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6 de agosto de 2012

El Lince

ACAJÚ, Cachorro de lince ibérico, 2012

Los linces son un género de mamíferos carnívoros de los felinos, entre los que se distinguen cuatro especies, todas habitantes del hemisferio norte: Lince rojo (Lynx rufus), lince de canadá (Lynx canadensis), lince euroasiático (Lynx lynx) y el lince ibérico (Lynx pardinus). El llamado lince africano (Caracal caracal), que habita en África y gran parte de Asia Central y Occidental, es un felino que guarda algunas semejanzas externas fruto de la convergencia evolutiva, como son su cola corta, sus orejas terminadas en largos pelos negros y los mechones de las mejillas, pero que no está emparentado con el género Lynx.

El lince rojo (Lynx rufus)

Len Blumin, Bobcat, 2004
El lince rojo está ampliamente distribuido por Noerteamérica; desde el sur de Canadá hasta el sur de México, y desde la costa atlántica hasta la pacífica. Se encuentra en una gran variedad de hábitats, desde bosques boreales hasta zonas semidesérticas, y prefiere refugiarse en zonas de vegetación densa, grutas y otras zonas cubiertas.
Puede alcanzar los 60 cm de altura y llegar a pesar 18 kg. La coloración del pelaje va del gris al marrón, con orejas negras en cuyos extremos se observa el característico “pincel” negro de los linces, además el lince rojo tiene unas franjas negras distintivas en las patas delanteras, y la punta de la cola negra.
Al igual que otros linces, el lince rojo es principalmente solitario y territorial. Los individuos de diferente sexo solapan sus respectivas áreas y se toleran entre sí, cosa que no ocurre con los de su mismo género. La época de apareamiento es entre febrero y marzo y el periodo de gestación es de aproximadamente dos meses. Los cachorros acompañan a la madre aproximadamente hasta los nueve meses de edad, momento en que se dispersan en busca de su propio territorio.
A pesar de preferir alimentarse de conejos y liebres, el lince rojo caza desde pequeños roedores o aves, hasta ciervos, y ocasionalmente puede comportarse como carroñero.

El lince canadiense (Lynx canadensis)

Erwin and Peggy Bauer, Lynx stalking its prey, 2010
El lince canadiense, habita la taiga de Canadá y Alaska, aunque también se encuentra en algunas zonas boscosas del norte de EEUU.  Es una de las especies más grandes de lince. Se caracteriza por su pelaje pardo claro y largo, normalmente no presenta manchas o las tienen en muy poca cantidad, principalmente en las patas. Como otros linces suele alimentarse de pequeños mamíferos o aves, especialmente de liebres, y sólo ocasionalmente ciervos y caribúes.  Las hembras paren de 1 a 5 cachorros en primavera. A pesar de que la especie no se considera en peligro de extinción, el lince canadiense ha desaparecido de algunos territorios debido a la destrucción de su hábitat o de la caza por su piel.

El lince boreal o euroasiático (Lynx lynx)

Andreas Tille, Lynx in Numedal Zoo, 2003
El área de distribución original de esta especie abarca gran parte de Europa (donde se ha reducido considerablemente debido a la acción humana) y Asia.  Se trata de una especie predominantemente forestal, aunque también puede vivir en praderas y pastos de montaña e incluso en la tundra siberiana.
Es el lince de mayor tamaño. El pelaje varía entre pardo rojizo y amarillento, tornándose grisáceo y mucho más largo en invierno. El patrón de manchas varía de unas regiones a otras, incluso dentro de una misma subespecie. Por lo general, las poblaciones situadas más al norte y en hábitats más despejados presentan una menor concentración de manchas, que aumenta en los individuos que viven en bosques más densos, en el sur de su área de distribución. En la cara se observan manchas, marcas y líneas, también negras, como la punta de la cola.

Como sucede con el lince rojo, los territorios de individuos de diferente sexo se solapan. Dentro del territorio de cada macho suele existir el territorio - más pequeño- de una hembra, con la que se aparea con mayor frecuencia. Cuando la hembra tiene crías, el macho, no participa en su cuidado y suele evitar las áreas más frecuentadas por ésta y sus cachorros, no obstante, sigue defendiendo los límites de su territorio, por lo que durante esta época la hembra queda a salvo de disputas por el territorio o la comida, centrándose en sacar adelante a la camada.
La época de apareamiento tiene lugar entre enero y marzo. Durante dos días dentro de este periodo, macho y hembra se reúnen y viven, cazan, comen y duermen juntos. Lo habitual es que las hembras lo hagan una sola vez al año. Los machos, por el contrario, buscan otras hembras, apareándose varias veces durante la época de cría.

El periodo de gestación es de aproximadamente dos meses, la hembra da a luz normalmente de 1 a 5 crías diminutas, aunque pueden darse partos mucho más numerosos. Al cumplir un año los jóvenes linces inician su vida en solitario. Las hembras permanecen en áreas cercanas a las de la madre, mientras que los machos viajan largas distancias para encontrar su propio territorio.
Al contrario que otros linces, el euroasiático basa su dieta en la captura de ungulados, generalmente jóvenes, como ciervos, muflones, rebecos, cabras salvajes o renos. Los individuos jóvenes y los que habitan en zonas más escasas en ungulados consumen con mayor frecuencia pequeños mamíferos, aves e incluso otros carnívoros de menor tamaño.

El lince ibérico (Lynx pardinus)

ACAJÚ, Lince ibérico cazando, 2012
El lince ibérico es una especie de lince endémica de la Península Ibérica, y el felino más amenazado del mundo.  Es un lince de pequeño tamaño, que pesa aproximadamente la mitad que el lince boreal o euroasiático. Los machos adultos pesan un promedio de 12,8 kg y las hembras sobre 9,3 kg, llegando a pesar los machos hasta 20 kg.  La coloración del pelaje varía de pardo a grisáceo con los flancos moteados de negro, la cola también termina en negro. son características las orejas puntiagudas terminadas en pelos negros rígidos, y las patillas que cuelgan de sus mejillas.

El lince ibérico se encuentra en el bosque y matorral mediterráneo, en zonas muy restringidas de la península ibérica, que le proporcionan refugio y pastos abiertos para cazar. En España en muy pocas áreas, bien conservadas y aisladas de la actividad humana, mientras que en Portugal parece que se ha extinguido.  El tamaño del territorio ocupa unos 10 km². En zonas ricas en alimento, el territorio del lince será algo menor que en zonas pobres. El lince está generalmente ausente en las tierras de cultivo y en plantaciones de árboles exóticos (eucalipto y ciertos pinos), donde también escasean los conejos.

En la mayoría de los casos, el lince ibérico vive de manera solitaria y nómada, mostrándose más sociable en la época de celo. Es un ágil cazador que se aproxima sigilosamente a la presa y salta sobre ella con rapidez. Menos frecuentemente espera oculto a que pase cerca una pieza. Los linces jóvenes son básicamente crepusculares y diurnos, con un aumento de su actividad nocturna después de su primer año de vida. Durante el invierno, los linces pueden tener actividad durante las 24 horas del día, contrastando con sus hábitos casi estrictamente nocturnos en verano.
El lince ibérico es el único carnívoro considerado como especialista en conejos. Esta especie le aporta del 80 al 90% de su alimentación. También consume aves, especialmente patos, pequeños mamíferos y ungulados.

ACAJÚ, Pareja de linces ibéricos, 2012
La época del celo comienza entre enero y febrero. A pesar de ser un animal de hábitos solitarios, en esta época del año el lince ibérico suele permanecer con su pareja. La gestación dura de  aproximadamente dos meses o dos meses y medio. Las camadas suelen constar de una a cuatro crías, siendo lo más habitual dos cachorros. Los cachorros se independizan en un período de 7 a 12 meses (más o menos cuando la hembra entra de nuevo en celo) y permanecen en su territorio natal hasta los 20 meses. Suelen sobrevivir a la independencia entre uno y dos linces por hembra.
Las hembras pueden criar en su primer invierno, pero es posible que una hembra no se reproduzca hasta transcurridos cinco años de edad, y solamente cuando su madre muera y adquiera un territorio se reproducirá (lo que no favorece la repoblación del lince).

El lince ibérico fue declarado especie en peligro en 1986 por el centro de seguimiento de la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Este estatus se mantuvo en las revisiones periódicas de este organismo hasta 2002 en que se cambió a una categoría de mayor amenaza En Peligro Crítico.
ACAJÚ, Madre lince con su camada, sf.
Las principales amenazas sobre la especie son los atropellos con vehículos de motor, la caza furtiva, la instalación de cepos y lazos dirigidos a otras especies, el envenenamiento y la reducción de las poblaciones de conejo debidas a la sobreexplotación del estrato herbáceo que conlleva la ganadería intensiva, además de otros problemas comunes a muchas especies que provocan la pérdida de hábitat, como los incendios forestales, la urbanización del medio natural y las reforestaciones inadecuadas con especies de crecimiento rápido -pino y eucalipto- que son incompatibles con el desarrollo del matorral. Otro factor que dificulta la viabilidad de esta especie es la fragmentación de su área de distribución por construcción de infraestructuras, lo que provoca que las poblaciones se separen hasta llegar a estar totalmente incomunicadas, lo que impide el intercambio genético entre poblaciones.

Ante la situación crítica del lince ibérico, desde hace años se desarrolla un programa de cría en cautividad, cuya finalidad es proporcionar un número suficiente de individuos para salvaguardar la especie dela extinción y ayudar a restaurarla en la naturaleza. Los objetivos del programa son establecer una población de lince ibérico viable desde el punto de vista sanitario, genético y demográfico, y, por otro lado, preparar a los ejemplares de lince ibérico para su reintroducción en áreas de distribución histórica. La reintroducción del lince ibérico en el área de distribución histórica es imprescindible para garantizar la recuperación de la especie a medio-largo plazo. Con la conservación del lince ibérico se está contribuyendo a conservar uno el ecosistema del monte mediterráneo, que da cobijo a otras especies en peligro de extinción.
En la página Lynxexsitu se puede seguir en detalle el desarrollo de este programa, que además ofrece un sistema de voluntariado para biólogos, veterinarios, licenciados en ciencias ambientales y otras titulaciones relacionadas con la conservación de especies. Otro proyecto importante para la conservación del lince ibérico es el Life-lince, que también presenta informes sobre su desarrollo y admite voluntariado.


EL LINCE EN LA MITOLOGÍA

A pesar de la amplia distribución con la que cuenta, el papel del lince en la mitología parece ser discreto. En la mitología Nativa Americana el lince se asocia al coyote en términos de dualidad. Lince y Coyote se vinculan respectivamente a la niebla y al viento, elementos opuestos en el folklore nativo. Esta dualidad básica, con muchas variaciones, se encuentra en las culturas nativas de Norte América, con paralelismos en Sur América.  Una versión, que aparece por ejemplo entre los Nez Perce muestra a Lince y Coyote como seres opuestos, antítesis el uno del otro. Sin embargo, otra versión los muestra idénticos. Claude Lévi-Strauss arguyó que los gemelos que representan conceptos opuestos es inerente en las mitologías del Nuevo Mundo, pero la dualidad simétrica es propia de las culturas del Viejo Mundo. Adicionalmente, la versión que se encuentra entre los Nez Perce es mucho más compleja, mientras que la versión que muestra a lince y coyote como equivalentes parece haber perdido el sentido original de la historia.

Según la mitología griega, los linces descendían de Linco. La diosa Deméter, en agradecimiento por la información que sobre el paradero de su hija le había dado había aportado,  entregó a Triptólemo el grano del trigo y lo instruyó en su cultivo. A su vez, Triptólemo confirió a Linco, rey escita, el privilegio de ser el primer hombre en conocer los secretos de la agricultura. Sin embargo, Linco se negó a transmitir a los demás hombres el conocimiento que le había sido legado e incluso trató de matar a Triptólemo, por lo que fue convertido en una bestia por la diosa Démeter y condenado a vivir en los bosques.

En la mitología griega otros personajes llevan el lince en sus nombres, si bien no se menciona directamente una metamorfosis o un vínculo con este animal. Un ejemplo es el episodio de las Danaides. A causa de una disputa con su hermano Egipto, Dánao se exilió junto con sus hijas y llegó a convertirse en rey de Argos. Egipto envió a sus cincuenta hijos para que se casaran con sus cincuenta primas, sellando así la paz entre hermanos. Sin embargo, Dánao encargó a sus hijas la misión de llevar una daga la noche de bodas y asesinar a sus esposos. Sin embargo, la mayor de las danaides, Hipermnestra no llegó a ejecutar a su esposo, Linceo, como muestra de gratitud por haberla respetado durante toda la noche. Linceo se refugió en una colina  e  Hipermnestra le hizo saber que era seguro regresar agitando una antorcha. Por ello, Hipermnestra fue sometida a juicio y condenada a muerte, pero resultó finalmente liberada por Afrodita, quien había sido conmovida por los enamorados. Más tarde Linceo vengaría la muerte de sus hermanos matando a Dánao. Linceo e Hipermnestra fundaron una dinastía de reyes argivos, comenzando con Abas. En algunas versiones del mito, las danaides fueron condenadas en el inframundo a acarrear agua eternamente en un cántaro con agujeros, pero Hipermnestra accedió directamente al Eliseo.  

Lince viene de la raíz indoeuropea *leuk - 'luz, brillo", como animal que ve en la noche, conserva un simbolismo luminoso, tal como el lobo en los países septentrionales. Algunos autores han señalado una posible relación simbólica entre el lince y el dios céltico Lug - cuyos nombres son homónimos en irlandés antiguo-, paralela a la que existe entre el lobo y Apolo. Aunque en esta asociación se considera a Lug como dios solar, o considerando principalmente el aspecto solar de esta divinidad. Los mismos autores señalan que las cuerdas de arpa se fabricaban con tripas de lince, y que  el sonido de estos instrumentos se consideraba sagrados. 
Es necesario señalar al respecto que durante muchos años el nombre *Lugus se consideró derivado de la raíz proto-indoeuropea *leuk-, "luz", y por ello se consideró un dios solar. Sin embargo esta etimología fue descartada debido a que no se conoce ningún caso en que la *k proto-indoeuropea  derive en *g-  en proto-céltico, sino que permanece como *k. La derivación directa de la raíz proto-indoeuropea *leuk- (‘luz blanca’) es *leuk- como en el nombre del dios Leucetios.

Una creencia medieval atribuía a la mirada del lince el poder de horadar muros y murallas; en algunos grabados renacentistas en que se representan los cinco sentidos, el lince figura la vista. Se creía también que el lince era capaz de percibir sobre las imágenes el reflejo de aquello que le estaba oculto. 
En 1603, Federico Cesi funda la Accademia dei Lincei ("Academia de Linces"). Fue una de las sociedades científicas más antiguas, y  su emblema fue un lince peleando con Cerbero, el guardián del inframundo, invocando la reputación del lince de ver a través de los engaños y descubrir la verdad. Los fundadores de la academia se inspiraron en la obra Magia Naturalis de Giambattista della Porta, que tenía una ilustración del legendario felino en la cubierta con las palabras «...con ojos de lince, examinando aquellas cosas que se manifiestan por sí mismas, de manera que habiéndolas observado, pueda fervorosamente usarlas».  
Federico Cesi dijo"... la perspicacia del lince proviene de dos virtudes complementarias - agudeza de vision y profundidad de entendimiento, el exterior y el interior, el ojo y la mente", "así como el lince, con su visión superior, no sólo ve lo que yace afuera sino que también percibe lo que proviene del interior". Cesi y sus allegados estaban interesados en todas las ciencias naturales, en su seno se escribieron obras como Il Saggiatore de Galileo Galilei, o el Tesoro Messicano que describía la fauna y la flora del Nuevo Mundo.  


Fuentes consultadas:

http://en.wikipedia.org/wiki/Lleu_Llaw_Gyffes
Jean Chevalier, Alain Gheerbrant: Diccionario de símbolos, Barcelona, Herder, 2003, pp.648-649, 652-653.

Imágenes
Las imágenes de los linces, canadiense y europeo se pueden encontrar en Wikimedia Commons.
Las imágenes de linces ibéricos han sido publicadas por la productora ACAJÚ. La mayoría de estas imágenes son fotogramas de una serie de documentales en alta definición sobre el lince ibérico que están preparando y que forma parte del proyecto de conservación del Lince ibérico.


4 de diciembre de 2011

El Ciervo




EL CIERVO MÍTICO

Debido a la renovación anual de su cornamenta - identificada con el Árbol de la Vida-, en numerosas tradiciones el ciervo simboliza los ritmos de crecimiento y los renacimientos.

Algunas cosmogonías indígenas de América manifiestan este vínculo entre el ciervo y el árbol, y en ellas, se asocia el ciervo no solamente al este y al alba, sino también a la creación del mundo y los comienzos de la vida (a la que el ciervo llama a aparecer con sus bramidos). El ciervo es, así mismo, el heraldo de la luz que guía hacia la claridad diurna. Un canto de los pawnee lo recuerda:
“… Decimos a los niños que todos los animales están despiertos. Salen de las guaridas donde durmieron. El ciervo los conduce. Viene del sotobosque donde mora, guiando a sus pequeños hacia la Luz del día. Nuestros corazones están contentos”.
En otras tradiciones, esta vinculación del ciervo con la luz diurna adquiere una significación cósmica y espiritual. El ciervo aparece entonces como mediador entre cielo y tierra, símbolo del sol naciente que se eleva hacia su cenit, que en no pocas ocasiones asume un rol de psicopompo. Tal vez convendría ver en las cornamentas de ciervo coronando la cabeza del dios Cernunnos una radiación de luz celeste.

La asociación entre el ciervo y el sol tiene dos vertientes, en algunas tradiciones, el ciervo es un equivalente al águila, en su papel celeste y solar (o ígneo), opuesto a la serpiente que representa la tierra y el agua. Pero en este sentido el ciervo puede tener también una connotación negativa, abrasadora, y por ello en algunas regiones se considera un animal de mal agüero que puede advertir sobre sequías e incendios.


En la literatura medieval el ciervo aparece con frecuencia como la transformación de un ser humano o como preludio de encuentro con lo sobrenatural. En ocasiones, la caza del ciervo es condición para la obtención de la doncella, motivo que procede probablemente de alguna historia de metamorfosis, en la que el ciervo y la doncella eran un mismo personaje ( lo cual recuerda la leyenda muy posterior de La corza blanca, de Gustavo Adolfo Bécquer). Esta capacidad de transformarse en ciervo proviene posiblemente de un sustrato mitológico celta, sin embargo, el elemento pasaría a formar parte de leyendas hagiográficas como la de San Patricio -que en un momento de peligro se transforma a sí mismo y a sus hombres en ciervos-.

Por otra parte, ya en la mitología húngara se narra la historia de los hijos de Nimrud, el gran jefe legendario de la antigua Sumeria, Hunor y Magor quienes en el transcurso de una cacería, encontraron un gran ciervo al cual siguieron. El animal los rehuyó, dejándoles en una tierra prometedora y abundante, donde se asentaron con sus pueblos. Esta historia, con las correspondientes variaciones, será un motivo que se repetirá en diversas mitologías, llegando hasta el oriente asiático.



La cierva es, por su parte, un símbolo esencialmente femenino, que puede desempeñar el papel de mater nutritia al cuidado de los niños inocentes (como es el caso de Habis, mítico rey de Tartessos o de Télefo, uno de los hijos de Heracles). En los pueblos turcos y mongoles, la cierva es la expresión de la tierra hembra en la hierogamia fundamental cielo-tierra. Según la creencia mongol, la cierva leonada, pareja del lobo azul, crió a Genghis Khan.

La cierva es también un animal consagrado a Artemis Además de tirar de su carro, la diosa transforma a a la Pléyade Táigete en cierva para librarla de su persecutor, y sustituye a Ifigenia por una cierva en el altar de sacrificio. También transforma, como castigo, al indiscreto Acteón en ciervo para que sea devorado por sus propios perros.

Uno de los trabajos de Heracles consiste en perseguir a la cierva Cerinea, de pezuñas de bronce, hasta el país de los hiperbóreos, a condición de no poderla dañar. En algunas tradiciones esta persecución de la cierva simboliza la búsqueda de la sabiduría. Según Paul Diel en este episodio:
“La cierva, (…) simboliza (…) la cualidad anímica opuesta a la agresividad dominadora. Los pies de bronce, cuando son atribuidos a la sublimidad, figuran la “fuerza del alma”. La imagen representa la paciencia y la dificultad del esfuerzo a realizar para alcanzar la fineza y la sensibilidad sublimes; e indica que esta sensibilidad sublime (cierva), aunque opuesta a la violencia, está dotada de un vigor exento de toda debilidad sentimental (pies de bronce).”
Entre los antiguos húngaros la imagen de una cierva provista de una prodigiosa cornamenta, en ocasiones portando el sol entre sus cuernos, es símbolo del cosmos y por esta razón los escitas representaron a menudo las cornamentas de los cérvidos como llamas. El mismo sol se simbolizó como hijo de esta cierva legendaria. La siguiente canción de Navidad cantada por los regös húngaros ilustra la imagen:
"Cierva de testa maravillosa, con cuernas de mil ramas y puntas, mil ramas y puntas y mil brillantes velas. Entre sus astas porta la luz del sol bendito, en su frente hay una estrella, en su pecho la luna."




EL CIERVO EN LA NATURALEZA


La familia / especie

Los cérvidos (Cervidae) son una familia de mamíferos rumiantes ampliamente distribuida, a excepción del territorio subsahariano, donde los antílopes se encuentran establecidos en los llaman «nichos ecológicos» que en otros lugares ocupan los ciervos.

El ciervo común o venado (Cervus elaphus) es una especie de cérvido ampliamente distribuida por el Hemisferio Norte. Se han documentado unas 27 subespecies distintas con un área de distribución que se extiende por el norte de África, Europa, América del Norte y Centroamérica, que se diferencian entre sí por el tamaño, longitud y color del pelo y forma de las cuernas. Los uapitíes norteamericanos, antaño clasificados como una especie independiente, se clasifican actualmente como subespecies de ciervo.



Características físicas y apariencia

El ciervo tiene un tamaño ordinario entre 160 a 250 cm de longitud y un peso que, en los machos, puede alcanzar los 200 kg. La especie presenta dimorfismo sexual, siendo los machos mayores que las hembras. Los individuos de sexo masculino presentan cuernas que renuevan cada año y, en algunas subespecies, pelo oscuro en cuello y hombros. En algunas ocasiones las hembras presentan también unos cuernos menores. El color del pelaje es normalmente pardo en todo el cuerpo salvo en el vientre y los glúteos, donde tiene un color más claro. Las crías de pocos meses tienen el pelaje rojizo, con manchas y rayas blancas que les ayudan a camuflarse.

Eventualmente pueden aparecer ejemplares blancos, se trata de una particularidad genética (leucismo) debida a un gen recesivo, que da un color blanco al pelaje, pero al contrario que en el caso de los animales albinos, los ojos mantienen su color normal y el individuo no presenta mayor sensiblidad a la radiación solar.

Hábitat

El ciervo habita zonas montañosas, y en bosques frondosos. En verano sube a los lugares más elevados de las cordilleras secundarias mientras que, en los meses invernales, abandona las montañas y desciende a los valles. Cuando las nuevas cuernas del macho están creciendo y aún son débiles, éste permanece en bosques de arbustos y matorral bajo, para no dañarlas contra las ramas o los troncos.




Alimentación

La dieta del ciervo consiste en hierbas, yemas y cortezas de árboles, frutos, musgos, hojas, bellotas, castañas y moras, llegando también a roer sus propias cuernas desprendidas para aprovechar el calcio y sales minerales que les reporta.

Predadores

El ciervo alimenta a numerosos depredadores: linces, lobos, osos, tigres y leopardos (en Siberia y Manchuria), así como pumas (en América). Los individuos muy jóvenes, además, son cazados también por zorros, gatos salvajes, coyotes y águilas. Al contrario de lo que se cree los machos rara vez usan sus cuernos para luchar contra los predadores, ya que éstos son poco efectivos contra los carnívoros, pero pueden emplear la coz. Usualmente, sin embargo, emprenderán la huída o, en el caso de los cachorros, el camuflaje.
A pesar del gran número de predadores, éstos no son suficientes para poner en peligro la especie. En zonas donde se han exterminado a gran número de carnívoros, los ciervos pueden llegar a ser una plaga y amenazar la población de ciertas plantas.


Comportamiento

Una población de ciervos se divide en grupos. Las hembras, los cervatos y los ciervos jóvenes forman un rebaño liderado siempre por una hembra. Los machos adultos forman pequeños grupos, de menos de cinco individuos, y los más viejos viven aislados.

Sólo se acercan a las hembras en la época de celo (a principios de otoño), momento en que comienzan a luchar con los otros machos por el control de un grupo de hembras. Las demostraciones de poder de los machos incluyen los berreos y luchas rituales. Los territorios preferidos son en los que las hembras deban beber o alimentarse.

La cornamenta del ciervo macho se desarrolla durante el verano, adquiriendo mayor tamaño, longitud y número de puntas a medida que avanza la edad del ejemplar. En otoño pierde la piel aterciopelada que las recubre, para lo cual se ayuda frotando las cuernas contra los troncos de árboles.

Durante toda la época de apareamiento, los machos no se alimentan y pasan todo el día luchando entre ellos o copulando con las hembras, de tal manera que pueden llegar a morir de hambre y agotamiento si anteriormente no han acumulado reservas suficientes para el invierno. Se ha documentado que los ejemplares mayores pueden cojear después de este período, convirtiéndose así en presa preferente de los carnívoros, como el lobo.

Tras la época de celo, los machos abandonan la manada, y entre febrero y marzo todos los individuos han perdido ya sus cornamentas. Las hembras preñadas durante el otoño paren una cría o dos 8 meses después, a comienzos del verano. Los cervatillos pueden levantarse y seguir a su madre al poco de nacer, pero ella suele esconderlos entre la vegetación del bosque y acudir regularmente para amamantarlos, cosa que hacen hasta los 3 meses.

A los 2 años las hembras ya son adultas, mientras que los machos alcanzan la madurez a los 3, pero tardarán unos años más en poder vencer la resistencia de los machos adultos y poder aparearse.



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FUENTES:
Jean Chevalier, Alain Gheerbrant: Diccionario de símbolos, Barcelona, Herder, 2003, pp. 285-289

Joan Ramón Resina: La búsqueda del Grial, Barcelona, Anthropos Editorial, 1988, pp. 351- 352

ILUSTRACIONES

Todas las imágenes del artículo fueron realizadas por el pintor holandés Rien Poortvliet ( 1932-1995), conocido ilustrador de El Libro de los Gnomos, escrito por Will Huygen en 1977.


29 de noviembre de 2011

La naturaleza imaginada




Posiblemente, cuando iniciamos nuestro camino en paganismo nos aprendimos de memoria la etimología según la cuál la palabra religión procedía del latín religare, "volver a atar, a vincular". Y aunque dicha etimología sea dudosa, nos pareció una buena definición de lo que el paganismo debía ser: un camino en el que despertar la conciencia acerca de los vínculos que nos unen a lo más profundo de la oscura tierra, a lo más alto del cielo resplandeciente, a los elementos, al resto de criaturas vivientes con los que compartimos el único planeta que, al menos por el momento, podemos habitar.

Gran parte de la sabiduría heredada de nuestros antepasados en forma de leyendas y rituales codifica, a través de símbolos, determinados conocimientos acerca de los vínculos (positivos o negativos) del humano con aquello que lo rodea. Sin embargo, cuando el vínculo real del que nació el conocimiento se ha roto, las leyendas, rituales y otras expresiones simbólicas corren el riesgo de perder su significado, y convertirse en un recordatorio condenado a desvanecerse con el paso del tiempo. A menos que hagamos algo al respecto.

Todas estas formas de transmisión de conocimiento como son las antiguas canciones, los cuentos, las tradiciones domésticas, etc. son los últimos rescoldos del fuego que la humanidad, a través de sus muy diversas culturas, debería mantener encendido para evitar la extinción de ambos. Pero mantener algo vivo no significa repetirlo de modo idéntico a perpetuidad, sino viajar a la raíz, y comprender el aspecto más profundo de su realidad.

En las últimas décadas se han hecho importantes estudios acerca de las tradiciones, las narraciones, las costumbres y sus significados para una comunidad concreta o el conjunto de la humanidad, se han recuperado fragmentos perdidos de nuestro pasado, se han descifrado conocimientos ante los cuales permanecíamos ciegos hasta el momento. Todo esto ha contribuido al fortalecimiento de las formas de expresión del paganismo moderno. Sin embargo, no parece haber un avance equivalente en lo que a recuperación de los vínculos que dieron origen a estos códigos se refiere.

Es posible que esto sea debido a que en la actualidad los paganos occidentales han crecido en un medio urbano, o urbanizado, en el que estos vínculos con la tierra son constantemente negados y la naturaleza es tratada como un símbolo más, como un icono, una imagen idílica y, sobretodo, lejana. Se trata de una naturaleza imaginada... en cierto modo prefabricada como un escenario que se pisa, pero con el cuál jamás se interactúa. Un adorno, algo que está ahí, al otro lado de una barrera invisible, silenciosa e impenetrable.

Salvo algunas excepciones, no conocemos en profundidad el medio silvestre, la magnitud del daño que una alteración como la mengua o desaparición de una especie, animal o vegetal, puede causar en el ecosistema en el que está implicado, ni siquiera de cómo puede afectarnos a nosotros. Sin embargo, a menudo en un paseo por la red podemos constatar como los llamados animales totémicos o de poder ejercen una enorme atracción sobre muchos miembros de la comunidad pagana. Lamentablemente, incluso los animales que encabezan las listas de popularidad son con demasiada frecuencia unas criaturas cuya realidad es desconocida.

Una comunidad, o un individuo no escogía el animal que le parecía más fuerte o más bonito para que fuera su "animal de poder", sino que el animal totémico surgía como expresión simbólica del vínculo que los unía con dicha especie. Si no hay un conocimiento real de la naturaleza, no hay aprendizaje al respecto. Y, por supuesto, si no hay un vínculo con la especie no tiene demasiado sentido - al menos para la que escribe- hablar de totémicos a los que, cuanto menos, se les debe un respeto y algún tipo de servicio. Muchas de las especies preferidas por los "totemistas", como los lobos o las águilas, están en peligro de extinción, esto debería darnos alguna pista sobre lo que nos corresponde hacer al respecto. Creo que muchos naturalistas tienen un vínculo más sagrado con las especies por las que trabajan que algunos paganos...

En términos mucho más cercanos tenemos el caso de la agricultura y la ganadería. Si no fuera por los altibajos en los precios, y algunos titulares en periódicos y cabeceras de informativos, no nos daríamos por enterados de una sequía, una plaga, o una inundación. No es algo que nos cause una preocupación real. No vemos nacer, crecer y morir a los seres vivos que nos dan sustento y, por lo tanto, es difícil que comprendamos cabalmente no sólo cuánto debemos a la naturaleza, sino que nos dediquemos a la labor de devolverle algo, de trabajar por ella.

A pesar de los milenios que nos separan de los primeros humanos, aún no hemos adquirido la capacidad de alimentarnos de símbolos. A pesar de los siglos que nos separan de los campesinos medievales, del tiempo de las batallas nocturnas para asegurar buenas cosechas, aún dependemos de las semillas para alimentarnos. Se están haciendo cosas terribles con el ganado y los vegetales de los que actualmente nos alimentamos, y se están haciendo cosas terribles con la gente del campo, pero, al parecer, son cuestiones de segundo orden, y el paganismo no pelea ya por esta clase de asuntos.

Mientras se conserve la raíz el árbol podrá renacer, pero posiblemente poco haremos con un puñado de hojas. Por ello es necesario romper el escenario de la naturaleza imaginada, cruzar la barrera y limpiar, actualizar o restablecer los vínculos que nos unen al resto de seres vivos.
Por suerte para nosotros, muchas de las criaturas que han dado origen a la cultura que heredamos, siguen siendo reales. Como las viejas leyendas, a veces están ocultos en alguna especie de reserva, y pueden recuperarse con los cuidados adecuados. La realidad siempre supera a la ficción, y por ello es más triste perder una especie, que aquello que se escribió sobre la misma, que aquello que nos podría contar o podríamos deducir observándola en su medio.

Hay mucho trabajo que hacer al respecto, al que tal vez sería conveniente entregarse sin pensar en los resultados comparativos, como una práctica espiritual, como un servicio desinteresado a la comunidad y a la naturaleza; cualquier mejora, es una mejora.



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PD:

Con todo esto en la cabeza, decidí empezar con la divulgación publicando una serie de posts acerca de varias especies animales, teniendo en cuenta tanto su realidad natural y los roles simbólicos que se les han atribuido en diferentes culturas (así como se hizo con el proyecto "Naturaleza mítica" con el lobo, pero en versión breve).

Así mismo, voy a tratar de hacer una serie de artículos sobre la difícil situación a la que la agricultura y la ganadería están expuestas en la actualidad. Esto es un reto, ya que realmente no conozco demasiado al respecto, sin embargo creo que es una cuestión que hace tiempo debería estar entre los temas a tratar.


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