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4 de octubre de 2013

Encrucijada pagana, aventura radiofónica



A veces tenemos la sensación de que el Universo no nos hace demasiado caso, que anda lógicamente distraído con cualquier otra cosa. Pero el día que yo afirmé, colmada de angustia existencial, que no quería una vida aburrida, ese día, debía estar prestandome atención. Y yo que después de muchos tropiezos empiezo a aceptarlo, no puedo evitar alegrarme de ello.  
Entre la preparación del Seminario Pagano, el viaje a Zugarramurdi y la organización del Día del Paganismo,  estas últimas semanas han estado llenas de trabajo y carreras, pero sobretodo de encuentros presenciales y diálogo con otros paganos. Conocer personas nuevas, ver a las ya conocidas en un entorno que no es el habitual o trabajar en equipo siempre es una experiencia reveladora, que abre puertas a nuevas conexiones y planteamientos, ya sea por afinidad o contraste. 

Hace días que tengo tantos temas en la cabeza que es difícil escoger uno para empezar a escribir... A pesar de las dificultades, el ciclo ha sido generoso y la cosecha tan abundante que habrá que compartirla antes de que se eche a perder. El otoño ha traído incluso, bastante antes de lo previsto, la oportunidad de hacer un programa radiofónico dedicado al paganismo, al que hemos titulado Encrucijada Pagana. La radio es algo tan preciado por la que escribe, que irrumpir en sus entrañas de esta manera repentina, ha sido un buen recordatorio de porqué tenemos que estar preparados para que aquello que alguna vez nos atrevemos a desear se convierta en realidad en el momento menos esperado. 

Sólo honramos las oportunidades que se nos dan cuando aprendemos a reconocerlas y hacemos lo posible por no dejarlas escapar. Desde luego una parte de mí no se sentía en absoluto preparada para la experiencia, y fue capaz en sólo tres días de dar a su miedo la forma de una gripe monumental, excusa perfecta para quedarse en casa y no hacer nada. Obviamente el resto de mí se moría de ganas de cruzar la frontera trazada por la autolimitación y dar ese paso más a pesar del miedo... Si bien es cierto - todo hay que decirlo- que saber de antemano que cuentas con el mejor de los compañeros para emprender una aventura de este tipo, ayuda bastante. Durante la emisión piloto, mi muy querida Eris logró quitar el protagonismo a Hermes en el papel de oficiante de nuestro bautizo de fuego, pero de algún modo su aparición logró consumir los nervios que me quedaban de un sólo susto. Curioso fue también el comprobar cómo los síntomas de aquella gripe monumental que me habían acompañado al estudio remitían a extraordinaria velocidad, hasta casi desaparecer. Destino que espero aguarde por igual a cada uno de los miedos que me quedan por descubrir en este camino.

Gracias a todos los que habéis estado ahí por darnos vuestro apoyo y confianza, gracias a Carlos por lo mucho que me queda por aprender de él, y gracias a Cerdanyola Radio por cedernos un espacio en su frecuencia. Cruzado ya el Rubicón, sólo queda entregarse al trabajo e intentar que cada emisión sea al menos un poco mejor que la anterior. Seguiremos haciendo cosas, porque nos gusta el movimiento que demuestra que algo está vivo, aunque de vez en cuando suponga algún rasguño. Seguiremos tomando decisiones y asumiendo riesgos por aquello en lo que creemos, tratando no sólo de  redescubrir senderos y abrir alguno que otro por nuestra cuenta, sino sobretodo de honrar lo sagrado que acontece allí donde los caminos se cruzan.

Podéis escuchar Encrucijada Pagana en directo todos los miércoles de 18:05 a 19:00 en Cerdanyola Radio 105.3 FM o bien a través de la emisión on-line (11:00-12:00 AM en México DF). También podéis descargar los programas emitidos de la página de Ivoox. Y, por supuesto, informaros y comentar en nuestra página de Facebook.


28 de enero de 2013

Otra "Encomienda de la Diosa"

Edward Robert Hughes (1851-1914), Radiant Moon (detalle)

Es muy sano aprender a cuestionar nuestras fuentes de información, especialmente cuando somos nuevos en un tema. La capacidad de discernimiento, sin embargo, no se obtiene rechazando de antemano aquello que no nos parece atractivo o conveniente, sino manteniendo cierta cuarentena sobre los datos que van llegando, pactando hipótesis y esperando el momento adecuado para validar o descartar nuestras propias impresiones.
Hace algunas décadas el panorama del paganismo en España era muy distinto al presente y en no pocas ocasiones la información había que extraerla de lugares de dudosa credibilidad, para luego limpiarla, prácticamente reconstruirla antes de que pudiera ser usada. Esto no significa que las cosas sean más fáciles ahora que los medios de transmisión del conocimiento y contacto entre personas proliferan, porque a decir verdad nos vemos obligados a buscar la misma cantidad de información fiable, si no menos, en un terreno mucho más grande y plagado de ruidos y espejismos. 

Pero esta clase de búsqueda "externa" no es precisamente la más importante y a veces se trata sólo de una excusa que nos lleva a la otra búsqueda, la única posible en realidad, que nos lleva, aún reticentes, a asomarnos a nuestro universo interior.Y es este universo interior el que, en ocasiones, despierta resonancias que nos indica por dónde hemos de seguir, y a falta de otras herramientas, improvisa con cualquier cosa que tengamos delante, para llevarnos por donde debemos pasar.
Poniendo en orden cajas ya olvidadas, he reencontrado el primer texto de la brujería moderna que conocí. Como aficionado al género de terror, mi padre había coleccionado los fascículos de la Enciclopedia Planeta de las Ciencias Ocultas y Parapsicología, que estaba ya en casa antes de que yo llegara almundo, y que fue objeto de mi devoción desde la más tierna infancia debido, posiblemente, a lo psicodélico y colorido de las ilustraciones -y los temas- que contenía.

Según esta fuente, el texto referido, un tipo de Enconmienda de la Diosa, formaba parte del "primer Libro de Sombras publicado". Para ser sinceros, decía también cosas como: "Los dioses que se invocan más comúnmente son Zarach y Zaruna: Zarach es el nombre que se le da  al Señor del día, al Sol, al que fertiliza al mundo. Y Zaruna, la Señora es la luna, la Diana nocturna, la reina de los cielos de media noche, la Señora de la muerte y de los por nacer. (...) Por encima de Zarach y Zaruna está el Supremo Hacedor, el Sumo Creador, Padre de todos los seres vivientes." (!!!) Pero a pesar de todo, al copiar esta "Encomienda" me he dado cuenta que al releerla podía recordar mi voz de niña recitándola como una invocación, y toda la emoción que sentía escondida en el bosque, sentada a solas frente a altares sencillos elaborados a base de objetos sustraídos de la cocina.
Este es, de hecho, el material con el que empecé a trabajar - esto y unos preciosos himnos a los elementos, que estaban en otra sección de la misma enciclopedia y que ya no he vuelto a encontrar-. El texto es bastante simple, pero no necesitaba mucho más entonces (de hecho, creo que en realidad ahora tampoco), más que nada lo reproduzco como una curiosidad de otra época, que no me gustaría que se perdiera.

A aquellos que no siguen los caminos secretos, debes ocultarles los secretos de tus conocimientos. Pero esfuérzate en tratar con ellos abiertamente, pues muchos de ellos me rinden culto bajo otro nombre y muchos otros no me conocen. Mantén íntegros tus ideales y respeta los ideales de los demás, pues mucha gente se esfuerza para otra grandeza y sus vidas también están tocadas con la gloria.

Concede a tus amigos dentro de la brujería y fuera de ella tu amor y las mejores palabras de aliento. No les traiciones, si no dales por el contrario toda la felicidad que esté en tus manos. No busques pendencias ni la guerra por ninguna razón. Las razones para la guerra nacen de fantasías y miedo. Busca, por el contrario, razones para el respeto mutuo y poder disfrutar juntos las posibilidades de la vida.

Busca fuerza espiritual y toma conciencia de que no será abrumada por una repentina desgracia. Sé gentil con tu cuerpo y no lo castigues, porque yo te lo he dado como un regalo y eres mi propio hijo. No busques mutilar el cuerpo de tu enemigo, porque también a él lo he creado yo.

Manténte en paz contigo mismo y guarda encarecidamente el honor en tu propio corazón, porque éste es el camino para estar en paz conmigo. No finjas afecto y amor donde no lo hay. Muestra buena voluntad hacia aquellos que te provocan y humillan.

No temas el paso de los años, porque la sabiduría no está en mi semblante juvenil, sino en mi cara oscura. No temas a la vida, recuerda que el ciclo de la muerte y el nuevo nacimiento nivelarán todas las cosas al final...

Yo he estado contigo desde el alborear del tiempo y seguiré estándolo más allá de su fin, porque yo soy el tiempo. Debes venir a mí en silencio, porque yo conozco todas tus necesidades y deseos. Debes recogerte ante mí, abierta o secretamente, de día y de noche. Yo soy tu reina y solamente yo a mis fieles servidores he enseñado mucha sabiduría para poder sobrevivir.

Enciclopedia Planeta de las Ciencias Ocultas y Parapsicología, Barcelona, Planeta, 1977. (Posiblemente Tomo V.)



28 de enero de 2012

Las brujas de Zugarramurdi (Documental RNE)


Francisco de Goya, El Aquelarre, 1823

Hace unas semanas escuché el documental Las brujas de Zugarramurdi de Julia Murga, realizado para Radio Nacional de España. Se trata de un material de gran valor divulgativo, no sólo porque que cuenta con la participación de académicos especialistas en la materia como Gustav Henningsen, sino porque ayuda a combatir los tópicos existentes acerca de una Inquisición que fue moderna (no medieval), secular (independiente del poder religioso), y que se cobró más víctimas en los países protestantes que en el mundo católico. 
El documental  esclarece los precedentes, el desarrollo y las consecuencias, más allá de las condenas de los acusados, de los procesos de Logroño contra las supuestas brujas de Zugarramurdi. Independientemente de lo identificados que nos podamos sentir con la imagen de la bruja, invita a pensar sobre el peligro de las obsesiones colectivas, tanto entre los acusadores como entre los acusados, subraya la necesidad de distinguir entre los fenómenos de la brujería tradicional y la brujomanía.



Datos del documental: Las brujas de Zugarramurdi , por Julia Murga. Producido por Radio Nacional de España (RNE) para la serie "Documentos", dirigida por Juan Carlos Soriano.  Primera emisión: 25 de septiembre de 2011.  Realización y montaje: Maika Aguilera, Amparo Hernández y Mercedes de Prado. Narradora: Modesta Cruz. Con las voces de Javier Lostalé, Juan Suarez y Gustavo Adolfo Bautista.Con la intervención de: Iñaki Reguera , Gustav Henningsen, Ángel Gari,  Julio Caro Baroja y José Miguel de Barandiarán. RNE permite la descarga gratuita de este programa.


Con el fin de esclarecer la estructura y  facilitar la búsqueda a aquellos que estén interesados en el tema sigue un resumen del contenido, que no incluye las dramatizaciones, lecturas de fragmentos, etc. presentes en el documental.


Resumen de contenido: 
La  brujería no se vincula con el diablo satánico hasta la edad media, por influencia del cristianismo. Sin embargo, durante siglos la jerarquía eclesial sostuvo que las personas no podían trasladarse por el espacio, o provocar desastres naturales y epidemias: según el Canon Episcopi de 906, defender lo contrario era herejía. 
La demonización de la brujería inicia cuando se da a ésta una interpretación teológica, rebasado el medievo: en 1484 el papa Inocencio VII promulga la bula Sumnis Desiderantes Affectibus, en la que se reconoce la existencia de seres diabólicos. Poco después aparece el Malleus Maleficarum (Martillo de brujas) tratado que se convirtió en manual de persecución y caza de brujas según el cual bastaba con la acusación de un individuo para iniciar la causa, y son válidas las declaraciones de niños, torturados y enemigos del acusado. Esto va a producir una ola de persecuciones en toda Europa, a partir del s.XV, y especialmente entre los siglo XVI y XVII, conocida como “brujomanía”.
En 1478, antes de la bula de Inocencio VII, Sixto IV, su antecesor, había permitido a  los Reyes Católicos la creación de la Inquisición Española. A diferencia de la Inquisición medieval (activa desde el siglo XII en Europa para combatir la herejía, dependiente de la iglesia), la Inquisición moderna española depende exclusivamente del estado y no de la iglesia. El personal al servicio de la Inquisición cobra de la hacienda pública, y su principal foco de atención estuvo en la persecución de musulmanes y judíos.



Según Ángel Gari, los inquisidores hacían valoraciones e informes de los casos que, antes de emitir sentencia, remitían a la Suprema. La Suprema fue el órgano central de la Inquisición, más alejado de los hechos, lo que tenía por resultado una cierta moderación a la hora de castigar magia y brujería.  Según Henningsen, queda un resto de escepticismo en el mundo católico, por eso en 1526, en España, se exige que todos los procesos de brujos condenados a la hoguera tienen que enviarse primero al Consejo, donde siempre se modifica la sentencia hacia algo menos horrible. A pesar de ello, los encausados preferían ser juzgados por los tribunales de la iglesia, dado que las sentencias de la justicia civil eran mucho más duras. 
También destaca otra característica peculiar de la brujería en la península ibérica,  Henningsen señala “Hay brujas en el norte, pero hay brujas en el sur". Los miembros del Consejo de la Inquisición se dan cuenta de este hecho, y escriben a los de Navarra para advertirles que no pueden atribuir todos los desastres a los brujos, dado que en el sur también hay desastres pero no brujas.
A principios del s. XVII Francia vive una ola de persecución a la brujería, en la que participó Pierre de Lancre, un juez intransigente y carente de crítica. Los inquisidores que intervinieron en la zona de Navarra, llevando consigo un  un cuestionario calcado de los procesos de brujería europeos, y con los procedimientos sonsacaban no lo que había de verdad en las declaraciones de los acusados, sino lo que querían los jueces. Empeñados en encontrar lo que aparecía en aquellos modelos, encontraron toda la brujería de la que se hablaba en Europa.
A finales de 1608  María de Ximildegui, natural de Zugarramurdi, regresa desde Francia con su familia. Tras asegurar que había visto a varios vecinos de Zugarramurdi en reuniones de brujos, inician las delaciones en esta y otras aldeas próximas. Al menos una decena de personas hicieron confesión pública de haber participado en el aquelarre. Entre ellas destaca la de María de Yurreteguia, quien confiesa haber sido llevada al aquelarre desde muy niña, y que, habiéndose confesado, la “reina del aquelarre”, en forma de yegua, y otras brujas y brujos en formas de animales, la fueron a buscar a su casa para volverla a llevar al aquelarre.
Su exculpación se produjo ante el párroco del pueblo, y todos los vecinos se reconciliaron. Pero el abad de Urdax, más instruido que el párroco de Zugarramurdi, da cuenta  de la situación a la Inquisición de Logroño. Desde ésta envían a los inquisidores Alonso Becerra Holguín  y Juan del Valle Alvarado para recoger testimonio de todo lo que se ha dicho, y de los denunciados en confesión pública. Estos inquisidores no tienen experiencia y están convencidos de la realidad de los hechos y la presencia del diablo.
Se producen las primeras detenciones y cuatro mujeres ingresan en 1609 a las cárceles de la Inquisición, en Logroño. Poco después el resto de los inculpados -quienes creían que serían perdonados- viajaron voluntariamente a la sede del Tribunal, pero finalmente todos fueron presos. Llama la atención la coincidencia en las declaraciones, aunque no se sabe si los encausados estuvieron en contacto entre sí.


Por las investigaciones de Caro Baroja y Gustav Henningsen de los archivos,  se sabe que los interrogatorios eran siempre similares, todo giraba entorno a un cuestionario de 14 preguntas básicas, algunas de las cuales eran copia literal de procesos de dos siglos atrás. Las declaraciones se extienden  por meses, y algunos de los acusados acaban confesando no sólo ser brujos, sino haber realizado cuantos actos se les atribuían como tales, incluyendo la autoría del asesinato de niños: Aquelarres, danzas, misas negras, acatamiento al demonio, orgías sexuales, incesto, unturas y ponzoñas, vuelos por el aire, exhumación de cadáveres, antropofagia, presencia de animales diabólicos, iniciación en la brujería, la participación de niños y jóvenes, la existencia de dinastías de brujos…

Además del uso de alucinógenos que se pueden ligar a sensaciones de vuelo o separación del cuerpo, como la bufotenina, segregada por el sapo, aparece el envenenamiento, para el cuál  se empleaba el rejalgar (sulfuro de arsénico).
En las Cuevas de Zugarramurdi se llevaban a cabo las reuniones de brujas, conocidas desde entonces como aquelarres (palabra que significaría “prado del macho cabrío”). Según Henningsen son los inquisidores los primeros en vincular esta palabra a lo conventículos de brujas.
La cueva tiene tres entradas, en un piso más elevado se encuentra la “Cueva de aquelarre”, hay un prado y a su orilla se ve una especie de muro natural, en el que hay una ventana que recibe popularmente el nombre de “la cátedra del macho cabrío”,  porque supuestamente desde allí el diablo daba sus sermones y consejos a las brujas reunidas en la planicie que está al pie.  Por allí pasa también el llamado “río del Infierno”, en sus alrededores los miembros menores de la supuesta secta pastoreaban hatos de sapos vestidos a fin de que exudaran su veneno.
Los inquisidores remiten informes detallados a la Suprema de Madrid, desde donde se mantiene una actitud escéptica y se pide a los inquisidores que visiten en persona a la zona. En 1609 Alonso de Salazar  y Frías se suma a Valle y Becerra, renuentes a cumplir con la exigencia de la Suprema. 
Sólo Juan del Valle Alvarado realizó una visita previa al norte de Navarra, dónde el abad del monasterio en el que se hospedó le informó de las persecuciones de brujas que se llevaban a cabo en Francia. También estableció contacto con Pierre de Lancre.  El viaje se realizó por el norte de Navarra y Guipúzcoa, el objetivo era que con la llegada de la comitiva, en todas las iglesias se leyese un edicto de fe consistente en la elaboración de un catálogo con todos los posibles delitos de herejía, instando a los parroquianos a la confesión y a la denuncia. Esto dio lugar a situaciones poco justificables, hubo acusaciones entre vecinos por resentimientos personales.
Una semana después se convocaba de nuevo a los feligreses y se proclamaba el anatema donde se contaba cómo se llevaría a cabo la excomunión y las terribles consecuencias que esto acarreaba. Se empieza a predicar contra las brujas. Posteriormente, los acusados de brujería son apresados sin indicarles quién los denuncia  ni de qué son acusados. 
Cuando el obispo de Pamplona, al investigar y preguntar a mucha gente en Zugarramurdi acerca de cuándo había empezado la proliferación de las brujas, la respuesta que encontró fue que ésta se había dado a partir de la visita de Alvarado, puesto que antes los vecinos desconocían incluso el significado de la palabra “aquelarre”.  
Valle Alvarado deja a su paso una serie de comisarios designados para investigar para la Inquisición en toda la zona, cuyos reportes estudiará junto con Becerra. Entre la documentación conservada se encuentran testificaciones contra 280 brujos. Antes de diciembre de 1609 ingresaron en la cárcel 21 nuevos acusados.
La diferencia de idioma – muchos de los acusados no hablaban castellano, expresándose sólo en euskera-, añade una dificultad al estudio de los casos. Era necesaria la contratación de intérpretes, que a su vez modificaban o filtraban las declaraciones de los encausados. Se procesó a 31 personas por brujería,  de las cuales 19 aceptaron la acusación y 12 se consideraron inocentes, pero debido a los estragos causados por dos epidemias, sólo 18 de los reos llegaron con vida a escuchar la sentencia.
El auto de fe, al que concurrió una gran cantidad de público, se inició el 6 de noviembre de 1610 con una procesión en la que participaban autoridades civiles y grupos eclesiásticos, además de las autoridades del Santo Oficio. El impresor de Logroño Juan de Mongascón consiguió autorización para imprimir la relación de procesos y sentencias del Auto de fe, celebrado los días 7 y 8 de noviembre.



En el auto comparecieron 53 acusados por diferentes delitos, vestidos como correspondía a la pena que habían de sufrir, por ejemplo, portando látigos al cuello si iban a ser azotados, otros llevaban sambenitos y corozas (grandes conos de papel engrudado) con pinturas alusivas a su delito y a su castigo.  Los procesados por brujería y condenados a pena capital fueron un total de 11: 6 vivos y 5 ya fallecidos, condenados “en efigie” ( 5 estatuas vestidas con sambenitos, acompañadas por 5 ataúdes con los huesos de aquellos a quienes las estatuas representaban); sus vestimenta llevaba pintadas llamas y cabezas de diablo.
La Inquisición, que en realidad no sentenciaba a muerte, envió a los acusados a la justicia civil para que fuesen condenados conforme a sus leyes. Por lo que fueron escoltados por soldados hasta las piras, aunque no se sabe si fueron quemados vivos o muertos, al lado de los ataúdes de los reos fallecidos.
Los autos de fe eran una puesta en escena de la justicia de la época, con objetivo de dar ejemplo. 30.000 personas propagaron lo acontecido en el proceso de Zugarramurdi. Fue un acto de propaganda en el que los inquisidores creyeron haber demostrado que el aquelarre era una realidad. A raíz de esto empieza a generarse un pánico colectivo en la zona, se envían predicadores cuya presencia, en lugar de calmar a la población, suscita la aparición de más y más adeptos: según los estudios realizados por Henningsen, en marzo de 1611 ya se contabilizan, entre confesos y sospechosos, cerca de 2000  brujos en Navarra, Guipúzcoa, Ávila y Logroño, la gran mayoría eran niños.



A la vez, sin embargo, crecían los escépticos, entre los que destacan el inquisidor Alonso de Salazar y Frías, los obispos de Pamplona y Calahorra y el humanista Pedro de Valencia, historiógrafo real, quienes critican los métodos de confesión y denuncia. El Inquisidor General  Cardenal Arzobispo Bernardo de Sandoval y Rojas adopta varias medidas, entre ellas un edicto de gracia al que se podían acoger los arrepentidos y un edicto de silencio prohibiendo hablar del tema, mientras tanto Salazar y Frías lleva a cabo una exhaustiva investigación sobre el terreno. Después de 8 meses, envía al Inquisidor General un informe de más de 11.000 páginas a partir de la confesión de 5.000 personas que se habían presentado al Santo Oficio, y su conclusión es que no hubo brujas, ni embrujadas, hasta que se empezó a hablar y a escribir de ellas. Debido a los retrasos que provocan sus colegas Valle y Becerra no reciben respuesta del Consejo hasta dos años después.
A partir de este momento, con el informe de Salazar y Frías, así como uno posterior de Pedro de Valencia, en 1614 la Suprema promulga unas nuevas instrucciones para abordar las acusaciones y los delitos de brujería, donde aunque se sigue con los procesos de brujería, se eliminan las quemas de brujas, un siglo antes que en el resto del continente. Las causas contra las brujas perduraron hasta finales del s.XVIII, durante el reinado de Isabel II, en  1834, la Inquisición Española quedó definitivamente abolida. Pero el tema no empezará a investigarse hasta finales del s. XX. 


Más información en :
Arroyo Martín, Francisco. Brujería en la España del siglo XVII. El proceso de Zagarramurdi.2009

23 de diciembre de 2011

Fantasmas de Navidad


Ilustración de Arthur Rackham, 1915

Casi por casualidad encontré el audio del clásico Cuento de Navidad de Charles Dickens, que sin duda no merece la mayoría de las versiones y "adaptaciones" que se han hecho de él. Queda pendiente investigar si Dickens pudo inspirarse en alguna tradición previa para situar su versión de la procesión de muertos, condenados y espíritus precisamente en estas fechas.


La aparición se alejó retrocediendo y a cada paso que daba la ventana se iba abriendo poco a poco, de manera que al llegar el espectro estaba abierta de par en par. Le hizo señas a Scrooge para que se aproximase y éste así lo hizo. Cuando estaba a dos pasos de distancia, el fantasma de Marley levantó la mano para advertirle que no siguiera acercándose. Scrooge se detuvo. Se detuvo más por miedo y sorpresa que por obediencia: nada más levantar la mano comenzaron a oírse extraños ruidos; sonidos incoherentes de lamentación y pesar; quejidos de indecible arrepentimiento y compunción. El espectro, tras escuchar por un momento, se unió al macabro gorigori y salió flotando hacia la negra y siniestra noche. 
Scrooge continuó hasta la ventana con desesperada curiosidad. Se asomó. Por el aire se movían sin descanso, de un lado a otro, numerosísimos fantasmas que gemían al pasar. Todos llevaban cadenas como las del fantasma de Marley; unos cuantos (tal vez gobiernos culpables) iban encadenados en grupo; ninguno estaba libre de cadenas. Scrooge había conocido en vida a muchos de ellos. Había tenido bastante relación con un viejo fantasma que llevaba un chaleco blanco y una monstruosa caja de caudales atada al tobillo, que lloraba compungido porque le era imposible auxiliar a una desdichada mujer con un hijito, a la que estaba viendo allá abajo apoyada en el quicio de la puerta. Claramente se percibía que el tormento de todos ellos consistía en que deseaban intervenir, para bien, en situaciones humanas, pero habían perdido para siempre la capacidad de hacerlo.
Scrooge no sabría decir si aquellas criaturas se disolvieron en la niebla o si la niebla les ocultó, pero ellos y sus voces espectrales desaparecieron a la vez. La noche volvió a ser como cuando él llegó a su casa.

Cuento de Navidad, Charles Dickens, 1843


Ilustración de Arthur Rackham, 1915