamos la combinación que abre la puerta a una nueva forma de vivir en este mundo y relacionarnos con sus habitantes presentes, pasados o incluso futuros.

22 de septiembre de 2013

Seminario Pagano Ouróboros




Aunque en la actualidad la oferta de talleres y cursos dedicados a técnicas de “crecimiento personal” es muy amplia, a menudo ese tipo de prácticas quedan como una experiencia aislada que carece de una continuidad que permita evaluar la efectividad de los conocimientos recibidos. A partir de esta observación, buscando una alternativa que pudiera funcionar con un grupo de personas procedentes de diversas tradiciones, se ideó el Seminario Pagano que dará inicio en Barcelona el próximo mes de octubre.

En el Seminario Pagano Ouróboros vamos a presentar modelos y técnicas para el desarrollo personal y la consecución de objetivos vinculados a la tradición pagana. Siempre han existido multitud de ramas dentro del paganismo, pero más allá de las particularidades de cada uno de estos senderos existe un fondo común: La relación con la Naturaleza como fuente de vida y conocimiento.  Por esto, el hilo conductor del taller será el viaje de la semilla desde las profundidades a la superficie y su regreso,  el ciclo que discurre Sobre/Bajo tierra. A lo largo de nuestro recorrido, sin embargo, procuraremos no perder de vista los vínculos que el paganismo moderno tiene con otras tradiciones y escuelas de conocimiento (tales como Hermetismo, las tradiciones orientales, la magia ceremonial o incluso la New Age).

Todo el saber acumulado procedente de estos intentos de comprender el universo y el papel que jugamos en él confluye en nuestro presente y resulta muy valioso a la hora de construir la vida que deseamos vivir. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría en otras épocas, en la nuestra recibimos mucha información, de hecho se nos “bombardea” con ella, y no siempre tenemos tiempo de filtrarla o digerirla. Cualquier aprendizaje teórico no es sino una preparación para la experiencia, que es el paso que se omite con mayor frecuencia provocando resultados escasos y confusión. En el Seminario queremos recuperar la experiencia (individual y grupal) como fuente de conocimiento, y fomentar la comunicación como una forma de relacionarnos de manera constructiva con nuestras comunidades dentro y fuera del paganismo.

Aunque existen sistemas de aprendizaje completos y  bien estructurados dentro de algunas tradiciones, en la mayoría de ocasiones el pagano inicia sus estudios y prácticas en solitario, tomando información de diversas fuentes y desarrollando aisladamente una práctica irregular. En el plano teórico, lo que vamos a ver en el Seminario son una serie de modelos generales en los que sea posible ordenar la información que ya tenemos -y la que esté por venir-, para que sea mejor aprovechada. Así mismo, fomentaremos el diálogo entre tradiciones, pero también la capacidad crítica que permita detectar y enfrentar adecuadamente abusos y fraudes.

En el plano práctico revisaremos un conjunto de ejercicios y técnicas (relajación, visualización, respiraciones, pathworking, trabajo con sigil, trabajo ritual…) y presentaremos algunos métodos tanto para enfocar nuestros esfuerzos a la consecución de objetivos, como para beneficiarnos con el aprendizaje derivado de nuestros propios deseos, objetivos, esfuerzos, procesos y resultados. 

Para más información visita nuestro site:
http://seminariopagano.paganfederation.org/


Organizado por:

OuroborosPFI España
  

20 de abril de 2013

Porque has venido han florecido las lilas...



He reencontrado hoy, subiendo la cuesta de la estación, un aroma familiar que venía a buscarme. Al levantar la vista racimos de flores lilas parecían sonreír, cómplices, desde lo alto de una verja. He recordado al instante los días en que camino al instituto mis pasos se negaban a cruzar aquellas puertas, e insistían en seguir a su propio ritmo más allá de las vías del tren, hasta llegar a la playa, desnudarse y enterrarse en la arena mientras el aire salado me alborotaba el cabello. 

Lo cierto es que no he logrado jamás reunir una brizna de arrepentimiento por aquellas fugas... Brillaba el sol de primavera anticipando la generosidad del verano, resplandeciendo sobre el mar, iluminando los callejones alrededor del viejo mercado. Las flores de la glicina y su fragancia anunciaban la proximidad de la víspera de mayo. Y en las clases a las que mi propia rebeldía no hubiera renunciado leíamos, entre otras joyas, el Poema de la rosa als llavis, de Salvat-Papasseit. 
Mientras camino, como una canción infantil o como un hechizo antiguo, vuelven a mí fragmentos de aquellos versos tras una ausencia prolongada en demasía: "Porque has venido han florecido las lilas y han proclamado su gozo envidioso a las rosas (...) Porque has venido ahora vuelvo a querer: diré tu nombre y lo cantará la alondra."   

La primavera ha regresado con una fiereza que mi memoria había descuidado. 
No hay lugar al que mi vista pretenda dirigirse que no haya sido conquistado ya por las flores; sus pétalos se mecen jugando con el viento desde los balcones y ventanas, silvestres en los campos y en las orillas de los caminos. El aire, suave, parece a menudo encantado y veo más colores entre el cielo y la tierra de los que puedo identificar, como si algún dios se hubiera dado a la tarea de devolver al mundo un esplendor arcano, desconocido incluso por las generaciones que nos precedieron.

Y se hace muy extraño pensar en el tiempo que hacía que no sentía posarse sobre mi piel una luz como la de estas tardes. Darme cuenta de cómo la he llegado a añorar, sin sospecharlo siquiera, sin reconocer la sensación ni contar con palabras capaces de describirla. 
Ahora sólo queda agradecer.


En la Tierra la primavera es una danza en la que todo parece volverse ligero y abundan, como las flores y las aves, los juegos. Perséfone regresa del Inframundo retomando con infantil felicidad los caminos que ya le pertenecían mucho antes del tenebroso descenso. Siempre es ella y la otra al mismo tiempo, y está bien que así sea. Sólo bajo la sombra perenne de pestañas empapadas en luto podía iluminarse una mirada capaz de despertar a la naturaleza entera del sueño de la muerte. 

3 de junio de 2012

Las sombras del maestro



En las últimas semanas me ha sorprendido comprobar cómo se trataba de desacreditar el legado de algunos autores empleando para este fin algunos de sus datos biográficos. Se me ocurren pocas cosas más incongruentes que escribir un tratado de educación y tener cinco hijos abandonados en un hospicio, y no veo que nadie ponga en duda la contribución de Jean Jacques Rosseau en el devenir de la cultura occidental. Y no es que alguien tratara de difamarlo difundiendo la información, si no que él mismo escribió sin demasiado rubor el dato en sus Confesiones, entre otros detalles que al lector del s.XXI bien pueden parecer imperdonables.

El cometido del maestro o del referente, más que enseñar nada, consiste en dar pistas y propiciar experiencias para que uno pueda aprovecharlas en su aprendizaje. Entre otras cosas, ningún maestro de este -u otro- mundo puede darnos la atención que el aprendizaje requiere, la voluntad de permanecer, de ver y escuchar aún cuando el conocimiento que llega a nosotros para destrozar las creencias, ilusiones y esperanzas que apretábamos contra nuestro pecho, ni puede darnos la humildad necesaria para reconocer nuestros errores, corregirlos y seguir aprendiendo de ellos, en lugar de disimularlos o correr a enterrarlos como si nada hubiera pasado... Sin embargo, la idea de que el aprendizaje sea responsabilidad del discípulo no parece demasiado extendida, tal vez porque -tal como oí reprochar a algún docente universitario- tenemos grabada en nuestra mente la idea del profesor dictando la lección en una clase de primaria. 

En el caso de las diferentes vías de conocimiento  mágico y/o espiritual, parece que se espera que el maestro, el referente, o simplemente el buen conocedor de la materia sea poco menos que un modelo de perfección.  Nunca falta el observador ansioso por descubrir el hilo suelto que permita, tirando un poco de él, desacreditar al "falso maestro". Lo cual no estaría del todo mal si no fuera porque, incluso en caso de que no existan cargos, siempre se pueden inventar. Demasiado a menudo la intención de descubrir a los "falsos maestros" pasa de ser un sincero gesto por el bien común, a convertirse en una serie de guerras absurdas sostenidas por intereses particulares.

No es mi intención defender a ningún autor en específico - estoy convencida de que ninguno lo necesita-, sino señalar cómo el referente, ya sea alguien a quien se ha otorgado la autoridad de ser un maestro o un autor destacado, recibe con demasiada frecuencia las proyecciones tanto positivas como negativas de sus acólitos, discípulos o público que, a su vez, renuncia a su verdadera labor, que debería ser el aprendizaje.

Como alumnos de preescolar, a veces tenemos en la mente un maestro bondadoso, el hermano mayor que nos ayuda, nos guía, nos explica y nos salva del mundo que se extiende alrededor y dentro de nosotros y que a penas empezamos a descubrir. Sus seguidores lo admiran y lo adoran, pero en cuanto muestra una debilidad humana o algo que escapa del papel que se le ha dado a interpretar, su propio círculo se le echará encima, bien para desacreditarlo y pelear por ocupar el lugar del caído en la jerarquía interna, bien para maquillar esa grieta tan molesta en la aparente perfección del hierático modelo.

Lo que me llama la atención de este fenómeno es la incapacidad del discípulo de aceptar las cosas (y las personas) tal como son, su intento de forjarlas a encajar sus propios patrones mentales aceptables y aceptados... No sólo porque obviamente no es demasiada buena señal entre los que se consideran a sí mismos "buscadores de la verdad", sino porque hace pensar en la idea que los aprendices tienen de sí mismos. 

El maestro o el autor, no están ahí para encarnar nuestras fantasías acerca de la bondad, la sabiduría, el poder o la perfección. Aparecen en nuestras vidas como un elemento más que nos permite crecer, no sólo en el sentido de adquirir y aplicar nuevos conocimientos, sino también en el de madurar y hacernos responsables de nuestras vidas y el rumbo que decidimos darles.   

No me refiero sólo al hecho de que, en determinados momentos del entrenamiento, el maestro pueda asumir un rol más severo, haciendo pasar al discípulo por pruebas más o menos duras, diciéndole verdades que resultan dolorosas, o alejándolo de su lado con el fin que empiece a volar por su cuenta. Sino a que, de hecho, existen autores y maestros que a pesar de ser excelentes referentes en algunos aspectos, resultan pésimos ejemplos en otros: personajes histriónicos, refinados hipócritas, grandes embaucadores,  tramposos y gentes de ética dudosa, etc... a través de los cuales, sin embargo, nos llegan multitud de lecciones que debemos tomar en esta vida. 

Sus defectos no les dan ni les quita méritos, pero de vez en cuando, si descubrimos que tal o cual autor en un momento determinado no está a la altura de sus propias palabras, nuestra parte más mezquina sonríe,  y nos asegura que si el referente no es capaz de mantener el aura de perfección, nosotros - sin hacer nada- ya podemos considerarnos mejores que él y otorgarnos la autoridad suficiente para desacreditarlo en cualquier ámbito. 

Ésta es una de las peores excusas que conozco para no ponerse a trabajar, porque sea lo que sea que busquemos en un maestro, o en un autor de referencia, es en nosotros mismos donde debemos cultivarlo. De poco valdría encontrar el maestro perfecto, si no tenemos la aspiración de acercarnos en la medida de lo posible a su modelo. Y si ya tenemos el modelo tan claro en nuestra mente, es más sensato tratar de  hacerlo real en nosotros -incluso sin saber hasta donde podremos llegar-, que buscar encarnaciones de nuestros ideales o, como dice el refrán, ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. 

El camino raramente se desarrolla en una recta perfecta, requiere de tramos accidentados y agrestes tanto como de vías civilizadas; necesita de sus atajos, rodeos y encrucijadas. A menudo pasamos dos o tres veces por el mismo lugar, o la misma vivencia, y en cada ocasión nuestra experiencia es distinta dado que  asumimos un papel distinto. Sólo más tarde comprendemos que todas esas experiencias constituyen una unidad que hemos fragmentado por nuestra identificación. A medida que pasa el tiempo y acumulamos vivencias, vestimos distintas pieles (que en algún momento fueron de otros) y aumenta nuestra compresión.

Cuando, al hablar de un autor, cito alguna nota de su biografía, no lo hago para sumar o restarle méritos, sino para tener presente que se trata de una persona de carne y hueso, como yo, como el resto de lectores.  Para recordar que, independientemente del momento en el que estemos, con nuestros eventuales errores, con todas esas cosas que no nos gustan de nosotros mismos, así tal como somos en este momento, podemos tener nuestros aciertos e, incluso, servir de algo a otros.

Por otro lado, no tenemos que estar de acuerdo con los postulados de las personas de las que hemos podido aprender algo, y aunque algunas de ellas llegan a sernos muy queridas, otras pueden caernos francamente mal. Algunas nos sirven de ejemplo para lo que queremos llegar a ser o hacer, otras para entender aquello en lo que no queremos convertirnos. Aquí la cuestión es el aprendizaje, y si de entrada desacreditamos a alguien por un rumor - confirmado o no- de algo que era o es, que hace o que hizo, y no nos parece bien, sencillamente estamos dejando escapar la lección que tiene o dejó para nosotros.

Las sombras del maestro son nuestras propias sombras, del mismo modo que su luz es un reflejo de la que yace en nuestro interior. La imagen que creamos del maestro está tejida con nuestras propias aspiraciones y temores, por ello, cuando tenemos la disposición adecuada el maestro puede aparecerse en cualquier cosa y hablarnos a través de cualquier persona. Sin embargo,  no es con él  con quien debemos trabajar, sino con nosotros mismos, porque no hay otra vida en la que nos sea lícito trabajar que no sea la propia.

12 de mayo de 2012

12M15M



Hoy hace un año que algunas personas salieron a la calle a protestar. Tal vez la diferencia es que en una sociedad desencantada y políticamente escéptica, consiguieron poner en escena nuevos planteamientos.  El 15M no es sólo un movimiento de protestas, sino un movimiento de propuestas.

Han demostrado ya que, cuando las urnas dejan de cumplir esta función, es posible que ciudadanos y ciudadanas se reúnan para expresar su voluntad política y consensuar las reivindicaciones básicas,  independientemente de ideologías de fondo. Han demostrado que es posible que personas de diferente edad, género, profesión, extracto social, etc. se unan y combinen habilidades y conocimientos para poner en marcha proyectos de beneficio común. Que hay otras maneras de hacer las cosas, otros caminos y estrategias que pueden funcionar mejor que aquellos diseñados para llevarnos una y otra vez a callejones sin salida.

Uno de los mayores daños que se pueden infligir en un ser humano, en una sociedad, es convencerlo de su impotencia, aún si esto se consigue a través de la mentira; una vez se nos ha convencido de que no hay nada que podamos hacer existe una tendencia a abandonamos, a dejarnos arrastrar por ese poder externo que nos supera. Por el contrario, la conciencia sobre nuestra capacidad de decidir o contribuir a las decisiones, de movernos, actuar y ver el alcance de aquello que hacemos nos devuelve el ánimo y la disposición de buscar soluciones efectivas. 

Este no es un blog político, pero como su etiqueta indica "vivimos en un mundo", que aunque no deba condicionarnos, tampoco puede sernos ajeno en la medida en que contribuimos a moldear su realidad con lo que en él pensamos y, sobretodo, hacemos. Estemos más o menos de acuerdo con los pormenores de su desarrollo, al 15M hay que reconocerle muchos méritos, y un más que merecido respeto. 



25 de abril de 2012

Love potion. Medios, brujería y adolescentes.


"Love Potion" se publicó en la revista Heart Throbs núm.137, en enero de 1972. Es una de las publicaciones para adolescentes y mujeres jóvenes que circulaban por aquella época y que Jacque Nodell se dedica a recopilar en Sequential Crush, fuente del siguiente documento. 


Todos hemos leído alguna vez algún cómic procedente de editoriales extremistas cristianas, en las que, aún en la actualidad, lo mismo se ataca a la brujería que a los juegos de rol o a la música rock. La peculiaridad de este cómic reside en la alusión directa a la práctica brujeril, presumiblemente ligada al neopaganismo, como un elemento presente en la juventud de los '70. Dado que ninguna publicación es inocente, el documento nos aporta algún dato respecto a la "respuesta" que desde los medios se daba a determinadas inquietudes, aún sin terminar de comprender el fenómeno.


La protagonista de la historia es Shirley, una joven enamorada de Walter, su compañero de escuela, que al parecer no le hace demasiado caso. Sin saber que más hacer para llamar su atención, accede a la propuesta de su amiga Rita de participar en un ritual de brujería.


Rita asegura que la "magia negra" funciona si se sabe usar. Convoca una reunión extraordinaria de su coven, para realizar un hechizo de amor empleando el pañuelo de Walter. En la escena del ritual vemos que las jóvenes del coven, vestidas con túnicas negras en forma de Tau y con la cabeza cubierta por un pañuelo, se disponen en círculo. Shirley, en el centro, sostiene el pañuelo sobre el humo del incienso.
Rita inicia una invocación: "Eko eko Azarak ... eko eko Zamilak". Aquí se evidencia la referencia a Gardner y, por extensión, a la Wicca.  El canto aparece en la versión de 1949 del Libro de Sombras Gardneriano ; los Farrar aún no habían publicado Eight Sabbats for Witches (1981) y una de las posibles fuentes de Gardner, un artículo de Charles Fuller publicado en 1921 y 1923 queda demasiado lejano. De cualquier modo el canto debió haberse popularizado lo suficiente como para asimilarse a las prácticas de brujería a principios de los años '70, tal vez a través de artículos revistas o referencias en publicaciones no paganas, o bien el guionista de la historia conocía el tema y quiso hacer un guiño a alguien.
Sin embargo, a continuación Rita salta la línea para proceder a llamar a Baal, Lucifer y Kronos - algo raro para un conjuro amoroso, pero que encaja con la "magia negra" citada al principio de la página-. 


Shirley vuelve toda mareada a su casa, y justo después de cubrir el teléfono con el pañuelo encantado, suena la esperada llamada de Walter. Acuerdan una cita, van al cine, etc. Finalmente Shirley - ¿por remordimiento post intento de manipulación?- pregunta a su acompañante porqué se había decidido a llamarla. Él responde que estaba en un proyecto secreto, asignado por el periódico de la escuela, para investigar los rumores sobre algunos alumnos involucrados en brujería, "y tonterías de esas", concluyendo que "si existen los covens, deben manejarse en un profundo y oscuro secretismo".


Shirley pone cara de susto primero, y luego de alivio por haber podido salvar su imagen delante de Walter. Se cree sin demasiadas reservas que el muchacho siempre la había adorado, y finaliza la historia tirando el pañuelo encantado por el puente "Sí son tonterías, no necesito la magia". Y todos felices.

Obviamente en ningún lugar se plantea siquiera que la práctica brujeril pueda responder a una clase de culto real. El mensaje general de la historia no es agresivo ni alarmista respecto a la brujería, al contrario, la respuesta, condescendiente, es la propia del adulto que intentan ridiculizar la cuestión aún sin terminarla de comprender : La magia no funciona y todo eso de la brujería - covens, túnicas, círculos, incienso... - son sólo cosas raras, extravagancias y tonterías que encima la hacen a una quedar mal delante del hombre que tanto se esfuerza en conquistar.  
Cabe destacar que no hay en la narración una preocupación de tipo religioso por la herejía que supone la práctica brujeril, tampoco no hay un llamado de atención por la falta de ética que supone tratar de amarrar a alguien, ni siquiera incluso una advertencia por el riesgo de caer en las redes de una secta peligrosa. En una historia rosa, el único peligro es quedarse sin novio.


*****

Por lo visto, hay cosas que no han cambiado demasiado en los últimos cuarenta años. Muchos adolescentes se sienten atraídos en algún momento por el ocultismo, ya sea el tarot, la oui-ja, o algún tipo de rituales de diversas procedencias. Ante estas inquietudes el entorno adulto suele responder con un alarmismo exacerbado, o con una condescendencia que puede llegar a ser negligente. En la mayoría de casos "son cosas de críos" y luego se les pasa, sin embargo los mecanismos de la magia pueden ser puestos en funcionamiento incluso sin haber pensado demasiado lo que realmente se está haciendo. 

Esto puede ser causa de grandes problemas para el adolescente, que luego repercutirán en el resto de la familia. Obviamente la solución no pasa por prohibir nada, sino por ayudar al joven a desarrollar una capacidad de análisis propio, alentar su sentido crítico, y confiar en que tome las decisiones correctas en un campo que en la mayoría de los casos conoce mejor que los adultos que lo rodean. 
Nuestra manera de conducirnos en la práctica mágica es un reflejo de la manera en cómo lo hacemos en el resto de nuestras vidas, por lo que no creo que sea necesario tomar medidas específicas en este ámbito. Por ejemplo, no sirve de nada tratar de advertir sobre la brujería si se puede caer en cualquier grupo de manipulación psicológica, que no tienen porqué estar relacionados con la religión o la práctica ocultista. La persona prudente, sensata, ética, etc.. lo será dentro y fuera de la magia, y la persona con problemas de conducta, también.