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23 de diciembre de 2013

Un fuego para las noches largas


Este es todo el fuego que necesito para la noche más larga, y para todas las noches largas que habrán de llegar.  Aquí está todo el calor, toda la luz que requiero para volver a poner en marcha un Universo cuando el que ahora habito se apague, y desfallezca, y se rompa como un cascarón o se desprenda como una vieja piel, y abra paso a lo nuevo... Lo nuevo que siempre llega, una y otra vez, del mismo modo que las olas alcanzan la playa.

Este fuego contiene todo cuanto necesito; es una semilla sembrada en el Reino Bajo Tierra, cobijada por el manto denso de lo oculto, nutrida por los restos de lo que un día fue y ya no será más.

Volverán las primaveras, los veranos, los otoños, y los mismos inviernos a desfilar, majestuosos, por bosques y campos, con trajes bordados de dorado calor o plateado frío, con coronas de flores pálidas, de hojas verdes o rojizas, con cetros de ramas ornadas de rocío o escarcha... Pero bajo su paso regio esta humilde llama - nacida de lo imprevisto, pero hija de un fuego más antiguo que las propias estaciones-, permanecerá dando aliento y latido desde la profundidad insondable de la que emerge, como de una fuente inagotable, la confianza capaz de mirar al miedo a los ojos y desterrarlo con una sonrisa. 

20 de octubre de 2012

Sombras densas


Ramón Casas Carbó, La Sargantain, 1907

A finales de octubre las sombras ralentizan el paso y se vuelven densas como fantasmas que tocan levemente nuestras manos cuando caminamos por las calles en las que empiezan a amontonarse las primeras hojas caídas. La víspera de Noviembre se recordará a los que ya partieron, y la muerte ocupará un lugar en las mesas de los vivos, como una invitada de honor. Calladas o ruidosas, estas celebraciones pueden ser una manera de reencontrarnos con nuestra sombra, pero también de seguir huyendo de ella.

Hace ya algunos años, el Ciclo Anual  sigue a la semilla en su viaje de las profundidades a la superficie de la tierra y, después de la flor y el fruto, el regreso al origen. En el ciclo de la semilla este es el tiempo que se encuentra más allá de la madurez, el último tramo del camino de la superficie, la vejez. Tras la muerte vendrá la fase de la putrefacción, el desprendimiento último que permitirá una nueva germinación.
El pesar que puede causarnos la idea de la muerte, a menudo no es nada en comparación con el horror que nos supone el natural declive del cuerpo; el abrazo último del tiempo que nos devolverá a la desnudez de los huesos, y finalmente a la tierra misma, nos espanta al recordarnos nuestra fundamental vulnerabilidad. 

La Tierra nos recuerda que el tiempo que tenemos para andar sobre su superficie está contado y tarde o temprano volveremos al mismo limo del que nos levantamos. La Tierra nos recuerda también a la vejez, la enfermedad y el dolor que afectan a nuestro cuerpo físico y - aunque muy equívocamente -, con nuestra tendencia a los placeres "mundanos" y el sufrimiento asociado a nuestro apego a los mismos.

La Tierra es una gran maestra a la que demasiado a menudo se prefiere desoír, sus enseñanzas se desdeñan con frecuencia por parecer demasiado familiares o básicas, sin caer en la cuenta de que a penas conocemos la superficie del mundo que habitamos y de que poco podremos levantar sin una buena base. Nos ve correr como niños en nuestros juegos de aire, fuego y agua, sabiendo que cuando llegue el momento nos sentaremos a meditar en sus faldas y que por más que ese momento nunca llegue, agotados ya los días de nuestra vida, volveremos a su seno.

A pesar de su crucial importancia en el camino del aprendizaje, los procesos de descomposición suelen ser un punto ciego en la contemplación de los ciclos - salvo por aquellos que se detienen, fascinados, en ellos, produciendo un desequilibrio en el sentido contrario -.  La putrefacción, que no es otra cosa que un abandono y una disolución necesarios para entrar en el Inframundo e iniciar un nuevo ciclo, causa el mismo rechazo que la sombra y es, en cierta medida, la sombra misma que viene a enfrentarnos para rendirse a un bien más grande de lo que hemos encarnado hasta el momento.

Cuando la muerte ronda cerca, cuando algo en nuestro interior nos avisa de que necesitamos terminar con una situación, alejarnos de unas circunstancias, abandonar una antigua forma de vida, cuando la parte de nosotros que permanece despierta huele el final de algo, nuestras sombras se hacen presentes, más corpóreas y amenazantes que nunca, señalando el límite de nuestro viejo ser y preguntándonos, insidiosas, si seremos capaces de cruzarlo o no.  Si no estuvieran allí nuestro miedo, nuestra angustia, nuestros apegos, ¿quién temería al cambio? Y sin embargo, la sombras deben estar allí, y al menos una parte de ellas cruza con nosotros, y se reintegra como fortaleza en la siguiente etapa de nuestra vida.

Ya he escrito acerca del poco respeto que, a mi entender, se guarda a las sombras, sin embargo,  por su naturaleza a la Sombra le trae sin cuidado la clase de respeto que socialmente se le pueda ofrecer. Está ahí desde que el humano es humano, en sus sueños y pesadillas, habita las vidas de todos y cada uno, y desempeña su sagrado papel, tanto si se aprovechan las oportunidades que brinda como si no. Pienso en la sombra como en una criatura feral, un ser al que no se ha sometido - ni se puede someter- por medio de embellecimientos artificiales, una realidad a la que no se puede engañar ni disfrazar, algo que escapa del control de nuestro ego, algo con lo que este ego se golpeará una y otra vez o se tropezará una y otra vez hasta cascarse como un huevo; algo que está ahí para ser reconocido y superado.

Si algo se puede decir acerca de la sombra, es que nunca trataríamos de usarla para ganarnos la simpatía  de otros... No es un dolor de garganta, es una diarrea, no es una imagen romántica de tristeza y languidez, es la ira, la rabia, la culpa. Es la envidia insana, los celos o el deseo desesperado de poseer, el momento en el que perdemos el control, las palabras de las que sabemos que nos vamos a arrepentir escapando de nuestros labios, o aquél silencio que no rompimos y resuena en nuestra cabeza porque no nos perdonamos el haberlo consentido; la desconfianza, la maldicencia, la torpeza y la debilidad y la falta de ánimo; el dolor físico que nos golpea y ante el que nada podemos hacer... Es una imagen fea, horrible, que nos devuelve el espejo; ya sea reflejando un cuerpo que se marchita, o un ánimo envilecido con causa o sin ella. 

No es algo que usaríamos para ganar el amor de otros, porque nuestro trabajo nos cuesta superar la vergüenza que nos produce y aceptar que, sencillamente, es algo que está ahí y que podemos querernos a pesar de ello. Y sin embargo, es absolutamente necesario aprender esto. Conocer nuestras sombras, identificarlas, tratar con ellas, irlas redimiendo a medida que tenemos la posibilidad. Porque en la medida que conocemos nuestras propias sombras podemos despreocuparnos de aquellas que el resto del mundo pueda proyectar en nuestro camino.

1 de agosto de 2012

Madura el trigo...


Milo Anders, Cosecha, sf
                             






Madura el trigo
pero las uvas están verdes.
No se hace pan si no se muele el trigo
y tú no serás tú si no te pierdes. (...)
                                 Armando Uribe Arce

12 de mayo de 2012

12M15M



Hoy hace un año que algunas personas salieron a la calle a protestar. Tal vez la diferencia es que en una sociedad desencantada y políticamente escéptica, consiguieron poner en escena nuevos planteamientos.  El 15M no es sólo un movimiento de protestas, sino un movimiento de propuestas.

Han demostrado ya que, cuando las urnas dejan de cumplir esta función, es posible que ciudadanos y ciudadanas se reúnan para expresar su voluntad política y consensuar las reivindicaciones básicas,  independientemente de ideologías de fondo. Han demostrado que es posible que personas de diferente edad, género, profesión, extracto social, etc. se unan y combinen habilidades y conocimientos para poner en marcha proyectos de beneficio común. Que hay otras maneras de hacer las cosas, otros caminos y estrategias que pueden funcionar mejor que aquellos diseñados para llevarnos una y otra vez a callejones sin salida.

Uno de los mayores daños que se pueden infligir en un ser humano, en una sociedad, es convencerlo de su impotencia, aún si esto se consigue a través de la mentira; una vez se nos ha convencido de que no hay nada que podamos hacer existe una tendencia a abandonamos, a dejarnos arrastrar por ese poder externo que nos supera. Por el contrario, la conciencia sobre nuestra capacidad de decidir o contribuir a las decisiones, de movernos, actuar y ver el alcance de aquello que hacemos nos devuelve el ánimo y la disposición de buscar soluciones efectivas. 

Este no es un blog político, pero como su etiqueta indica "vivimos en un mundo", que aunque no deba condicionarnos, tampoco puede sernos ajeno en la medida en que contribuimos a moldear su realidad con lo que en él pensamos y, sobretodo, hacemos. Estemos más o menos de acuerdo con los pormenores de su desarrollo, al 15M hay que reconocerle muchos méritos, y un más que merecido respeto. 



20 de marzo de 2012

El Triunfo de Baco y Ariadna



Alphonse Mucha, Spring Night, ca. 1910

El Triunfo de Baco y Ariadna o Canto de Baco, es un canti carnascialeschi, que seguramente acompañó a un grupo carnavalesco y a un carro alegórico que representaba el motivo mitológico del título en los carnavales de Florencia de 1490. Fue escrito por Lorenzo de Médici, también conocido como Lorenzo el Magnífico.

Después de que Ariadna ayudara a Teseo a salir del laberinto en el que acabó con el minotauro, ambos abandonaron juntos la isla de Creta. Sin embargo durante la travesía hacia Atenas la joven Ariadna fue abandonada por Teseo en una playa. Allí la encontraría Dionisio, que la coronó y la llevó con él, convirtiéndola en su consorte. 
Según otra leyenda, Sileno, maestro de Dioniso, se cayó de su asno en los jardines del rey Midas, en una ocasión en que se encontraba ebrio.  Midas le prestó ayuda, y Dionisio, agradecido le permitió solicitar un deseo. El rey solicitó que todo lo que tocara se convertiera en oro. La petición fue concedida con prontitud, pero sus consecuencias causaron muchos inconvenientes a Midas, ya que no podía ni comer ni beber, pidió a Dionisio que lo liberara de aquél poder y el dios le ordenó que se bañara en el río Pattolo, que a partir de aquél momento fue rico en oro.

La canción está dedicada a Baco, el dios del vino y, por extensión, de la alegría y el placer. Aunque el tema hunde sus raíces en la mitología clásica,  también se encuentra en él la influencia de la literatura medieval, de acuerdo con una concepción de "carnaval", que canta a la vida y el disfrute de los sentidos y que va en contra de toda visión de la ascesis que lleva  a renunciar al mundo. La búsqueda del placer, que parece inspirar las afirmaciones de varios personajes mitológicos, jóvenes y viejos de unirse en la exaltación de la alegría de vivir, está rodeada por un sentimiento de melancolía  por la fugacidad del tiempo, toda vez que subraya la banalidad de la codicia de bienes materiales.



Il Trionfo di Bacco e Arianna

Quant'è bella giovinezza,
che si fugge tuttavia!
Chi vuol esser lieto, sia:
di doman non c'è certezza.

Quest'è Bacco e Arianna,
belli, e l'un dell'altro ardenti:
perchè 'l tempo fugge e'nganna,
sempre insieme stan contenti.
Queste ninfe ed altre genti
sono allegre tuttavia.
Chi vuol esser lieto, sia:
di doman non c'è certezza.

Questi lieti satiretti,
delle ninfe innamorati,
per caverne e per boschetti
han lor posto cento agguati;
or, da Bacco riscaldati,
ballan, saltan tuttavia.
Chi vuol esser lieto, sia:
di doman non c'è certezza.

Queste ninfe hanno anco caro
da lor essere ingannate:
non può fare a Amor riparo
se non gente rozze e'ngrate:
ora insieme mescolate,
suonan, cantan tuttavia.
Chi vuol esser lieto, sia:
di doman non c'è certezza.

Questa soma, che vien dreto
sopra l'asino, è Sileno:
così vecchio, è ebbro e lieto,
se non può star ritto, almeno
ride e gode tuttavia.
Chi vuol esser lieto, sia:
di doman non c'è certezza.

Mida vien dopo costoro:
ciò che tocca, oro diventa.
E che gioia aver tesoro,
s'altri poi non si contenta?
Che dolcezza vuoi che senta
chi ha sete tuttavia?
Chi vuol esser lieto, sia:
di doman non c'è certezza.

Ciascun apra ben gli orecchi,
di doman nessun si paschi;
oggi siam, giovani e vecchi,
lieti ognun, femmine e maschi;
ogni tristo pensier caschi:
facciam festa tuttavia.
Chi vuol esser lieto, sia:
di doman non c'è certezza.

Donne e giovinetti amanti,
viva Bacco e viva Amore!
Ciascun suoni, balli e canti!
Arda di dolcezza il core!
Non fatica, non dolore!
Ciò c'ha esser, convien sia.
Chi vuol esser lieto, sia:
di doman non c'è certezza.


Quant'è bella giovinezza,
che si fugge tuttavia!


Lorenzo de' Medici, ca.1490








El Triunfo de Baco y Ariadna


Qué hermosa es la juventud,
a pesar de que escape!
Quien quiera ser feliz, lo sea:
no hay certeza en el mañana.

 Baco y Ariadna,
hermosos, ardiendo el uno por el otro:
porque el tiempo huye y engaña,
siempre juntos están contentos.
Esta ninfa y otras gentes
son felices todavía.

Quien quiera ser feliz, lo sea:
no hay certeza en el mañana.

Los alegres pequeños sátiros,
enamorados de las ninfas,
por cavernas y bosquecillos
han puesto cientos de trampas para ellas;
ahora, calentados por Baco,
danzan y saltan todavía.

Quien quiera ser feliz, lo sea:
no hay certeza en el mañana.

Las ninfas a su vez están contentas 
de ser engañadas por ellos:
nadie puede protegerse del Amor
sino la gente cruel e ingrata:
ahora mezclados unos con otras,
tocan, cantan todavía.

Quien quiera ser feliz, lo sea:
no hay certeza en el mañana.

Esta carga que viene detrás, 
sobre el asno, es Sileno:
aún viejo, está ebrio y feliz,
si no puede mantenerse derecho, al menos
ríe y goza todavía.

Quien quiera ser feliz, lo sea:
no hay certeza en el mañana.

Midas viene detrás de él:
aquello que toca, se convierte en oro.
Qué bien hay en poseer tesoros,
para el que no se satisface?
Qué placer creéis que siente
está sediento todavía?

Quien quiera ser feliz, lo sea:
no hay certeza en el mañana.

Cada quién abra bien las orejas,
nadie se alimenta del mañana;
seamos felices, jóvenes y viejos,
alegres todos, mujeres y hombres;
desterremos cada pensamiento triste:
celebremos todavía.

Quien quiera ser feliz, lo sea:
no hay certeza en el mañana.

Mujeres y jóvenes amantes,
viva Baco y viva Amor!
Cada quién toque, baile y cante !
Arda de dulzura el corazón!
Sin fatiga, sin dolor!
Lo que tenga que ser, será.

Quien quiera ser feliz, lo sea:
no hay certeza en el mañana.


Qué hermosa es la juventud,
a pesar de que escape!





Bibliografía:

Martin Wackernagel. El medio artístico en la Florencia del Renacimiento, Akal, 1997, p.192
Luciano Rebay. Invitation to Italian Poetry, Courier Dover Publications, 1998, p.53-59.
Roberto Crosio. I trionfi d'amore e l'incombente fuga del tempo.

8 de febrero de 2012

De renacimientos y purificaciones

Jeanie Tomanek, Starquilt, s.f.


El elemento central de la celebración de principios de Febrero, que recibe entre otros los nombres de Imbolg o Imbolg, es para algunos el inicio del fin de una larga noche, el momento de luz que empieza a deshilachar el denso manto de la oscuridad. Para otros, es el germinar de la semilla, el último - y en ocasiones fallido- paso desde el Reino de los Muertos, a la Vida; del mundo de las posibilidades infinitas a la realización que se encarna en la materia. El regreso de nuestro propio ser desde el Inframundo, y lo que de sus profundidades podemos traer con nosotros.

El calendario popular está lleno de fechas consagradas a la purificación de todo cuanto vuelve a despertar tras el sueño del invierno, y las celebraciones se llenan de ruido y movimiento para espantar a los últimos fantasmas y sombras merodeadoras, anunciando la llegada del reinado del día. Es más una esperanza que un hecho, porque la batalla entre el hielo y los signos precursores de la primavera puede prolongarse varias semanas con avances y retrocesos por parte de ambos. Es un tiempo inseguro, en el que todo, incluso aquello que quisiéramos dar por sentado, debe ser confirmado. Sin embargo, no es un tiempo de permanecer quieto, sino que nos impulsa adelante, a dar un paso detrás de otro aún cuando el camino aún parezca oscuro, y sólo se puedan intuir el perfil de los obstáculos con los que nos encontraremos.

Jeanie Tomanek, A bit more faith, s.f.
Tal vez por estas razones es un buen momento para  iniciaciones de todo tipo, pero especialmente para las dedicaciones, momentos en los que decidimos de un modo consciente tomar un camino hasta allí donde pueda llevarnos, a pesar de aquello que pueda salirnos al paso. Es a partir de este punto cuando se empieza a ejercitar la voluntad, avanzando aún a tientas en la oscuridad del principio, alejándonos sin prisas y sin añoranza del sueño del abrazo maternal.   

Sólo mucho mucho más adelante en la ruta, en otra alba prodigiosa que es un silencioso despertar a la conciencia, entenderemos que aquello de lo que un día tal vez  pretendimos alejarnos ha viajado a nuestro lado, ha crecido en nuestra sangre y nuestros huesos, y ha aparecido en el último momento en nuestro rescate, cuando toda esperanza se había desvanecido. No dará un nuevo reflejo, y entenderemos un poco mejor aquello que somos, de lo que estamos hechos, lo que se ha transmitido en nuestras palabras y miradas, y en cada gesto de amor.

Jeanie Tomanek, Chapel, s.f.
El Sendero está lleno de retornos y de principios. Es posible que en estas fechas encontremos la ocasión propicia celebrar estos pequeños renacimientos: hacer limpieza interna, hacer un pacto con nosotros mismos, y renovar nuestros votos y nuestras fuerzas para el tramo del recorrido que nos aguarda. En muchas culturas, dentro y fuera del paganismo, el agua goza de virtudes purificadoras; personalmente, considero que es el elemento idóneo para este tipo de prácticas (por ser mucho más suave que la purificación por fuego, y un renacimiento menos tortuoso que aquél al que nos lleva la podedumbre ).

En la tradición que sigo el cuerpo y el alma, expresados tal como son, el ser íntegro, representan la máxima expresión de la pureza. El agua en la que nos sumergimos, real o simbólica, tiene la propiedad de arrastrar al menos una parte de aquello nocivo o simplemente innecesario que llevamos pegado, incluso sin darnos cuenta, a nuestras espaldas: preocupaciones, conductas erróneas, malos hábitos, etc. Es posible que ya nos hayamos acostumbrado a ellas, pero es inevitable sentir alivio cuando nos deshacemos de ellas. ( Por esto es necesario acostumbrarse a realizar determinadas rutinas prácticas aún cuando no nos parezcan demasiado necesarias, para evitar haciendo parches y acatando dudosas soluciones de última hora ) .

Este agua también tiene la propiedad de limpiar y sanar heridas, renovar las fuerzas y recuperar la juventud, sino del cuerpo, sí del alma. Se trata también del regreso a esa inocencia sabia que es negarse a que las heridas de las que aprendemos tanto se infecten convirtiéndose en un problema mayor que aquello que las generó: Sea lo que sea lo que pasó, depende de nosotros la parte que nos permitimos retener de la experiencia. En este sentido es importante saber acudir a esta fuente - que no nos proporciona olvido, sino conciencia- a lavar las propias heridas. En el agua se pueden dejar ir muchos otros problemas, dolores profundos que ni siquiera queremos codificar en palabras, pero que necesitamos sacar de nosotros, que necesitamos dejar ir.
Jeanie Tomanek, Family ties, s.f.

La purificación implica un cierto retorno a la inocencia, pero aquí inocencia no es sinónimo de ingenuidad. Nunca regresaremos a la infancia, sin embargo, es posible que podamos conservar, en la edad adulta, parte de lo que consideramos sus tesoros, como ese deseo de aprender y experimentar más feroz que el mismo miedo o la capacidad de levantarnos de inmediato cada vez que nos caemos. 
Más allá de esto, tal como comentaba más arriba, cuando hemos recorrido un tramo lo suficientemente largo del camino, emergen de nosotros mismos, en el momento preciso, elementos olvidados que nos recuerdan a la par a nuestra propia infancia y al lugar donde venimos. Vuelven a la luz de una nueva comprensión aquellas pequeñas o grandes cosas que nos enseñaron los nuestros y que tal vez del mismo modo, casi sin darnos cuenta, nosotros enseñemos a aquellos que nos lleguen a conocer lo suficiente.



Jeanie Tomanek, The bees apprentice, s.f.


Es la infancia la que regresa, transformada, a nosotros, cuando el reflejo de las aguas nos devuelve la imagen de ese cachorro humano que ha sobrevivido en nuestro propio cuerpo. Podemos ver como en él están los abuelos y las abuelas, el padre y la madre, y los hermanos, tíos y primos, los viejos amigos con los que crecimos, compañeros y compañeras de aventuras, aún cuando la guadaña se los haya llevado por siempre hace años, o simplemente los separe la distancia de un océano. Están con ellos también las calles y los bosques, las fiestas del pueblo, las Navidades y los veranos, la ropa y los libros y la música y las recetas de otro tiempo que de alguna manera sigue siendo el nuestro porque todo, todo eso vive en nosotros y, de una manera u otra, también es parte de lo que dejaremos en este mundo.

Incluso desde edades tempranas, un delicado y único entramado de elementos diversos e, incluso, dispares, que no obstante pueden aprender  a convivir. Cuando estamos en paz con este hecho, nunca seremos tan simples como aquellos que viven manipulando a otros quisieran. No pueden borrar tan fácilmente la información que hemos ido acumulando por el simple hecho de estar vivos,  no pueden saberlo todo de nosotros porque no saben las historias que llevamos por dentro, ni las muchas alternativas que conocemos a la "verdad única" que pretenden vendernos, ni entienden que, a pesar de que nos encierren entre una espada y una pared encontraremos el hueco por el que escaparnos y conservar nuestra capacidad de elección.

Cuando estamos limpios, cuando permanecemos serenos, centrados en nosotros mismos, conscientes de aquello que somos, teniendo claras nuestras necesidades y el modo en como son satisfechas, todas estas conexiones tan profundas con el mundo que nos envuelve se hacen más evidentes. En momentos así cuando podemos entender más y mejor las cosas que necesitamos conocer para desarrollarnos en el arte de vivir, o de la brujería - que para el caso y la que escribe vienen a ser lo mismo -.

Jeanie Tomanek, Among us, s.f.

27 de diciembre de 2011

Saludo al invierno


Johan Christian Dahl, The Old Oak Tree in Winter, 1822

Si se atiene a la naturaleza, a lo que hay de sencillo en ella; a lo pequeño que apenas se ve y que tan improvisadamente puede llegar a ser grande, inmenso; si siente este cariño hacia las cosas ínfimas y, con toda sencillez, como quien presta un servicio, trata de ganar la confianza de lo que parece pobre, entonces todo se tornará más fácil, más armonioso, de algún modo más avenible. Tal vez no en el ámbito de la razón, que, asombrada, se queda atrás, pero sí en lo más hondo de su conocimiento, en el constante velar de su alma, en su más íntimo saber.
 Cartas a un joven poeta, Rainer María Rilke

Diciembre es un mes lleno de reuniones con familiares y amigos, luces brillantes en la noche y bullicio en las vecindades. Entorno a estas fechas señaladas, como llevadas por una violenta corriente, muchas personas se amontonan en los centros comerciales, agobiadas, buscando un regalo de última hora... Hay  muchos otros motivos de agobio, generados por una serie de expectativas que parecen flotar en el aire: Reuniones a las que acudimos sin ganas, por compromiso; temores debidos a la posibilidad de que nuestros presentes no sean los acertados, frustración cuando no estamos en condiciones de llenar una mesa como lo hicimos en otros tiempos...

Por supuesto, esta clase de condena sólo está en nuestra mente, es decir, depende de nosotros si la aceptamos o no. Sin embargo, es necesario aprender a detenerse cuando los automatismos de la urgencia y el "deber" nos arrastran, y preguntarnos acerca de lo que estamos haciendo, cómo nos sentimos al respecto y si hay algo que podamos hacer  para mejorar la situación. Es conveniente separarse, aunque sea por unos minutos, y reencontrarnos con nosotros mismos en el silencio y la soledad : ésta es la cita a la que la estación nos llama, y a la que la sociedad en la que vivimos pretende que rechacemos. 


Johan Christian Dahl, Megalith Grave in Winter, ca. 1825
El invierno debería servir para reforzar nuestra conexión con la tierra, con nuestro cuerpo y con nuestro mundo interior. El frío aguarda, pero en las mañanas claras, la luz nos invita a salir: hay quietud en las calles, interrumpida a penas por el vuelo de las aves. Restos de hoja seca se arremolinan al pie de los árboles que se alzan como manos huesudas hacia el cielo. El mundo se tiñe de una luz dorada al pasar el mediodía, y el sol aún pinta de colores pastel las breves tardes de la estación, que se diluirán sin prisas en la noche oscura y larga. De alguna casa, de algún puesto callejero, llega el olor a leña quemada y con él los recuerdos más plácidos. Por  poco que nos separemos del transcurrir apresurado, de los anuncios, los destellos y sonidos que estallan como reclamos a nuestro paso en las calles, encontraremos los rincones desde los que  incluso en una gran ciudad aún se puede observar el invierno, y hacer nuestra la serenidad que trae consigo. 

En este tiempo la naturaleza parece aquietarse, despojarse de la exuberancia vegetal y mostrar sus formas desnudas; replegarse sobre sí misma para tejer el mundo en el sueño de sus entrañas. Algo en nuestro ser algo que puede estar sepultado bajo capas de omisión, buscará siempre seguirla e imitarla, y nos llenará de una extraña tristeza cuando nos empeñemos en rechazar la invitación. En contraste con los mensajes publicitarios con los que se nos acosa continuamente en estas fechas, el invierno nos habla de la sencillez, de la austeridad, del descanso y de las cosas que son  en verdad importantes y dignas de celebrar. No se trata de buscar y competir por el regalo más sofisticado o más caro, sino de entender que prácticamente cualquier cosa, incluida nuestra vida, es un regalo y que la mejor manera de disfrutarlo es saber apreciarlo, agradecerlo y compartirlo con nuestros allegados.


Johan Christian Dahl, Danish Winter Landescape, 1838.
Sabemos en el fondo que la relación que tenemos con otros es en gran medida un reflejo de la que mantenemos con nosotros mismos. Éste es un buen momento para hacernos un regalo - en vez de esperar a que alguien más nos lo quiera hacer -, pasar un rato a solas y, sobretodo, prestarnos atención. Hacer balance de nuestra vida, de aquello que nos gustaría mantener o mejorar, hacer planes, comprometernos y convertirnos en nuestro mejor aliado en la tarea de transformar en realidades nuestros objetivos y deseos. 

Algo que aprendemos con el paso de las estaciones, es que las referencias que buscamos en el exterior deben llevarnos a lo profundo de nosotros mismos, dónde se encuentran todas las respuestas y soluciones que podamos necesitar. Transitar estas sendas no es difícil, aunque son necesarias paciencia, serenidad, claridad y persistencia. Las cosas que al principio no entendemos demasiado van haciéndose más comprensibles con el tiempo y la experiencia, no es necesario tener prisas, y menos aún que nadie venga a "rescatarnos de la ignorancia" o a decirnos qué es lo que debemos hacer... En cambio es importante reflexionar sobre lo que queremos hacer, y cómo podemos lograrlo. 


Johan Christian Dahl, Winter at the Sognefjord, 1827 
Uno de los retos que nos presenta el tiempo en que vivimos es aprender a no dejarnos engañar por la falsa imagen de abundancia que proyecta la sociedad de consumo, y que sólo consiste en la acumulación de artículos y servicios que raramente corresponden a una necesidad real y que suponen un alto precio a pagar - mucho más del que desembolsamos- en nuestro entorno natural y humano. Una abundancia de lo sobrante, que ni siquiera se refiere a lo material, sino a una serie de imágenes ideales fabricadas para negar la realidad y perpetuar la insatisfacción. Una falsa abundancia que pretende convencernos de que o bien todo está hecho, o no hay nada que podamos hacer. Lo que es más: que esto es cómodo y deseable porque cualquier otra opción implicaría enfrentar peligros inenarrables.  Es por esto que la imagen de unas rocas cubiertas de liquen, una hoja caída, un cielo al atardecer puede tener un eco tan poderoso en nosotros cuando logramos detener el automatismo y prestar atención: Nos devuelven el sentido de la realidad, nos están llamando a casa. Nos están recordando que lo que realmente importa está en nosotros, y que somos libres de transitar un camino propio, real y satisfactorio, a pesar de las incomodidades que pueda suponer,, y a pesar de esos curiosos peligros anunciados que empequeñecen hasta desaparecer cuando nos negamos a apartar la mirada.


Johan Christian Dahl, Nubes en luna llena, 1822

15 de diciembre de 2011

La mitad oscura del año



A Road in Winter, Christopher K. Hsee, s.f.

Aunque por lo general se divide el ciclo anual se divide de acuerdo a las horas de luz solar en una mitad luminosa y otra oscura, creo que tiene sentido dividirla en función de los eventos que simbólica o naturalmente suceden “sobre” y “bajo” tierra, siguiendo el ciclo que traza una la semilla desde que germina hasta que regresa a la tierra de la que surgió. La mitad oscura del año no sólo se caracteriza por sus largas noches, sino por que todo aquello que es esencial para la vida y se produce fuera del alcance de la vista y el oído del común de los mortales.
La fuerza del sol mengua y el frío reina sobre la tierra, sin embargo en sus entrañas, como en un vientre maternal, aguardan ocultas las semillas que son promesa del retorno de las mieses y, por extensión, de la luz, el calor y el alimento. Numerosas tradiciones disponían de ritos para acompañar al sol en su regreso del mundo de los muertos, y así mismo se viajaba al Inframundo para asegurar que las semillas encontraran el camino de ascenso a los campos.
El contacto con el Inframundo y, especialmente, con el mundo de los difuntos, es algo que aún parece restringido a la celebración de Samhain, Halloween, o el Día de Muertos: Al acercarse el solsticio de invierno el paganismo actual parece querer dar un salto hacia adelante y cambiar de tema: “Muy bien, ahora ya podemos hablar del nuevo sol”. Sin embargo, no conviene apresurarse: El hecho es que durante toda la mitad oscura del año las cosas más importantes suceden bajo tierra, siguiendo el esquema del que posiblemente sea el más antiguo de los relatos heroicos (el viaje de la divinidad al Inframundo, y la hazaña de su regreso), y tienen relación con la Muerte y sus dominios.
Tal vez sea conveniente plantearse hasta qué punto son esencialmente distintas las prácticas, por ejemplo, del Trick or Treating y la tradición navideña de los grupos de niños que van de casa en casa, cantando villancicos y pidiendo un aguinaldo. Los vínculos entre las figuras que tradicionalmente surcan los cielos y dejan regalos, como San Nicolás, Befana o los Reyes Magos, con los tradicionales líderes de los ejércitos de los muertos: Odín, Holle, Diana... La diferencia entre dejar ofrendas de alimento y bebida a los muertos el Día de Difuntos, y dejar pan y agua a las monturas, de los visitantes benefactores e incluso vinos y licores para ellos; o entre señalar el camino a casa con velas, con lámparas de calabaza y papel, o con luces de colores.
Se podrían encontrar aún muchos más ejemplos de este tipo de tradiciones, pero lo que interesa subrayar aquí es la conexión entre las celebraciones populares que, en relación con el ciclo anual, van desde el otoño a la primavera; desde las festividades de los muertos hasta los carnavales de febrero. La oscuridad reina sobre una luz que, bien por estar declinando, bien por estar naciendo, es débil y excepcional. La tierra en sombras guarda cadáveres y semillas: lo que no se ha ido del todo, lo que aún no llega. La noche expande los límites de su territorio, que se difuminan y se vuelven permeables a fin de que se pueda cruzar en ambas direcciones.
Las criaturas de luz sostienen pequeñas llamas de las velas, o se refugian en el hogar, conscientes de lo pequeñas que son, pero también del poder que les otorga ese fuego que pueden llevar consigo. También para ellas es necesario esta inversión temporal del orden de la luz y la oscuridad, del mundo de las cosas tangibles e intangibles; de otro modo los muertos no se podrían ir a descansar a su reino, y las semillas no podrían crecer sobre la tierra. Por un tiempo la inversión parece convertirse en caos, en un ir y venir de entidades y roles, que es también un símbolo de cambio y renovación, tan necesario para que la continuidad no sea una repetición estéril.

5 de noviembre de 2011

Una tradición del Día de Muertos

El pueblo de Ocotepec (Morelos, México) es conocido por su celebración tradicional del Día de Muertos. En el marco de estas celebraciones, las familias preparan grandes ofrendas (que reciben el nombre de "Ofrendas Nuevas", para aquellos parientes que han fallecido a lo largo del año, esperando su regreso a casa.


La tradición de las "Ofrendas Nuevas".

Con el fin de que los espíritus encuentren el camino de vuelta se decoran las entradas de las casas con carteles de bienvenida al difunto, y trazan caminos con velas, lámparas de papel y flores - especialmente cémpasuchil - hasta el altar familiar.




El altar del difunto consta de una mesa en la que, a modo de cama, se depositan las ropas del fallecido, como si las vistiera, y en el lugar donde reposaría la cabeza se coloca una calavera decorativa. Este lecho se rodea de velas y flores, y también se decora la cabecera.
A los pies de la cama se coloca una foto del difunto y se extiende la ofrenda; velas, incienso y flores, junto a los alimentos y bebidas que en vida fueron los preferidos de la persona a la que se dedica el altar.



En las casas que presentan ofrenda, la puerta permanece abierta como una invitación a los transeúntes a entrar y se les recibe con café, ponche de frutas, pan de muerto o tamales. Los visitantes, a su vez, llevan velas para el difunto.


Respeto.

En una celebración tradicional abierta al público es de imaginar que confluyen diferentes creencias y puntos de vista. Algunos sectores reivindican que no deben mezclarse estas celebraciones con los elementos propios del "Halloween estadounidense", sin embargo, al mismo tiempo, en la iglesia del pueblo pueden verse calabazas decorativas de procedencia inequívoca. Pero antes de caer en discusiones estériles acerca de sincretismos, eclecticismos, o posibles contradicciones, se puede concluir que se trata de una petición general de respeto por el lugar, sus habitantes y sus costumbres.

Creo que es importante remarcar que el hecho de que el Día de Muertos en México tenga cierto carácter festivo, no lo convierte en un carnaval. Más bien remite a aquellos momentos en los que, al perder a uno de sus miembros, las familias se reunen y recuerdan sus historias y anécdotas, así como las de aquellos que se fueron antes que él. Cuando todo un pueblo se agrupa para honrar a los que han partido durante el último año, las historias compartidas por las diferentes familias van tejiendo la historia del lugar, y mantengan la cohesión de la comunidad.

Todos los que hemos perdido a alguien sabemos que en medio del dolor que supone su ausencia, puede surgir el recuerdo de una ocurrencia de la persona, una aventura, un viejo chiste que nos arranca una sonrisa, o incluso una carcajada. Honrar la memoria de los que han partido no requiere ser lúgubres, pero tampoco debería admitir demasiadas banalidades. Del mismo modo, aunque no deberíamos temer a la muerte, tampoco es conveniente frivolizar en exceso al respecto. La celebración de este tipo de fechas clave es una manera de conectar con un legado y tomar conciencia de aquello que se honra.

En las calles de Ocotepec contrastan tristemente dos imágenes: Por un lado, la solemnidad de las ofrendas, con la imagen del difunto reciente, las familias que los custodian y nos dan la bienvenida; Por otro, lamentablemente, la basura que se acumula en las calles y el escándalo de aquellos que hacen fila para participar del banquete - a cambio de un cirio, como si fuera un acto más de comercio- sin pensar siquiera en el hecho de que están entrando en una casa que no es la suya, donde se recuerda la ausencia de un ser querido; un padre, una madre, un hermano, un amigo que podrían ser los nuestros - y, de hecho, algún día lo serán, aunque no estemos para verlo y nos cueste hacernos a la idea-.

No es "el Halloween" lo que resulta tan molesto, los disfraces o las calabazas que, en el fondo, remiten a un tipo de celebraciones tradicionales análogas, sino esta falta de conciencia, de pasar sin ver y sin sentir, de ignorar la sustancia y pervertir el rito, sin importar a que creencia pertenezca éste. Del mismo modo que la espiritualidad es independiente de la religión, la sacralidad es independiente de las formas concretas en las que se codifica como una llamada de atención para que el transeúnte despistado la pueda advertir. Es algo que debería tenerse presente en cada una de nuestras ceremonias y celebraciones, el espíritu que las anima y les da un sentido.



En Ocotepec las familias ponen todo su esfuerzo en preparar las ofrendas y en atender a los visitantes, incluso cuando son extraños y foráneos. Por ello merecen no sólo respeto, sino un sincero agradecimiento. El visitante que va Ocotepec no acude a una discoteca; debería mantener un ánimo tranquilo, detenerse con respeto en las ofrendas que se visiten y hacer lo propio del hecho de estar allí: honrar la memoria del difunto que, en espíritu, regresa al casa. En las calles del pueblo puede adquirir las "ceras" o los cirios propios del lugar, que llevará a cada ofrenda, y también se pide, para evitar la acumulación de basura, que conserve su vaso de casa en casa. Obviamente no debe aceptar aquello que le ofrezcan si no lo va a consumir, y pedir permiso a los familiares si quiere realizar fotografías.


Otras ofrendas

Este altar estaba en una casa del pueblo de Ocotepec, como la leyenda superior indica, está dedicado "A los 50 mil muertos de la guerra que no pedimos" y aunque por su tipología requiere un espacio parte, no quería dejar de reproducirlo.



4 de noviembre de 2011

Altar de Muertos MMXI


Cuarto Día de Muertos que paso en México. La preparación del altar de muertos es una de mis tradiciones favoritas, muy cercana a la concepción pagana de este momento del ciclo anual.

El altar tiene tres niveles, simbolizando los tres mundos (inferior, medio y superior), se adorna con papel "picado" que representa motivos propios de la festividad (esqueletos, altares, ofrendas...) y flores; especialmente Cempasúchil (anaranjadas), y Cresta de gallo (rojas o moradas). Así mismo se disponen agua y sal, se ofrenda comida y bebida, se encienden velas y se quema incienso de copal.

Es tradicional el pan de muerto, un pan dulce que en el centro de México suele adornarse con ajonjolí (sésamo) o azúcar, y simular dos huesos cruzados en su superficie. Otro elemento presente en la ofrenda son las calaveritas de dulce, ya sean las tradicionales de azúcar, o las más recientes de chocolate.