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27 de julio de 2014

El maravilloso poder del "No"


Wenceslas Hollar, El basilisco y la comadreja, s.XVII

A mí me hubiera gustado titular este post "The AMAZING power of NO", así, en inglés, como alguno de esos libros newageros cuyo color de portada salta directo a los ojos al pasar por delante en una librería o área de servicio de gasolinera. Los mismos que constantemente hablan de la importancia de ser positivos, y rara vez nos advierten de las maravillas de saber - o atreverse-  a decir NO.
En realidad este post debería formar parte de una trilogía, pero vamos con calma. El NO parece ser algo tan incómodo para la mayor parte de la población que casi siempre se intenta suavizar con excusas, por más torpes que sean, en vez de atenerse a las razones que lo justifican. A algunas personas el NO les da miedo, un miedo que puede llegar a paralizarles en el momento menos adecuado... A otras les duele más que cualquier herida física y, sin duda, el NO es la vía más rápida que conozco de convertir a un supuesto ser humano un basilisco o, visto de otro modo, de descubrir la verdadera naturaleza de aquellos con quienes nos relacionamos.

Desde luego el "NO" está muy demonizado, especialmente gracias a la Programación Neurolingüística (PNL), y es triste que no se acabe de entender que se trata de algo más que un juego de palabras. Aprender a decir "NO" desde dentro, con actitudes y resoluciones es la manera menos traumática que conozco, por poner un ejemplo, de dejar de fumar, sin nisiquiera tener que emplear la fuerza de voluntad: simplemente teniendo claro que aquello no sólo es innecesario, sino que no nos aporta nada. Y, desde luego, si alguien agrede a un niño por la calle, agradeceremos sin duda que la negativa al acto de violencia por parte de terceros que puedan deter aquello sea inmediata y completa, no que se queden mirando un rato mientras meditan qué grado de violencia sería adecuado tolerar, o visualizando que la agresión se convierte de súbito en una serie de muestras de respeto.

Saber decir NO es tan importante - a veces, incluso más- como perder el miedo a decir que sí, porque también a través de aquello a lo que nos negamos definimos nuestros propios valores y prioridades. Poco tiene que ver con el nivel de extroversión de la persona, o la importancia que de a lo que los demás piensen de ella; hay personas a las que no importa enzarzarse en discusiones violentísimas pero que sin embargo resultan incapaces de mantener la coherencia entre aquello que dicen no aceptar y lo que acaban por dejar entrar a sus vidas, e incluso acaban apoyando de la forma más vehemente, sin pensar en las consecuencias que esto pueda ocasionarles.  Negarnos a algo es una elección nuestra que manifestamos con palabras, hechos y actitudes. 

Sin embargo, debido a que el NO (la negativa, hablada o expresada con acciones) es molesto, muchas veces sólo lo enunciamos cuando una situación o una persona nos están poniendo entre la espada y la pared, y muy a nuestro pesar, porque sabemos lo que vendrá después: Ese "NO" nos convertirá en los malos (o al menos los antipáticos) de la película. En ocasiones, tenemos tanto miedo a ser mal comprendidos/mal vistos que por no decir un NO a tiempo, acabamos causando un mal mayor que aquél que queríamos evitar, a veces incluso dañando a aquellos que confiaban en nosotros.

Soy de natural pacífica e introvertida, escribo en blogs y de vez en cuando colaboro u organizo algún proyecto adicional. He aprendido a dar mis opiniones de manera bastante comedida donde se supone que se pueden dar, siempre puedo documentar en qué están basadas, y de hecho agradezco poderlas contrastar con puntos de vista distintos... No es precisamente la vida de un corsario, y sin embargo hay gente en este mundo que ha albergado odios vodevileros hacia mi persona a causa de ello. Bien, pues cada una de esas historias empieza con un simple NO por mi parte. A juzgar por lo que he visto en mis treinta y dos años de vida, casi estoy segura que algunos míticos imperios debieron tener su origen en algún NO mal encajado... Por compensar, o algo.

A veces es verdad aquello de que "nadie sabe para quien trabaja", pero posiblemente lo único que importa al respecto es qué hace cuando lo descubre. A veces la única opción honorable es decir que NO. Si alguien tiene el descaro de pretender utilizar lo que estamos haciendo de buena fe para sus propios fines, y además estos son contrarios a nuestros principios o a nuestra ética, tenemos todo el derecho de decir que NO, que por ahí NO pasamos. Es necesario entender, para nuestra paz de espíritu, que somos libres y cuando decimos que NO a algo o a alguien estamos expresando nuestros valores, no quitándole nada a nadie (a menos que estemos faltando a un compromiso en el que la otra parte no hubiera fallado, claro).

Pero no hay que engañarse: Incluso el NO más educado y bienintencionado del mundo puede bastar para despertar el basilisco interior de la persona o personas que hasta esa negativa nuestra parecían razonables e incluso dulces y cariñosos. Esto cuando uno es muy joven puede asustar mucho, sin embargo es un miedo que hay que superar si pretendemos desarrollarnos como individuos capaces de pensar por sí mismos y actuar en consecuencia. No significa que una vez decidamos algo no podamos cambiar de opinión, simplemente cuando nuestros principios tiran de nosotros en dirección contraria a la que otros nos piden (o incluso exigen) que avancemos, no es una cuestión de saber o no saber, sino de tener o no el coraje necesario para ser consecuentes con nuestros principios, o simplemente con aquello que queremos que sean nuestras vidas.
Por supuesto cada NO tiene consecuencias, si formas parte del grupo de trabajo equivocado, permanecer en él puede convertirse en un infierno debido a la presión del colectivo, si estás en una red de conocidos pueden empezar las difamaciones, etc. Los niveles de violencia implícita, chantaje y acoso que se pueden desarrollar en el seno de una comunidad autodenominada "espiritual" son simplemente fantásticos: nadie que no lo haya vivido puede imaginarlos por completo y aún viviéndolos son difíciles de aceptar. Pero cuando dejamos de escuchar justificaciones y eufemismos para  empezar a analizar hechos, actitudes y estrategias nos damos cuenta de lo fácil que es convertirse en aquello que en teoría estamos combatiendo (o "intentando sanar").  No nos equivoquemos tampoco, esto sucede por igual en sectas minoritarias que en una oficina completamente anodina... El círculo se va estrechando entorno a la voz disidente: "Sólo tienes que bajar la cabeza y decir que sí y esta tortura terminará". 

Pues NO.

Creo que Alex Rovira es acertadísimo cuando escribe que puedes obligar a que te oigan, a que te aplaudan, a que te besen, a que te cuenten un secreto o a que te sirvan; pero no puedes obligar a que te escuchen, que se emocionen, que te deseen, que confíen en tí o que te amen. Algunas personas seguirán tratándose de imponer y tal vez llegue un momento en el que ya no importe lo bajo que caigan en el proceso... Pero el NO inicial seguirá ahí. Con un poco de suerte, los motivos que nos llevaron a enunciar ese NO se hagan cada vez más evidentes. Por desgracia en algunos casos, sobretodo cuando hemos sido prudentes y discretos, esto no sucede así. Aún en esos casos no hay que olvidar que todo lo que se logra con engaños o malas artes (y no me refiero sólo a la magia oscura) siempre crea un vacío aún mayor que el que se intenta llenar.

Nuestro NO original sigue ahí, intacto, porque las cosas que importan no se pueden forzar.
Y podemos irnos a la cama tranquilos.

3 de abril de 2014

El Monstruo se queda



Todos tenemos épocas difíciles en nuestras vidas, semanas en las que todo parece venir junto, momentos en los que no vemos salida, y cerrando los ojos nos gustaría simplemente volver al barro original, y que el agua de la lluvia nos arrastrara hasta hacernos desaparecer. 
Luego nos sobreponemos, y seguimos.
Obviamente no hablo por aquellos que deciden revolcarse en sus desgracias y recitar en el relato interminable de quejas ensayadas antes que hacer nada... Hablo de las personas que mientras otros hacen esto, se levantan cada dia y luchan, y desde el fondo del pozo en el que se encuentran arañan las paredes buscando una salida, y se quedan sin uñas antes que sin fuerza, pero ahí siguen, mientras los días del plazo indescifrable pasan lentos.

En  una sucesión de acontecimientos que ha caído como una lluvia de piedras, puedo decir que en las últimas semanas me ha pasado prácticamente de todo, y no demasiado bueno, a todos los niveles: relaciones, proyectos, trabajo, salud...  El tipo de confluencias que, además de dejarnos temblando, nos da que pensar.  Una vez pasada la tormenta, no nos vamos a quedar en el dolor, simplemente empezamos de cero, y desde menos que cero si es necesario. Cuando pienso que he estado tantas veces en este punto que casi se ha convertido en mi medio natural, el miedo se esfuma y llega una especie de agradecimiento que no termina de ser una rendición.

Si algo tiene cada uno de los sismos que sacuden nuestras vidas derrumbando la mitad de lo que creíamos certero por los suelos, es que nos ayudan a hacer limpieza de todo aquello que  sobra en nuestras vidas, revelando a nuestra olvidadiza conciencia, la resplandeciente belleza de aquello que es esencial y permanece intacto cuando todo lo demás se agrieta y cae. Desde la perspectiva privilegiada de aquel que se halla entre ruinas podemos entender muchas cosas, y liberarnos ya sin pesar  de las mentiras (o medias verdades) con las que  hasta el momento velábamos nuestros ojos.
Cada vez que nuestro mundo se derrumba, una parte de nosotros muere con él y queda para siempre atrás. Eso significa también que podemos elegir hacia dónde orientaremos nuestro cambio, en el siguiente paso a dar.  Después de años de volver una y otra vez a este punto, puedo decir que la vida es algo que construimos dialogando con la existencia, más que planeando... Aunque tener un plan, ser capaz de entregarse a algo, siempre ayuda.  

Durante todos estos años el Monstruo me ha acompañado, como una sombra que me habita y, a veces, me hace daño. El Monstruo que permanece al fondo de la conciencia, mirando con escepticismo mis intentos de actuar de forma ética incluso cuando ando entre tramposos y cobardes. El Monstruo que, atado, se agita con furia, cada vez que tengo que tolerar una salida de tono, o incluso una falta de respeto de alguien que no cree necesario pensar antes de hablar, o no le importa. El monstruo que me araña por dentro cuando lo contengo sabiendo que alguien está tratando de mentirme o manipularme,  pero no hago nada, porque no está bien acusar sin pruebas ( aunque cuando las tienes, el daño ya está hecho, y ya no importa).

Casi puedo contar con las manos las ocasiones en las que el Monstruo ha escapado de mi control, provocándome una vergüenza terrible, porque gran parte de mi formación la pasé en una pseudoescuela en la que el dolor, la rabia o el enojo, deberían haber sido comprendidos, gestionados y trascendidos, pero como es algo que en realidad cuesta mucho esfuerzo y dedicación, más a menudo eran simplemente criticados, reprimídos y castigados.
Lo llamé Monstruo al ver como individuos que creían que podían seguir con sus experimentos sobre mi persona se asustaban al verlo aparecer... Lo llamé Monstruo porque por su culpa perdí cosas que amaba, o al menos, según los estándares de la época, creía amar. 
Sólo con el tiempo he podido ver que el Monstruo conserva todos los mecanismos de autodefensa que mi conciencia en algún momento trató de suprimir en busca de aprobación ajena, y  por mucho daño que me haya hecho, nunca será mayor que el que me ha ayudado a evitar. A fin de cuentas, el Monstruo ha hecho por mí más que muchos de aquellos que en algún tiempo consideré mis compañeros, o incluso hermanos.  Por no hablar de lo mucho que me ha ayudado a seleccionar  en quienes puedo confiar, algo que curiosamente poco tiene que ver con lo cerca o lejos que tienes a otra persona, o con el tiempo que haga que la conozcas, sino más bien con su manera de reaccionar cuando en el momento más inesperado nuestro Monstruo -  supongo que cada uno tendrá el suyo-  hace su aparición estelar.

Bien... Aquí sentada de nuevo sobre una montaña de piezas rotas y descartables, acaricio el lomo peludo del Monstruo que siempre me ha sido leal. Conversamos acerca de cómo deberíamos abordar el siguiente tramo de nuestras vidas y qué nos apetece construir ahora. Él sabe que hay principios a los que pase lo que pase no pienso renunciar,  y yo sé que puedo contar con que acuda en mi ayuda cuando alguien con las cartas marcadas pretenda hacerme entrar en su juego. Contemplando cómo han cambiado las cosas en los últimos cinco, diez o quince años, no puedo estar más que contenta de haber pasado por tantas muertes y renacimientos, y despertar aquí, ahora, de nuevo. Abrir los ojos después del hundimiento, y comprobar que el Monstruo y yo, no estamos tan solos como solíamos estarlo en estas ocasiones...  
Los Dioses me habrán negado muchas cosas en esta vida, pero me han concedido lo que más me importaba, sin lo cual, nada de lo demás tendría sentido. Así que, feliz y agradecida después de todo, volveré a este punto las veces que haga falta.

28 de julio de 2013

Convertirse en gato







Arthur Rackham, All through Egypt every man burns a lamp (fragmento), s/f


Hace unas semanas encontré un cráneo de gato. Los huesos fascinan, porque avivan recuerdos de viejas historias que permanecen generación tras generación, idénticas en el fondo, cambiando las formas que las cubren. Son el reducto de lo que fue, la última memoria, como las brasas que no volverán a arder pero aún no se han enfriado del todo. Lo interrogo y me cuenta por qué algunas brujas terminan convirtiéndose en gatos. Se han dicho muchas cosas de estos animales, pero, a fin de cuentas el motivo por el que se odia o se ama al gato es que se trata de una criatura capaz de acompañarse perfectamente a sí misma. Sin importar lo duras que sean las condiciones de su vida, no sólo se acomodará en el primer rayo de sol que encuentre como un rey lo haría en su trono, sino que lo disfrutará mil veces más.

Hace tiempo alguien que entonces parecía mucho más fuerte que yo, me arrinconó para torturarme maliciosamente sentenciando con voz grave todo aquello bueno que yo no era y jamás podría ser... No era el primero, ni sería el último, de una lista ya borrosa de individuos que me recordaron hasta la saciedad todo lo que hacía mal, todo lo que "me permitía", que me señalaban como si hubiera algún error de configuración en mí que pudiera echar a perder cualquier cosa con la que llegara a entrar en contacto. No fue el primero, ni sería el último en intentar derrumbarme por completo para construir sobre las ruinas su propia idea de lo que yo debía ser, pero en aquella ocasión, con el último resquicio de resistencia que me quedaba, algo salió al paso desde muy adentro respondiendo: "Entonces, quiero ser como un gato, y que todo esto me dé igual. Y que me de igual estar sola, y que me importe una mierda lo que la gente como tú pueda pensar de mí". 

Como un gato de cuento, he muerto varias veces desde aquel día. A veces ha sido la curiosidad lo que me ha llevado de una vida a otra. En ocasiones aún siento el roce de las invisibles cadenas del entrenamiento que, lección tras lección, se prolongó el tiempo necesario para aprender que sólo dependía de mí que siguieran allí. Las cosas me hubieran ido mucho mejor si no me lo hubiera tomado siempre tan en serio todo, lo sé: pero yo creía en la realidad de todas aquellas maravillas cuyos nombres otros sólo usan como cebo. Lo cierto es que, a pesar de todo, sigo creyendo en ella. Sigo en el camino, convencida, y cada segundo que pasa tardo menos en detectar las trampas. Hago las paces con mi vida, aunque no siempre sea fácil, y me compadezco de los tramposos, porque llegará el día en que tendrán que rendir cuentas por todo aquello sagrado que fue nombrado en vano, o se usó para propósitos desviados.

Tal vez sea hora ya de ir asumiendo que el mundo de "los que tanto saben", es las más de las veces una farsa en la que se miente más que se habla, en la que las promesas no tienen otro valor que el de poder enredarnos para que entremos en túneles por los que ellos no caben, y consigamos para ellos los tesoros que no pueden alcanzar con sus propias manos. Renunciar a su corrupción, y aprender de cada uno de nuestros pasos, de cada golpe y cada caricia que la Vida por sí misma nos da. Restablecer el vínculo, devolver la esencia a todas las formas que hace ya mucho fueron privadas de ella. Porque cuando llega al destino adecuado, el oro de las hadas no necesita desvanecerse al amanecer.

30 de julio de 2012

Después del incendio


Sara Uría, Brote, sf

Como cada año, los incendios arrasan parte de nuestros bosques, aunque este año el fuego parece haberse ensañado especialmente. Por supuesto, a pesar de que se busque señalar culpables, aquello que hay detrás de tanto sufrimiento es una mala gestión de las áreas forestales, provocada por la ignorancia y el desinterés de los mal llamados "responsables". 
Una vez más, como en tantos otros aspectos que no parecen tener cabida en las agendas del político de turno, las iniciativas para mejorar esta situación provienen de ciudadanos que en ocasiones no tienen más que aportar que sus desinteresadas ganas de ayudar. A pesar de esta situación, son muchos los logros que se pueden alcanzar por este medio, si bien debemos asegurarnos que nuestras buenas intenciones y esfuerzos no caigan en un saco roto, o lo que sería peor, resulten contraproducentes.  

Después de un incendio, después de tragar con los ojos las imágenes desoladoras que las llamas dejan a su paso, nuestra imaginación herida trata de sustituir el gris de la ceniza por un tapiz de nuevos y redentores verdes. El bosque puede recuperarse, nos decimos; lo que no queremos oír es que para recuperar nuestros bosques debemos ser capaces de darles tiempo. Lo que no queremos oír es que para volver a tener bosques, deberemos defender durante muchos meses los terrenos calcinados y silenciosos. Sucede, al fin y al cabo con nuestras propias vidas; hemos adquirido la tendencia a desechar las cosas antes que arreglarlas, a descartar un proyecto, por importante que sea, si nos pide invertir demasiado tiempo en su realización, etc. 
Plantar un árbol, o dos, o un millar es una buena ayuda. Pero no sirve de nada si no se hace cuándo y dónde debe hacerse. De hecho, no sería muy extraño que con el argumento de que "la reforestación no funcionó", se decida vender el terreno y despedirse no sólo del bosque que se perdió, sino del que pudo haber regresado. 

No nos sobran bosques, y cada vez están en peores condiciones. Entre las muchas cosas que quedan por hacer y que, por su naturaleza, deberían incumbir a todo aquel que se considere pagano, es recuperar el conocimiento relacionado con los bosques; las especies que los habitan, los modos en los que éstas interactúan, entender cuál es el papel del hombre en los bosques, a los cuales puede - y debería- defender, no sólo desde la posición de un voluntariado de emergencia, sino como una fuente de trabajo digno, que tampoco nos sobra, así como contribuir a revalorar los bosques - y otros entornos naturales-, como un espacio de educación y cultura que no podemos permitirnos perder. Este no es un trabajo que se pueda conseguir en un año o dos, pero es una labor que debe hacerse, que cualquiera puede empezar a hacer, y en la cual cada objetivo alcanzado, por pequeño que sea, es un gran logro, aún cuando no sirva a fines publicitarios.

Dicho esto, reproducimos un fragmento de el comunicado emitido por la asociación IAEDEN-Salvem l'Empordà el pasado 27 de julio, con algunas indicaciones para recuperar los terrenos afectados por un incendio. El comunicado completo puede leerse en VivaLeBio.


MEDIDAS Y CRITERIOS A TENER EN CUENTA PARA RECUPERAR UNA ZONA DESPUÉS DE UN INCENDIO 
Desde la IAEDEN-Salvem l'Empordà, ante las diferentes iniciativas que están saliendo a internet, de manera más o menos estructuradas, de plantación de árboles o de realizar acciones de recuperación, queremos hacer un llamamiento a la calma y serenidad. Queremos recordar los criterios científicos basados ​​en evidencias y conocimientos que deben tenerse en cuenta con una situación de este tipo. Un ejemplo lo podemos encontrar en estas recomendaciones(1): 
1. No repoblar entre 12 y 24 meses después del incendio. El suelo pasa durante los primeros meses por "una ventana temporal de riesgo de degradación". Es un sistema muy frágil que implica que los primeros centímetros de profundidad quedan afectados. El mismo suelo ha de regenerarse antes de llevar a cabo cualquier tipo de intervención humana. 
2. Reforestar sin utilizar maquinaria para conservar el banco de semillas edáfico. Es importante repoblar con especies autóctonas y hacerlo cuando el suelo goza de humedad suficiente para que el plante arraigue. Durante el invierno sería una buena época. Y sólo si es necesario. En gran parte de las zonas el medio se puede auto-reforestar sin nuestra ayuda. 
3. Proteger de la erosión. Si se quiere proteger de una posible erosión por lluvias torrenciales, la actuación debe ser en este caso inmediata, lo antes posible. En este sentido aplicar materia orgánica podría ser efectivo. A menudo se forman de manera natural, acolchados de acículas de pino. Un ejemplo de cómo la propia naturaleza protege el suelo del impacto de las gotas de lluvia. Habrá zonas donde el suelo ha quedado en muy malas condiciones y donde ni siquiera una reforestación podría ser un éxito. Para estos casos la aplicación de algún sustrato orgánico, compuesto, podría funcionar. 
4. Consultar a profesionales. Hay que diagnosticar para poder decidir qué es lo mejor en cada caso, y en cada zona afectada. A veces es mejor dejar que la naturaleza se recupere por sí sola, pero cualquier decisión debe basarse en un diagnóstico experto. 
(1) Jorge Mataix-Solera, profesor de Edafología Ambiental de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH). Coordinador de FUEGORED, red donde cada vez hay más presencia de gestores que tratan de acercar la investigación a la gestión forestal. En 2012 la red se compone ya de más de 200 miembros, investigadores de más de 30 universidades y centros de todo el estado así como destacados investigadores extranjeros procedentes de países como Australia, Estados Unidos, Portugal, Lituania o Reino Unido.
IAEDEN (Institución Altempordanesa para la Defensa y el Estudio de la Naturaleza) - Salvem L'Empordà 

25 de julio de 2012

La savia de los almendros. Crónica de la primavera.


Como parte del trabajo en el Taller de Crónica, se decidió publicar una serie de artículos relacionados con los movimientos sociales que desde hace más de un año han estado surgiendo y desarrollándose en diversos puntos del planeta.  Decidí retomar entonces el texto de La savia de los almendros, escrito después de leer las noticias relacionadas con la Primavera valenciana, y seguir el curso de ideas a las que me llevó. 

Mercedes Pérez (Kotori), Almendro en flor, 2010

La crónica. Y cómo se hace para hablar de lo que no se puede… Trepa por una raíz hacia el centro donde los relatos son uno, narrado mil veces en mil formas distintas y diluido en el tiempo por donde fluye más o menos desapercibido.

Hubo una vez un joven que, deseando ser investido como rey, pidió al dios del mar una señal de la legitimidad de su poder. Poseidón hizo surgir de las aguas un hermoso toro blanco, que debía ser sacrificado como símbolo de sumisión a las funciones del cargo real. Sin embargo, valorando la belleza del animal el nuevo monarca decidió atesorarlo para sí, y creyendo ingenuamente que la divinidad no se daría cuenta de la sustitución, sacrificó en su lugar al mejor ejemplar de su terrenal ganadería. De esta traición primera nació, como recordatorio de la falta cometida, el Minotauro. La trágica caricatura del poder corrupto, al que año tras año debían sacrificarse las nuevas generaciones.
Algo más tarde llegaría el correspondiente libertador, para dar un respiro al curso de esa historia que olvida pronto que el héroe siempre está a un paso del monstruo, y que el mismo traidor que es necesario derrocar, fue en otro momento una fuerza por la que se clamaba a los cielos. Un tirano es como un invierno demasiado largo.

***

De camino al trabajo, con hojas como escudos y yemas a modo de lanzas, un joven almendro desafía desde hace semanas al invierno. Y cada día que pasa son más los botones que aparecen en sus ramas, más los pétalos que brillan como armas de marfil. Es posible que este arbolito esperara, como se espera lo inevitable, la granizada por la que hace apenas unos días, los vecinos se asomaron asustados a las ventanas. Sorprendidos porque la memoria de los hombres es, a menudo efímera, y desconoce esa atávica batalla entre las flores y el hielo, por más de que también tenga lugar en ellos, incluso si se encuentran pensando en otras cosas.

En la escuela, de niños, nos enseñaron que la primavera era la época más alegre del año; aquí y allí brotaban flores coloridas y pululaban indolentes los zánganos. Nos lo enseñaron así porque no recordaban lo que la primavera era. Sin embargo -esto algunos lo saben demasiado bien-, la primavera no es otra cosa que sobrevivir al invierno, y acercarse a un verano que muchos no llegan a conocer. La auténtica primavera no es el tiempo del sol, sino aquel en el que se clama por su regreso bajo la amenaza de un cielo plomizo o el azote de un viento helado.

Al refugio de las casas, de las oficinas, de los cines... Los desmemoriados se compadecen de la locura de los almendros, cuyas delicadas flores parecen abrirse siempre antes de tiempo, llevados por una insensata falta de paciencia que les impide esperar a que las condiciones para florecer sean las óptimas.
Y al otear perezosamente los colores que van rompiendo del gris monótono del horizonte, al intuir que con ellos llegan también el deshielo y el movimiento al mundo, algunos incluso se molestan; por más que cierren los ojos será difícil prolongar el cómodo letargo.  

Fuera, olvidadas de sí mismas, suaves corolas ondean como banderas, para señalar al invierno que su plazo está por expirar.  Los almendros son heraldos del regreso de Perséfone del exilio en las profundidades del inframundo. Abriendo camino a las primeras cosechas, la diosa asciende por el sendero de pétalos que el granizo desbarató, vestida con sus mismos colores, blanca y rosada aurora que llega tras una noche que parecía eterna.

Acaso por el íntimo conocimiento de su función, no tienen los almendros - jóvenes o ancianos-, miedo del frío, de las sombras o de la muerte. A pesar de los fuertes vientos, de la lluvia o de la helada permanecen erguidos, sostenidos por unas raíces cada vez más profundas. Alentados por el crecimiento de sus ramas oscuras, que tienden al cielo como manos que quisieran asir la luz y el calor y derramarlos eternamente sobre el reino de los mortales, ofrecen sus flores con singular generosidad, sin preocuparse demasiado por si éstas habrán de convertirse en fruto o caer en tierra, porque florecen en abundancia.

Esto es así en todas las Primaveras: a pesar de la desigualdad de condiciones esas flores aparentemente frágiles, desafían con su claridad la amenaza de roca que se cierne sobre ellas. Lo hacen incluso sin ser conscientes del triunfo  conquistado en silencio; pues aún quedando deshechas por el suelo, son la prueba viviente de que tras un inverno demasiado largo la savia de los almendros vuelve a circular.

Despierta con su latido la tierra dormida, levantan el vuelo de las aves que cantan a los cuatro confines del mundo lo que aunque los hombres no recuerden, pueden aprender de nuevo, reverdeciendo.

***

El Invierno siempre regresa. Posiblemente no podríamos vivir en una eterna Primavera, tampoco en un Verano u Otoño eternos, por lo que la reaparición en escena del viejo invierno no carece de una cierta lógica. ¿Para qué batallar?

Forma parte del carácter invernal el tratar de permanecer como un ídolo monolítico y perpetuar indefinidamente el silencio y el estancamiento que terminan por imponerse bajo su reinado. El Invierno intentará prolongar su mandato, aunque para ello tenga que hundir zarpas de hielo en la carne de la tierra y devorar por igual a hijos ajenos y propios antes de que éstos puedan llegar a conocer la luz del sol, ahogando de antemano la voz que podría reclamar que el momento de los nuevos ha llegado.

El Invierno volverá, haciéndonos sentir demasiado débiles, pequeños e impotentes ante el despliegue de sus titánicas fuerzas, y la guerra más vieja del mundo no podrá jamás ganarse por completo. ¿Para qué batallar, entonces?
Es necesario lograr desterrarlo a tiempo, cada vez, aunque no pueda ser por siempre. Hay muchas razones para ello; las aves, las cosechas, los hijos propios y los ajenos… Dicho así, no ha de parecer gran cosa; pero sospechamos que en el fondo, de esta capacidad de oponer resistencia, sobrevivir y arañar con manos desnudas un pedazo de Invierno para convertirlo en un principio de primavera, depende que una vida merezca ser vivida.  

25 de abril de 2012

Love potion. Medios, brujería y adolescentes.


"Love Potion" se publicó en la revista Heart Throbs núm.137, en enero de 1972. Es una de las publicaciones para adolescentes y mujeres jóvenes que circulaban por aquella época y que Jacque Nodell se dedica a recopilar en Sequential Crush, fuente del siguiente documento. 


Todos hemos leído alguna vez algún cómic procedente de editoriales extremistas cristianas, en las que, aún en la actualidad, lo mismo se ataca a la brujería que a los juegos de rol o a la música rock. La peculiaridad de este cómic reside en la alusión directa a la práctica brujeril, presumiblemente ligada al neopaganismo, como un elemento presente en la juventud de los '70. Dado que ninguna publicación es inocente, el documento nos aporta algún dato respecto a la "respuesta" que desde los medios se daba a determinadas inquietudes, aún sin terminar de comprender el fenómeno.


La protagonista de la historia es Shirley, una joven enamorada de Walter, su compañero de escuela, que al parecer no le hace demasiado caso. Sin saber que más hacer para llamar su atención, accede a la propuesta de su amiga Rita de participar en un ritual de brujería.


Rita asegura que la "magia negra" funciona si se sabe usar. Convoca una reunión extraordinaria de su coven, para realizar un hechizo de amor empleando el pañuelo de Walter. En la escena del ritual vemos que las jóvenes del coven, vestidas con túnicas negras en forma de Tau y con la cabeza cubierta por un pañuelo, se disponen en círculo. Shirley, en el centro, sostiene el pañuelo sobre el humo del incienso.
Rita inicia una invocación: "Eko eko Azarak ... eko eko Zamilak". Aquí se evidencia la referencia a Gardner y, por extensión, a la Wicca.  El canto aparece en la versión de 1949 del Libro de Sombras Gardneriano ; los Farrar aún no habían publicado Eight Sabbats for Witches (1981) y una de las posibles fuentes de Gardner, un artículo de Charles Fuller publicado en 1921 y 1923 queda demasiado lejano. De cualquier modo el canto debió haberse popularizado lo suficiente como para asimilarse a las prácticas de brujería a principios de los años '70, tal vez a través de artículos revistas o referencias en publicaciones no paganas, o bien el guionista de la historia conocía el tema y quiso hacer un guiño a alguien.
Sin embargo, a continuación Rita salta la línea para proceder a llamar a Baal, Lucifer y Kronos - algo raro para un conjuro amoroso, pero que encaja con la "magia negra" citada al principio de la página-. 


Shirley vuelve toda mareada a su casa, y justo después de cubrir el teléfono con el pañuelo encantado, suena la esperada llamada de Walter. Acuerdan una cita, van al cine, etc. Finalmente Shirley - ¿por remordimiento post intento de manipulación?- pregunta a su acompañante porqué se había decidido a llamarla. Él responde que estaba en un proyecto secreto, asignado por el periódico de la escuela, para investigar los rumores sobre algunos alumnos involucrados en brujería, "y tonterías de esas", concluyendo que "si existen los covens, deben manejarse en un profundo y oscuro secretismo".


Shirley pone cara de susto primero, y luego de alivio por haber podido salvar su imagen delante de Walter. Se cree sin demasiadas reservas que el muchacho siempre la había adorado, y finaliza la historia tirando el pañuelo encantado por el puente "Sí son tonterías, no necesito la magia". Y todos felices.

Obviamente en ningún lugar se plantea siquiera que la práctica brujeril pueda responder a una clase de culto real. El mensaje general de la historia no es agresivo ni alarmista respecto a la brujería, al contrario, la respuesta, condescendiente, es la propia del adulto que intentan ridiculizar la cuestión aún sin terminarla de comprender : La magia no funciona y todo eso de la brujería - covens, túnicas, círculos, incienso... - son sólo cosas raras, extravagancias y tonterías que encima la hacen a una quedar mal delante del hombre que tanto se esfuerza en conquistar.  
Cabe destacar que no hay en la narración una preocupación de tipo religioso por la herejía que supone la práctica brujeril, tampoco no hay un llamado de atención por la falta de ética que supone tratar de amarrar a alguien, ni siquiera incluso una advertencia por el riesgo de caer en las redes de una secta peligrosa. En una historia rosa, el único peligro es quedarse sin novio.


*****

Por lo visto, hay cosas que no han cambiado demasiado en los últimos cuarenta años. Muchos adolescentes se sienten atraídos en algún momento por el ocultismo, ya sea el tarot, la oui-ja, o algún tipo de rituales de diversas procedencias. Ante estas inquietudes el entorno adulto suele responder con un alarmismo exacerbado, o con una condescendencia que puede llegar a ser negligente. En la mayoría de casos "son cosas de críos" y luego se les pasa, sin embargo los mecanismos de la magia pueden ser puestos en funcionamiento incluso sin haber pensado demasiado lo que realmente se está haciendo. 

Esto puede ser causa de grandes problemas para el adolescente, que luego repercutirán en el resto de la familia. Obviamente la solución no pasa por prohibir nada, sino por ayudar al joven a desarrollar una capacidad de análisis propio, alentar su sentido crítico, y confiar en que tome las decisiones correctas en un campo que en la mayoría de los casos conoce mejor que los adultos que lo rodean. 
Nuestra manera de conducirnos en la práctica mágica es un reflejo de la manera en cómo lo hacemos en el resto de nuestras vidas, por lo que no creo que sea necesario tomar medidas específicas en este ámbito. Por ejemplo, no sirve de nada tratar de advertir sobre la brujería si se puede caer en cualquier grupo de manipulación psicológica, que no tienen porqué estar relacionados con la religión o la práctica ocultista. La persona prudente, sensata, ética, etc.. lo será dentro y fuera de la magia, y la persona con problemas de conducta, también.